Tres.

Si no hay pan para hoy ya Dios dirá mañana… Si no encuentro fronteras pero sí aduanas…

(Todo se vuelve extraño, La Quinta Estación)

Aquello debía ser una broma. Una muy mala broma.

—¿Cómo que tú eres…?

—¡Silencio! —siseó Iker a los pocos segundos —No te exaltes…

—¿Que no me exalte? Llegas aquí con una historia rara de un paciente sin nombre, de un Hiro que quizá no fue detectado de bebé, ¿y ahora me sales con que tú eres un personaje de ciencia ficción? Lo siento, pero leer muchas novelas no me han hecho más tonta, ¿te enteras?

—¡Mery, atiende! ¿Por quién me tomas? ¿Cuándo te he mentido con una cosa así?

Meritxell reflexionó largo rato. Era verdad, por supuesto: Iker jamás conseguía decirle a su amiga ni siquiera la mentirijilla más blanca e inocente. Lo intentaba, pero a mitad de cada intento de frase, bastaba con ver la expresión de Meritxell para querer soltar la sopa. Iker desconocía si a otros les pasaba lo mismo con la chica, pero a él sí y era escalofriante.

—Lo siento —se disculpó ella —Pero es que… ¿A qué viene semejante confesión, eh?

Vaya, al menos Meritxell ya no creía que fuera una broma. Iker inhaló profundamente.

—Si te sirve de algo, tampoco sabía que era un Sparko hasta hace unos años —comenzó, pasándose una mano por la nuca, frotándola con cierta impaciencia —El H–S–AD se le da a los niños recién nacidos en las primeras doce horas de vida y cuando me lo dieron a mí, no hubo reacción del Hiro–Saki. Y bueno, estuvo bien, pero creo que uno de los fallos fue que a mí me lo dieron sin saber a qué hora había nacido y por eso el suero no funcionó.

—Espera, ¿y qué pasó con esa prueba que le hicieron a tu paciente sin nombre?

—¿Al tío golpeado? Bueno, le hicieron una prueba que también se llama H–S–AD, pero en realidad solo decodifica el ADN y como el Registro que te dije guarda el ADN exacto de todos…

—Eso significa que solo mostró el ADN.

—Ajá. Todos los que tienen Talentos muestran algo peculiar en su ADN, eso se ha ido descubriendo con el tiempo, pero el H–S–AD que se les da a los bebés causa solo una reacción química al toparse con el Hiro–Saki. Solo cuando esa prueba da positiva, se decodifica el ADN del bebé y luego se registra.

—¿Entonces tú…?

—En la primera oportunidad, me hice pruebas sanguíneas sobre el Hiro–Saki. Tenía mis dudas, siempre las he tenido. Y a mí también me sale algo raro, como al tío golpeado.

—¿Y por qué tenías dudas sobre eso y yo nunca lo supe?

—Pensé… Bueno, eso fue hace años, ¿sabes? —admitió Iker, encogiéndose de hombros.

Al ver que su amigo agachaba la cabeza, encogiendo ligeramente los hombros, Meritxell se imaginó perfectamente qué era lo que le había pasado por la cabeza.

—¡Pensaste que ya no te querría! ¿Verdad que sí? ¡Eres un idiota, Iker Cervantes!

—Gracias, pero eso ya había quedado claro.

—Oye, pero si… Si eso es cierto… Si eres un Sparko… —la palabra extraña se le atoraba a Meritxell en la boca, pero logró sacarla y proseguir —¿Exactamente qué haces?

Iker hizo una mueca, claramente sin querer responder, pero de todas formas lo hizo.

—Para explicártelo, primero hazme una pregunta. Una duda que tengas. Lo que sea.

Aunque lo halló muy raro, Meritxell obedeció casi sin esfuerzo.

—¿Los asesores van a aprobar mi tesis este semestre?

Iker escuchó, asintió y cerró los ojos con esa seriedad que lo asaltaba en contadas ocasiones. Tardó unos segundos, antes de decir en un tono entre cansado y enérgico.

