Capítulo 4: Un sueño realista

Ahora literalmente estaba vestida como un hombre. El "incidente" ocurrido entre ella y Austin, como él lo había declarado para parecer inocente, había arruinado por completo su atuendo, por lo que llevaba el cabello mojado en una desarreglada coleta y la enorme ropa de su novio. Lo peor de todo era su humor. Nadie quería acercársele demasiado porque sospechaban que podía asesinarlos o extorsionarlos para que torturaran a Austin. La única que se atrevía a consolarla era Maddie.

-Te lo compensaré, lo prometo -le dijo la rubia a su amiga mientras acariciaba su hombro.

-No tienes que compensarme, tú no me hiciste nada malo.

-Lo sé, pero también sé que hoy era muy importante para ti y que tu diversión se arruinó a la mitad de la noche. La semana que viene hay una fiesta en la casa de Dylan Harries... sí, sí, el chico atractivo -dijo riendo mientras la cara de Becca se iluminaba-. La pasaremos genial. Será después de tu primera semana en la escuela y ya conocerás mejor a todos. Además, estará Cameron -Maddie se sonrojó ligeramente al mencionar a su amigo-novio-sin-compromiso-cosa-extraña.

-¡Ay Maddelaine no te pongas atrevida! -dijo Becca mientras su amiga se sonrojaba. Adoraba aprovecharse de lo tímida que era sobre sus sentimientos y hacerla sentir incómoda-. Tienes razón, a la mierda con Austin y con mi apariencia, si hay algo que sé hacer es divertirme aunque luzca como un vagabundo. Enfermo -agregó mientras se miraba al espejo-. Da igual, vamos a darle un poco de vida a esta fiesta.

Y así lo hicieron. Uno de los beneficios de la excesivamente descarada personalidad de Becca era que le importaba muy poco lo que pensaran los demás de ella, por lo que podía divertirse con un grupo de gente que la estaba mirando y juzgando constantemente porque lucía pésima. Y su personalidad tan despreocupada y desenvuelta cautivó a varios de los chicos del grupo, a los que Becca estaba ligeramente orgullosa de haber interesado. Solo un poco.

-Maddie, por favor, por Dios, por todos los Santos, ¿has visto como me miraba Dylan? -empezó Becca una vez que se encontraban en su after-party, una fiesta super privada que la incluía a ella y su mejor amiga, en su cuarto, en pijamas, comiendo helado-. Espero que quiera hacerme todo lo que yo quiero hacerle a él...-Becca se vio interrumpida por una almohada que voló en dirección a su cara.

-¡Rebecca, ubícate! Estas en mi casa, las paredes son muy finas y mi familia está despierta. No sé si recuerdas que eres la novia de mi primo -dijo tratando de que sus facciones adquirieran un tono serio, pero una evidente sonrisa se asomaba en su cara-. Ay, Becky, a veces no te entiendo realmente... ¿Sigues teniendo sentimientos por Teddy? -preguntó, esta vez, seria en verdad.

-Mads, cuántas veces vamos a tener esta conversación... Amo a Teddy, pero en las relaciones reales no puedes pensar sólo en tu novio. A veces veo a otros chicos que me gustan y no puedo evitarlo, pero eso no significa que vaya a hacer nada que hiera a Teddy. Te lo dije, lo amo. Es mi mejor amigo.

-¡ESO! Tu mejor amigo, Becca, a eso me refiero -dijo como si repentinamente hubiera encontrado la solución a un problema dificilísimo-. Tú no tratas a Teddy como un novio, no piensas en él así. No te escudes en que yo nunca he tenido una relación seria para hablarme de ellas como si no supiera nada, sé que tu novio no es el único chico que consideras lindo en todo el Universo, pero también sé que las parejas no son como Teddy y tú. Tienen algo más, y no es más cariño porque sé que lo amas. Una chispa, algo que a ustedes les falta, porque son solo amigos.

