Esta historia participa en el Concurso "Sin palabras", actividad de Potterfics por el día de San Valentín.

«ALBA»

Alba rió. Una risa suave, cálida, eterna. Una risa que me hacía feliz cada vez que la oía. Yo la miré fijamente y esperé una respuesta a mi pregunta. No la obtuve. Tampoco confiaba en tenerla. La vi acomodarse en el sofá aún sonriendo, y no pude más que sonreír con ella. No entendía qué estaba pasando, pero reí de igual forma. Volvió a imitarme.

«Da igual», dijo una voz en mi cabeza. «Da igual su respuesta», insistió, y yo negué. Ella me miró alzando una ceja, extrañada. Volví a negar. No importaba, era verdad. Daba igual.

«Insiste», habló una voz diferente. «Vuelve a preguntarle y oblígala a responder». No podía ser, no podía estar pasándome eso a mí. Me estaba volviendo loca delante de una chica bella que me miraba con asombro. La chica a la que acaba de invitar a ir a cenar el día de San Valentín. Y no precisamente en plan de amigas.

La vi mover los labios mientras decía algo pero no la oí. Mi mente solo captaba un extraño zumbido que se extendía por todo mi cuerpo y tapaba mis oídos. Me recosté con incomodidad sobre el respaldo de mi silla, y vi a Alba levantarse de sofá. Sus labios se movieron de nuevo, esta vez contra los míos. Susurró algo dentro de ellos que tampoco alcancé a oír, pero no lo necesitaba. Lo sabía a la perfección.

Sus manos se movieron con agilidad sobre mi cuerpo, enderezando mi espalda y recorriendo cada centímetro de ella. No hicieron falta más palabras. Eso era todo. Esa era la cita que yo le había pedido. Y estaba comenzando de una forma perfecta. Se sentó sobre mis piernas sin dejar de besarme, y yo solo pude sonreír en el beso. Comencé a reír y ella hizo lo mismo, alejándose un poco para mirarme a los ojos.

«Te quiero, Julia»

No lo oí. No lo dijo. Pero aún así lo supe con precisión. Me lo indicaba con su mirada, con sus gestos, con sus sonrisas traviesas y con sus manos. Quise gritarle que la amaba pero no pude, porque sus labios volvieron a juguetear con los míos, danzando de una forma extraña. Una forma que jamás podría haber imaginado. Y menos con ella, con Alba.

Con quien había sido mi amiga durante años y con quien había compartido hasta el más ínfimo detalle de mis veinte años de vida. Con quien había reído y con quien había llorado. Tantos momentos juntas... Y este no era simplemente uno más. Era un paso enorme. Marcaba un antes y un después, un algo del cual no podríamos escapar por el resto de nuestras vidas.

«Te amo, Alba»

No lo dije en voz alta. No me oyó. Pero en ese momento supe que Alba lo sabía a la perfección. Y no me importó nada más. Éramos solo ella y yo viviendo un momento único, inigualable. Aún era 13 de Febrero, pero pocos minutos faltaban para la llegada de la medianoche. Y tampoco me importó. ¿Si quería una cita por San Valentín? Sí, pero aquel momento superó ampliamente todas mis expectativas.

Y supe que jamás debía volver a preguntar antes de actuar. Y mucho menos con Alba. Porque ella era todo improvisación, y juntas romperíamos la pista de baile antes de comenzar siquiera a bailar. Juntas seríamos una sola. Y claramente lo fuimos.