En el fondo va dedicado para alguien, o puede que también haya nacido de inspiración pura y propia.

Si alguna se siente identificada, detente antes de que sea tarde.

"Su corazón era como un jardín secreto.

Pero las paredes eran demasiado altas."


La de los labios rojos.

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Era una chica sencilla, simple, complicada, turbia, no era la chica más alta del mundo pero no superaba el metro sesenta. Tenía unos ojos que brillaban mucho y un cabello lacio de tonos castaños. Se había teñido las puntas rosadas por mero gusto.

Eso veía ella.

Pero no era lo que veía el resto, lo que vea su entorno, lo que veían sus amigas y las que alguna vez lo fueron.

Era terca, molesta, tenía los ojos demasiado grandes, era una chica demasiado fácil, cada "tren le servía", era obsesiva hasta el punto de verse loca y gritaba cuando no era necesario.

Era ciega a la realidad.

Una dramática chica a sus quince años.

Digamos que esta chica se llamaba Alice.

Alice decía que estaba bien, que no necesitaba nada, que hacía oídos sordos a la realidad. Pero eso no era cierto.

Alice estaba sola, desamparada, y sabía que el resto lo veía, pero quería, en el fondo, que alguien se acercara leyéndole la mente y comprendiese su dolor sin tener que intercambiar palabras.

Sin embargo había algo no considerado en todo esto.

La gente que lo intentaba era rechazada por Alice, y la gente a la cual no le importaba era aceptada con los brazos abiertos.

Su soledad era la consecuencia de su propio y erróneo concepto para decidir quien era bueno en su vida y quien no.

Tenía el erróneo concepto de pensar que los amigos eran perfectos y que nadie más aparte de ella sentía; sufría.

Erróneo.

Y cuando sus amigos empezaban a sentir, a sufrir.

A enamorarse.

Se volvía una traición.

Una traición desalmada.

Por eso ahora Alice estaba sola.

Digamos que había una chica que se llamaba Ciara, una chica que se alejó.

Ciara sabía que era insoportable, sabía que nadie la aguantaba, sabía que era una chica fácil, y sabía que todos se burlaban de ella por eso, y le daba lo mismo, hasta que Alice sintió que estar con alguien era una traición hacia su persona.

—No puedes estar con él. Es mi EX. Te hará sufrir tanto como a mi.

—¿Sufrir? —Para Ciara era estúpido—. Alice, tenías doce años, trece a lo mucho, dos años atrás.

Y era cierto.

A esa edad con suerte te llegaba tu periodo, ¿Y Alice seguía sufriendo por su primer novio? Primer novio con el que ella misma había terminado por ir al cumpleaños de su mejor amiga.

En el fondo, Ciara sentía que Alice estaba siendo estúpida. Simple e irreverentemente estúpida. Uno todavía no sabía lo que sufrir realmente era a esa edad, mucho menos por amor. A menos que las circunstancias te lo hubiesen dispuesto de esa manera.

Pero dicho no era el caso.

—No me vuelvas a hablar como antes.

Ciara no la contradeciría.

—Si te sientes mal, puedes contar conmigo igual.

No, Ciara no tenía quince como Alice, tenía diecisiete, Ciara estaba en su último año de escuela. Las circunstancias la habían hecho mucho más grande de lo que se veía. O de lo que debía ser.

Pero Alice se había quedado sola, por su propia elección.

Entonces se añadió algo más a la lista de cosas que la realidad detestaba de ella:

—¿Has visto como se viste? Parece una cualquiera.

—Ni siquiera entiendo porqué se pinta tanto los labios, no se ve bien.

—Se ve puta.

Alice usaba unos shorts muy cortos independiente del frío, los usaba a la cintura, debajo unas mallas negras, y blusas translúcidas o demasiado cortas.

Y siempre los labios rebalsados de rojo.

Ella misma estaba goteando rojo.

Poco a poco se fue quedando sola.

Sola con sus labios pintados.

Sola por elección.