Becca solo la miró, puso cara de hartazgo y se giró en su cama improvisada, dando por finalizada la conversación. Era muy usual que Maddie le diera ese tipo de discursos del estilo de "analicé tu vida y te estoy diciendo una verdad verdadera que tú no quieres ver pero que sabes que es así y uno de estos días te va a explotar en la cara". Lo peor era que en general tenía razón, y cuando Becca lo entendía, ya estaba metida en un problema de grandes dimensiones. Aunque en el momento, ninguna de las amigas se imaginaba el tamaño que este embrollo estaba tomando. Poco a poco, con cada mentira y secreto acumulado, se iba formando una bola desastrosa que los involucraba a los cuatro, y que pronto los aplastaría.


Ambas despertaron de muy buen humor, en parte porque habían dormido casi doce horas y porque por la rendija de la puerta entraba un ligero aroma a desayuno extremadamente calórico y delicioso. Cinco minutos después, en la mesa, la familia Hamilton entera y su invitada de honor disfrutaban de la exquisita comida. En realidad la familia no estaba entera, pero Becca pretendía que era así. En su mente, por la media hora que duró el desayuno vivía en una realidad paralela donde solamente eran las dos hermanas Hamilton, Maddie y Kate. Ningún estúpido Austin que la volviera loca, solo por un rato.

Ese rato duró muy poco. Becca estaba guardando su ropa ahora limpia y seca (cortesía de la señora Hamilton) cuando sintió que alguien entraba al cuarto. Supuso que era Maddie, por lo que no prestó mucha atención, pero luego de unos minutos sin que ella dijera nada, se giró, solo para presenciar a quien menos ganas tenía de ver.

-Estúpido.

-Estúpida.

-Que respuesta más inteligente.

-Que ataque más inteligente.

Rápidamente cerró el bolso y se dispuso a marcharse. Las cosas estaban bien y no quería empezar la semana escolar llevando a cuestas el asesinato de uno de los chicos más populares de la institución.

-¿A dónde crees que vas? -dijo mientras la tomaba de una manga-. ¿A hacerle cosas a Dylan Harries?

Rebecca se abstuvo de emitir un comentario. Mientras su corazón se encogía del miedo por una posible amenaza por parte de Austin de revelar todo y arruinar su relación con Teddy, pensaba posibles formas de dejarlo mudo o borrar su memoria. Trataba de descifrar su mirada, si había amenaza, asco, o cualquier sentimiento detectable en sus ojos, pero no encontró nada.

-Era una tontería, no lo decía de verdad. No se lo digas a Teddy. No por mí, sino por él. No creo que quieras lastimarlo -dijo Becca tratando de aparentar seriedad y calma. Luego, se dio vuelta, y temblando como una hoja, se retiró.

En el camino a su casa sentía como el calor en su cuerpo se acumulaba. Suponía que era el odio hacia su enemigo que la convertía en una especie de infierno viviente. Siempre que pensaba que no podía detestarlo más, se sorprendía. Ahora tendría que vivir con miedo de que el muy idiota decidiera contarle a su primo lo que había oído y arruinara todo a niveles catastróficos. El pensamiento la estuvo persiguiendo lo que quedaba del día, e incluso por la noche. No podía parar de recordar al rubio descerebrado y en su mirada sin expresión.

La mañana siguiente gran parte de su mal humor y miedo se habían desvanecido. Iba a empezar una nueva vida, la que siempre había querido tener, y los dulces pancakes que había preparado su madre contribuían a su felicidad.

La escuela era relativamente parecida a la de su otra ciudad, pero Becca sentía un mundo de diferencia. Mientras que en la otra nadie la reconocía, aquí era el centro de atención, y contrario a lo que había pensado, la sensación le gustaba bastante. Compartía varias clases con su mejor amiga, algunas con su novio y una estúpida y odiosa clase (pero solo una, gracias a Dios) con un estúpido y odioso chico. De todas formas, no fue difícil ignorarlo ya que su mente estaba ocupada con muchísimas cosas. Bueno, en realidad, la mayoría de la semana, el noventa por ciento de sus pensamientos se reducían a solo una cosa: chicos. Y es que los había de toda clase, el tonto musculoso, el nerd en un estilo atractivo, el gracioso… Oh, sí, y también su novio. Su problema era que al formar parte de uno de los grupos más populares de la secundaria, había conocido a muchísimos niños y a todos parecía interesarles. Uf, gran problema.