—La probabilidad son de tres a una, a favor tuyo. ¿Cuántos asesores tienes, Mery?

—Eh… Cuatro. ¿Por qué?

—Entonces significa que tres de ellos te aprobarán, y el cuarto te aprobará porque los otros tres lo presionarán para que lo haga.

—¿De dónde sacas eso?

—Verás, desde que me acuerdo, hay preguntas de las cuales obtengo contestación casi sin querer. Lo llamo "lógica de probabilidad". Mi cerebro… Algo pasa en mi cabeza que ve así las respuestas. ¿Comprendes? Sé las probabilidades de solución a cualquier pregunta que exista. Así fue como me animé a pedir la beca para la universidad, y también fue que decidí venir: cuando me pregunté quién podría hablarme de los Sparko's, supe que la probabilidad sería de un noventa por ciento contigo. Y eso casi es un "Mery lo sabe", no un "Mery sabe algo", como realmente es.

—Oye, Iker, me estás asustando…

—¿Crees que yo no estoy asustado? Antes pensaba que era mera suerte, que algo como un instinto me decía esas respuestas. Y ahora resulta que probablemente soy uno de esos Sparko's que ocultan por todas partes y que un tío que parecía caerse a pedazos sabe de ellos.

—No, Iker, no entiendes… Yo me refería a… Bueno, yo no sabría que existe ese término tan raro si no hubiera encontrado esa novela y… Y que luego salgas con que "algo" te dijo que yo sabría de qué hablabas… ¿Comprendes?

—Creo que sí. Es aterrador. Oye, ¿y de qué trata esa novela?

—¿La que traía ese término tan raro? Al final es una tragedia, la verdad. Son unos amigos que van a separarse porque ella es Saki, pero él en ese momento no sabe que es Sparko

—¿Cómo se titula? ¿Quién lo escribió? Tal vez pueda comprarme un ejemplar…

—Se titula Chispas en la oscuridad, el autor no lo recuerdo. Y te digo, es raro que el libro esté en la sección del Hiro–Saki que no se abre al público. Puedo intentar pedirla prestada, pero mi jefe es un pesado, lo más seguro es que no quiera dejármela.

—¿Y si fuera yo y la solicitara?

—Es posible, pero sería muy raro que pidieras esa novela en específico. Incluso tiene hojas contraluces. ¿Te acuerdas de ese papel?

—¡Sí, es muy raro! Tengo una idea, pero primero dime cómo se pide un libro de esa sección.

Meritxell asintió y se lo explicó, haciendo un par de muecas cuando tuvo que mencionar la firma de su jefe. Cuando acabó, Iker asintió y volvió a cerrar los ojos, con lo cual ella comprendió que así su amigo era como se concentraba para usar su… Bueno, su Talento.

Que la joven recordara, nunca había estado tan cerca de un Hiro o de una Saki. Eso no significaba que no conociera algunos, porque en su niñez, parecía que la mitad de su clase tenía el Hiro–Saki y en cualquier momento algunos de ellos expondrían algún Talento raro. Pero saber de repente que su mejor amigo no solo era un Hiro, sino que además él mismo no lo sabía, resultaba preocupante. El gobierno era demasiado estricto con ese asunto, nadie sabía hasta dónde podía llegar o qué les hacían, ¿qué pasaría con Iker si…?

—Hay un ochenta por ciento de probabilidades de conseguir el libro con mi idea y sin que tu jefe se entere —dijo en entonces Iker, completamente ajeno a las preocupaciones de su amiga —Te explicaré lo que se me ocurrió y tú me dirás cuándo podemos hacerlo.

Ella asintió, dejando de lado sus temores y maldiciendo su enorme curiosidad por querer saber más de aquel asunto que, increíblemente, estaba saltando de la ficción a su realidad.


