Este fic participa en el Desafío Anual "Palabras y Lugares", del foro "¡Ven por un reto!"


Prólogo.

Tantito tanto, mi vida… Tanto me dueles… que sin ti se acaba mi vida…

(Me dueles, La Quinta Estación).

El hospital era como cualquiera de su tipo en… Bueno, en el mundo entero.

Blanco. Casi silencioso. Esterilizado. Frío.

El blanco nunca fue su color favorito. Demasiado luminoso. Pero en un hospital se sentía rodeado de nieve con olor a formol; como si un iceberg fuera a golpearlo cual imitación del Titanic.

Sacudió la cabeza. No era el momento de acordarse de semejante acontecimiento.

Oyó que pronunciaban su nombre hasta la tercera vez. Se enderezó de golpe, dejando la silla plástica que ocupara desde hacía horas, para así mirar al hombre que, ataviado con ropa quirúrgica, denotaba su cansancio en la cara.

Monsieur, hemos terminado.

Bufó. No soportaba que le hablaran en francés, pero no podía esperar menos en ese lado del principado. Pensó detenidamente lo que quería decir y después habló, lento y claro.

—Dígame, ¿cómo están?

—Bien, bien. Lo felicito, es una niña.

Dejó escapar un suspiro de alivio que no sabía que estaba conteniendo.

—¿Puedo pasar a verlas?

El médico, que había sonreído ligeramente al dar la feliz noticia, de pronto se quedó muy serio, fijando sus azules ojos en la persona que tenía enfrente.

Se le hacía un poco extraño ver a semejante clase de hombre allí, en un hospital de la parroquia de Canillo, cuando generalmente los de su tipo andaban por Andorra La Vieja. Su acento era claramente español. Además, la forma en que había llegado con la mujer encinta…

Entrecerrando los ojos, el galeno alejó de su mente semejantes pensamientos. Al menos de momento. Cuando las cosas se calmaran, podría analizarlos cuidadosamente.

—La niña es prematura, monsieur —comenzó a explicar, quitándose con cuidado los guantes plásticos que llevaba, fingiendo que no se percataba de la cara atónita del nuevo padre. Algo en sus gestos lo puso receloso de nuevo —Pasará una temporada en la incubadora. Su mujer, por otro lado, está en condiciones de recibirlo. Tengo que dejarlo ahora, pero mandaré a una enfermera para que lo conduzca a la habitación, ¿de acuerdo?

Recibió un asentimiento lento y mecánico por parte del nuevo padre, lo que al doctor no dio muy buena espina. Decidiendo que, después de todo, no era asunto suyo mientras no detectara claramente que algo andaba mal, se fue por donde había llegado.

En tanto, el que se había quedado solo volvió a tomar asiento, pasando una mano por sus alborotados cabellos negros, recordando cómo había iniciado el día.

Parecía lo normal, la verdad. Iba a ser padre. Llegó con su mujer en volandas, dejando el auto mal estacionado ante las puertas del nosocomio por la prisa que llevaba, aunque nadie se lo echó en cara. Enseguida se llevaron a su esposa a una habitación, pero no dejaron que la siguiera, lo cual era raro, casi siempre permitían que un hombre estuviera junto a su parturienta esposa. En vez de eso, lo mandaron a quitar su vehículo de la entrada y volver cuando le tuvieran noticias, ya que el "asunto" podía durar mucho antes del gran momento. Obedeció casi sin darse cuenta, llevándose una desagradable sorpresa al regresar, porque una enfermera se encargó de decirle que su esposa había entrado de emergencia a cirugía.

Eso lo desconcertó tanto que no se decidía a pasearse por toda la sala de espera o quedarse de pie en un solo sitio. Había optado por desplomarse en la primera silla que encontró libre y allí se quedó, con la cabeza baja y musitando cuanta oración se sabía, hasta que el doctor fue a decirle lo que por tantos meses quiso escuchar.

Por alguna razón, miró su reloj. Era uno de esos modelos caros que no solo mostraba la fecha y hora "normal", sino también otras dos, según los husos horarios que le interesara al dueño, así como mostraba en un pequeño círculo las fases lunares. En donde lo había ajustado para la hora local, marcaban las once de la noche con unos pocos minutos, lo que significaba que su hija "atormentó" a su madre con su venida al mundo poco menos de un día, lo cual era alentador.

Sonrió. Su mujer se pondría muy contenta cuando descubriera que había ganado. Tanto con el sexo de su bebé como con la fecha de nacimiento.

Aunque quizá, en un futuro, Meritxell no apreciaría semejante nombre.

–&–

Buenos… No, mejor me evito eso. Así no me hago líos con los husos horarios.

Bienvenidos sean a esta historia que, quien me conozca, encontrará un poco "fuera de lugar", debido a lo concentrada que estoy últimamente con fics terriblemente largos y complicados (aquí Bell rueda los ojos y mejor sigue con lo suyo). Pero la invitación al reto fue hecha con toda la amabilidad del mundo y una vez que leí bien las especificaciones, no pude resistirme. Aunque a saber si después no me arrepentiré de haberme apuntado…

Esto no es más que el prólogo de la historia. Algo ambiguo, lo admito, ni siquiera conocemos el nombre del nuevo papá, o de su mujer, aunque sí el de la recién nacida, que por cierto, hasta antes de documentarme sobre Andorra, solo lo había leído en una novela antes. El prólogo es así porque la idea central de lo que va a pasar apenas se está formando en mi cabeza. Sin embargo, espero que fluya bien; además, tengo un límite de capítulos para no ponerme a crear líos tan grandes como una guerra mundial mágica (Bell recuerda su única serie de fics y siente escalofríos).

Así las cosas, debo admitir que hace mucho que no escribo cosas de este estilo, pero espero que les guste este Original y que a mí también me guste (oigan, que si a la autora le desagrada lo que escribe, es un serio problema, ¿no?).

Por cierto, feliz día a todas las mujeres del mundo. Sin querer, las he homenajeado mostrando una de las cosas que las hace más felices (dar a luz) y claro, con el hecho de que el bebé sea una niña.

Cuídense mucho y nos leemos a la próxima.