Becca no estaba para nada acostumbrada a tanta atención, y atribuyó a esto que estuviera tan encantada con todos los chicos y que tuviera demasiadas ganas de besuquearse con algunos. Pero a finales de la semana, con la fiesta de Dylan acercándose, Becca se empezó a alterar más y más. Y lo peor de todo es que por una vez en su vida comenzó a considerar lo que Maddie la había dicho al menos cuarenta mil veces. Tal vez Teddy no le gustaba en ese sentido, o por lo menos no lo suficiente como para suprimir sus ganas de manosearse con la mitad de la población masculina de la escuela. Después de consultarlo con la almohada y cambiar de idea quince veces sobre si decírselo a su amiga o no, decidió que lo mejor era guardárselo para ella y su conciencia. Aunque esta pequeña vocecita en su cerebro le susurrara, o más bien gritara, que era una decisión malísima.


-Sigo sin entender por qué vamos a necesitar tanto tiempo para prepararnos.

Era viernes por la noche en lo de los Hamilton y Becca ya se sentía como en casa. A decir verdad, casi había pasado más tiempo en ese lugar que con su familia. Ella y Maddie cuchicheaban para no despertar al resto de la familia, que dormía plácidamente luego de una deliciosa cena cortesía del el sorprendentemente buen cocinero pero de todas formas rey de los idiotas, Austin. Becca seguía quejándose de lo irracional que le parecía dedicar todo el sábado a tener que prepararse para la gran fiesta de Dylan Harries. Puede ser que no supiera mucho sobre peinados y maquillaje pero estaba segura que ni siquiera Maddie era capaz de pasar doce horas cepillándose el cabello y aplicándose máscara de pestañas.

-Vamos a pasar un día de spa casero. Y no me pongas esa cara, te va a encantar. Nos daremos baños de burbujas, nos pintaremos las uñas y haremos mascarillas. Por la noche seremos unas divas –dijo Maddie saboreando las palabras-. Por mucho tiempo tuve que hacer esto sola, aunque a veces Teddy me pintaba las uñas y me daba masajes. Pero contigo será mucho mejor.

-Acabo de recordar lo buenos que son los masajes de Teddy, voy a pedirle que me haga unos para sacarme la tensión que me hace acumular ese idiota… De todas formas, mientras no tenga que hacer mucho y tú te encargues de mi embellecimiento, estoy bien con ello.

-¿Embellecimiento? Dios Rebecca, habla como una persona normal. Y ahora, si no te molesta, quiero tener mi sueño de belleza. Nos vemos mañana. Y no sueñes con Dylan –añadió con una risita ahogada.

-No puedo prometer nada…


Rebecca había perdido la noción del tiempo. Era lo suficientemente tarde como para que el sol ya hubiera salido pero demasiado temprano para estar despierta un sábado. Pero esto parecía no importarle a su vejiga, que había interrumpido su sueño amenazando con explotar si no era vaciada inmediatamente. Se dirigió hacia el baño cegada por la luz, y cuando abrió la puerta a trompicones se encontró con una sorpresa un poco traumatizante para esas horas de la mañana.

-Buenos días, hermosa.

Repentinamente se sentía muy despierta y al mismo tiempo congelada, como si su cerebro hubiera tenido tanta actividad repentina que se hubiera paralizado. Y es que la visión ante sus ojos era, de hecho, paralizante. Austin se encontraba casi desnudo, solo cubierto por una toalla atada en su cintura. Su cabello mojado tenía un color dorado oscuro y gotitas caían por sus mejillas y más abajo, por su abdomen. Oh, dios, qué abdomen. Por una vez en su vida, Becca no podía emitir una respuesta ácida al comentario de su enemigo.