Debido a lo unida que era Cosette a su familia, al principio no quiso atender a la petición de Leobardo, ni siquiera con la explicación sobre lo que iba a pasarle, tanto si el gobierno la recogía como si la gente del lado de los Sparko's llegaba a ella. Solo fue tras mucho hablar (e incluso discutir) que Cosette aceptó fugarse con él, pero debían hacerlo con muchísima precaución.

Lo más propicio para ello eran las vacaciones de verano que antecedían sus estudios universitarios. Como las familias de ambos sabían que irían la capital, no se sorprendieron cuando decidieron mudarse allá, a una casa de huéspedes, que debido a su ubicación era difícil que recibiera correo a tiempo, por lo que Leobardo aseguró que tramitaría un apartado postal apenas llegaran. Cosette, por su lado, se encargó de buscar el alojamiento y terminó alquilando un diminuto departamento en el centro, que estaba de oferta solo porque de seis inquilinos, cinco habían salido huyendo despavoridos por decir que había algo "raro" allí. Se llevarían pocos muebles y se marcharían antes que el camión que los transportaría, para tener todo en orden.

Fue una suerte que ambos planearan todo con detalle y anticipación. Un caluroso día de agosto, Cosette llamó a Leobardo urgentemente, avisándole que vio oficiales del gobierno cerca de su casa y que desde hacía un par de días, el mismo auto rondaba por la colonia. Leobardo temió lo peor y le preguntó si estaría lista esa noche para marcharse. Ella aseguró que sí.

Y se lanzaron a las oscuras calles, cargando solamente con lo más indispensable, dejando atrás todo lo que conocían. La única parada que hicieron, breve y apurada, fue ante el Santuario de la Patrona, donde se persignaron y pidieron con todo fervor que la fortuna les sonriera. Acto seguido fueron a la estación del tren, aparentaron toda la normalidad posible y solicitaron dos boletos de ida a la capital.

La aventura inició así. Claro que, en ese momento, tanto Leobardo como Cosette ignoraban que fuera tal. Lo único que deseaban era seguir juntos, en las buenas y en las malas, como en su infancia. ¿Tan difícil era de entender para el gobierno, que quería manejar a cada Hiro y a cada Saki que surgía? Cosette deseó, por primera vez, no haber resultado una Saki, y de todo corazón, esperó que los poderosos la dejaran en paz con el correr del tiempo.

En cuanto llegaron a la capital, Leobardo se encargó de conseguir noticias. Llamó a su casa desde un teléfono público, y su padre contestó, agradeciendo tener noticias suyas (aunque primero lo regañó por la repentina huída) para luego confirmar que sí, agentes del gobierno habían estado allí preguntando por él y por Cosette. Como poco antes de eso sus padres habían hallado la nota del muchacho explicando lo sucedido, pudieron fingir ante los agentes que él hacía días que se había mudado, aunque no les dijeron que fue a la capital, sino a otra ciudad. Leobardo agradeció la ayuda, prometió ponerse en contacto pronto y preguntó si sabía algo de la familia de Cosette, a lo que su padre respondió que llegaron los del gobierno también allí, pero fue después de visitarlos a ellos, por lo que pudieron llamar a los padres de ella y ponerlos sobre aviso, así las historias coincidirían. Leobardo, agradeciendo de nuevo por todo, se despidió.

A partir de entonces, no hubo ningún problema por algunos años. Leobardo y Cosette se instalaron en su pequeño departamento, comenzaron las clases y se sintieron mucho mejor, más cuando para despistar, hicieron que todo el mundo los llamara por sus segundos nombres y apellidos (recurso simple, pero que resultó eficaz).

Poco a poco, tanto tiempo de conocerse derivó en algo que muchos veían venir, pero que ellos dos tardaron en admitir: se enamoraron perdidamente uno del otro. Se casaron poco antes de acabar sus respectivas carreras, sin más preocupaciones que titularse y después buscar buenos empleos. Hicieron muchos planes, todos ellos incluyendo una futura familia, una bonita casa y muchos, muchos años juntos.

Hasta que el gobierno, el día menos esperado, dio señas de haber localizado a Cosette.