-¿Te gusta lo que ves? No puedo culparte… Sabes, había pensado que solamente te veías mejor por la cantidad industrial de maquillaje que mi hermana te había puesto, pero incluso así, completamente desalineada, te ves extrañamente linda. Supongo que la pubertad finalmente te ha favorecido –dijo, y con una risa un poco arrogante pasó por el lado de Becca, rozándola ligeramente, y desapareció por el pasillo.

Quería gritarle. Quería perseguirlo hasta su cuarto y… Dios no, no quería hacer eso. Bajo ninguna circunstancia. Solamente deseaba no haber padecido una momentánea muerte cerebral en uno de los momentos de mayor arrogancia del muy idiota, para haberle respondido que solo lo miraba porque la impresionaba que los espejos no se rompieran con su asqueroso reflejo, sí, el horrible reflejo de sus abdominales, y su perfecto cabello, y esa estúpida y perfecta sonrisa… Se estaba desviando. No. Lo único que en realidad quería en ese momento era borrar su memoria. Así que intento volver a dormir. Pero no pudo.

Tampoco se pudo concentrar en el resto del día. Maddie intentó establecer una de esas horribles inquisiciones de qué-demonios-te-pasa-Rebecca-no-te-dejaré-hasta-que-me-lo-digas, cuando se dio cuenta de que su mejor amiga estaba excesivamente distraída y algo apagada. No esperaba ese comportamiento en las horas previas a la fiesta que había estado esperando toda la semana, pero no pudo conseguir nada de información. Becca solo decía que había tenido un mal sueño, pero ella sabía que mentía. Por otro lado, la afectada había estado pensando en solo dos cosas: no recordar el hecho de la mañana y evitar al involucrado. Y había fallado miserablemente en ambas.

Se había encontrado con Austin una cantidad récord de veces para un solo día. Estaba en todos lados: cuando iba a cepillarse los dientes, en la mesa comiendo, al lado de la estantería de las burbujas para baño, deambulando por los pasillos, en el jardín, incluso hurgando en la habitación de Maddie. Y lo único que podía hacer Becca cada vez que lo veía era huir lo más rápido posible. Austin también estaba sorprendido por su comportamiento. Lo mínimo que esperaba después del "incidente" matutino, una vez que Becca se recuperara del shock, era una fina selección de insultos e incluso algún golpe, sobre todo teniendo en cuenta lo ocurrido en la fiesta de bienvenida. Pero nada pasó, lo cual lo preocupó un poco. Rebecca jamás había huido de él, excepto aquella vez.

Austin no era un hombre que censurara demasiado sus sentimientos. Por eso, la decimoséptima vez, aproximadamente, que se chocó con Rebecca, decidió expresarle su preocupación.

-Ey Becca ¿pasa algo? No me evitas tanto desde el día en que creí que eras un hombre –dijo en un tono de incomprensión.

Esto fue mucho para ella. Ese hecho era innombrable, aún más para él. Y entonces lo recordó, lo mal que la había hecho sentir ese día y muchos más, como tantas de sus inseguridades adolescentes habían surgido por su culpa, y como había arruinado todo la semana anterior cuando por una vez se había sentido aceptada por todos. Y toda la vergüenza y los raros sentimientos se disolvieron para dar lugar a solo un deseo: venganza.

-No te preocupes querido –dijo con excesiva ironía, recuperando repentinamente la capacidad de dirigirle la palabra-, sí, algo está pasando, pero no es nada que no vayas a enterarte esta noche.


Tenía menos de una hora para idear un plan perfecto que hiciera al idiota sentirse tan humillado como ella se había sentido. Mientras Maddie se preparaba, empezó a rondar la casa en busca de algo que le sirviera. Pero su cerebro no estaba en su mejor día, y en lo único que podía pensar era en Austin casi desnudo. Le parecía sumamente injusto que estuviera tan seguro de lo bien que lucía, nadie podía tener tanta confianza. Y entonces se dio cuenta. Nadie está completamente feliz con su apariencia, tenía que haber algo que no le gustara de su cuerpo ¡Su pene! Todos los chicos eran muy minuciosos con el tamaño, sobre todo los blancos, que lo tenían pequeño. No era que ella supiera mucho por experiencia propia, pero había escuchado a su hermano y sus amigos miles de veces hablando de eso ¿Pero cómo demonios iba a lograr que todos vieran el pequeño pene de Austin para traumatizarlo de por vida? No tenía ni idea.

Entonces otra maravillosa idea apareció en su mente. Sonrió al darse cuenta de que la rápida y maligna Rebecca estaba de vuelta, y nadie se metía con ella. Tomo el antifaz para dormir que estaba sobre la cama de Maddie, y todo se formó con rapidez en su cabeza. Austin probablemente estaría bastante borracho en la fiesta, por lo que no sería difícil ponerle el antifaz en algún lugar donde no hubiera mucha gente, y convencerlo de que ella era una de esas fulanas que se morían por acostarse con él. Entonces le sacaría toda su ropa, se iría a "asearse" y traería a toda la gente al lugar donde Austin estuviera. Era tan perfecto que era digno de ser planeado por Maddie. Eso no significaba que pensara contárselo, probablemente su amiga la mataría por atentar contra la salud mental de su hermano, y cuestionaría la suya propia.

Un rato después Maddie, Austin, Teddy y Becca entraban a la superpoblada casa Harries. La música probablemente les causara sordera por una semana, y Becca temía que el fuerte olor a sudor y alcohol mezclado con sospechosos humos hiciera que su delicada amiga se desmallarla. De alguna forma se hicieron un espacio entre el tumulto de gente, saludando a algunos conocidos y tomando bebidas de un color extraño. Becca necesitaba un pequeño impulso para realizar su plan. Comenzaron a bailar animadamente y tomó otro trago. No podía estar completamente sobria si pensaba ver al idiota desnudo. El solo pensamiento de lo que estaba a punto de hacer la obligó a tomar otro vaso. Maddie estaba tan concentrada en encontrar a Cameron entre el montón de chicos, que no notó lo mucho que estaba bebiendo Becca. Y en menos de quince minutos, estaba completamente borracha.


Se despertó insultando al estúpido que hacia tanto ruido de madrugada y su hermano le contestó que estaban más cerca de la tarde que otra cosa, y que dejara de ser una inútil y se levantara, cosa a la cual hizo caso omiso. Su fuerte jaqueca y mal humor eran apaciguados por la dulce sensación de haber tenido un hermoso sueño muy realista. Era romántico, pero no podía recordar mucho. Entonces se dio cuenta de que tampoco podía recordar casi nada de la noche anterior, y que ni siquiera sabía cómo había llegado a su casa, ya que se suponía que iba a volver a pasar la noche en lo de los Hamilton. Nada estaba claro, excepto por un recuerdo particular. Y entonces entendió. La dulce sensación no venía de un sueño, sino de lo único que recordaba de la noche anterior. Y eso era haber besado a, maldito sea, Austin Hamilton.


N/A: Muchisisisisimas gracias por no odiarme y seguir leyendo y comentando la historia, no saben lo feliz que me hicieron. Es por eso que decidí subir un capítulo extra largo y con un final más que emocionante ¿Qué les pareció? Espero que les haya gustado, y para la próxima entrega (dentro de una semana o dos) tendremos a Becca tratando de reconstruir lo ocurrido en la fiesta, prepárense, porque van a enterarse de unas cuantas cosas. Si llegaron hasta acá y les gustó supongo que no les va a llevar mucho más tiempo dejar un review o marcar fav, y así alimentan mi felicidad y mente loca ¡Gracias!