Ambos reconocían que fue un descuido involuntario. Cosette, que a esas alturas tenía más que controlado su Talento, rara vez lo empleaba. De hecho, si por ella fuera, no lo usaría nunca, pero desde temprana edad había descubierto que el Talento era una energía demasiado potente como para contenerla por mucho tiempo, así que, cuando sentía que iba a "estallar", iba a algún lugar muy concurrido, se concentraba y llamaba silenciosamente a un Hiro a una Saki cercanos, fingiendo luego acercarse a ellos de manera casual para preguntar la hora o una dirección. Era la manera más sencilla que se le ocurría para que su Talento no la dañara y, al mismo tiempo, irlo perfeccionando, aunque de eso no se dio cuenta sino mucho después.

Pero un día, cuando su Talento llamó a un Hiro particularmente serio, Cosette no se dio cuenta de lo grave que podía ser. Siguió la rutina impuesta, aproximándose al extraño y pedirle amablemente que le indicara la hora y cómo llegar a cierta calle, solo que al dar media vuelta y alejarse, no se percató que el extraño la seguía con la mirada.

El Hiro resultó ser parte de la Oficina de Talentos local y ya la había visto antes por allí.

Con el paso de las semanas, el Hiro volvió a ver a Cosette tres veces más, y sintió que algo raro pasaba con ella, aunque seguía sin saber qué. A la cuarta vez, decidió ser él quien la abordara, saludándola y preguntándole si se había vuelto a perder. Cosette logró reaccionar con naturalidad y le aseguró que esperaba a alguien que, por lo visto, la dejó plantada, y que agradecía su preocupación. Acto seguido, ella se marchó, procurando no entrar en pánico ni echarse a correr hasta que doblara alguna esquina, quedando fuera de la vista del Hiro.

Se sintió muy mal al llegar a casa y tener que contarle aquello a Leobardo. Sabía que él consideraría pocas las precauciones si sentía que aquel incidente era un peligro para ellos y tuvo razón, porque enseguida empezó a planear cómo salir de la capital sin resultar muy obvios. Solo sería una temporada, aseguró, hasta convencerse que aquel sujeto no haría nada en su contra, y como siempre, Cosette confió en su marido, que hasta la fecha, jamás le había fallado.

Fue pocas semanas después de eso, cuando ambos ya habían arreglado sus asuntos y solicitado vacaciones en sus respectivos empleos, que salieron de la capital a buen paso, de nuevo usando la noche para camuflarse, sin llevar más que lo necesario, logrando llegar sin percances a la estación de tren para comprar dos boletos de ida a su parroquia, aunque no para ir a los hogares de su infancia, sino para despistar a quien quiera que los quisiera seguir.

Su verdadero destino era el país de donde venía la familia de Cosette.

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Bienvenidos sean ahora al tercer capítulo de Pemse, ¿les gustó o los enredé más?

Como pudieron ver, aquí continúa la charla de Meritxell e Iker, en la cual queda más claro el Talento de él y que ella, siendo rematadamente curiosa, quiere averiguar cosas que no le conciernen, ¿pero será así de verdad?

Por otro lado, la parte del capítulo en cursiva (que ya debe poder deducirse qué está narrando), donde continúa la historia de Leobardo y Cosette. Ambos se van a la capital a estudiar la universidad y luego de acabar enamorados, se casan, deseando vivir felices para siempre. Solo que, debido a un aparente descuido de Cosette al emplear su Talento, parece que la descubren, así que ella y Leobardo de nuevo salen corriendo. ¿Cuál será el país de donde viene la familia de ella? Con semejante nombre de pila, no debe ser difícil de adivinar.

La cita de este capítulo, un poco confusa, queda perfecto con lo que Meritxell siente al darse cuenta que Iker dice la verdad sobre ser un Sparko, y sobre lo que se les viene encima a ambos. Además, para Leobardo y Cosette, si no huyen por una cosa, es por otra (?).

Cuídense mucho y nos leemos a la próxima.