Capítulo 0.1

"Las libras perfectas".

Todo iba de maravilla. En realidad nadie ni nada la había deparado para lo vendría, fue tan espontáneo como aquella vez que había sacado una D en su examen de biología. Comenzó con su madre, obligándola a acompañarle para ir de compras. Penélope rezongó, ya que sabía que visitarían la tienda de ropa para deportes y aeróbicos, 'Zumba Fittings', y aquello no resultaba ser reconfortante para su autoestima, ya que Penélope es obesa.

Y no obesa por algún tipo de desorden metabólico u hormonal, sino por su falta de fuerza de voluntad y su sicosis de que las hamburguesas imploran ser devoradas por ella. Sabía que era su culpa tener doscientas libras, pero no aparentaba tanto. Era seis pies de alta. Así que su gordura se notaba más cuando se sentaba o usaba trajes de baño, lo cual nunca hacía.

Nunca le había prestado atención a algo tan trivial como las apariencias. No como su madre, no sabía que tipo de blusa escoger, estaba entre el amarillento-verde chillón y el rosado lindo pero letal para tus ojos. No importaba ya que al final escogería los dos con gran satisfacción. Penélope divagaba entre los estantes y mostradores de aquél local cuando todo comenzó.

─¡Ella! ─Alguien gritó irrumpiendo el silencio tan común que se conglomeraba en las tiendas─. ¡Tú! ─Volvieron a gritar. Penélope dejó de ver aquél extraño sostén naranja chillón y dio la vuelta para ver el causante de aquella conmoción─. ¡Es ella, sí, es perfecta! ¡Eres perfecta!

A Penélope le falló el balance en las piernas cuando se percató de que la estaba señalando a ella. «¿Y ahora qué?». Un hombre, en sus treinta primerizos quizás, la estaba señalando. Estaba emocionado, su cara estaba ruborizada mientras que la veía. No pasó ni un par de segundos cuando empezó a acercársele. Penélope no creía que fuese a ella, en realidad, no entendía nada de nada.

Ella miró a los lados para ver si la persona la cual el hombre se dirigía era ella o no... para su suerte, no había nadie cerca. El hombre solo seguía acercándose hacía ella. «¿Será una buen momento para llamar a mi mamá?». Divisó a ver si su madre se había dado cuenta, de que, en cualquier momento estaría siendo raptada de una manera no disimulada. Si no, pues se ganaría el premio por la madre más de dedicada del mundo, nótese el sarcasmo.

─Tu nombre, ¿cuál es? ─Preguntó una vez que se había detenido frente a ella. Tenía un grupo de asistentes a su lado. Cinco personas para ser más específicos y todos utilizaban un tipo de pase o identificación colgados con las iniciales de OLM─.

─¿Y-yo? ─Titubeó ante tanta presión─.

─Si, tú, ¿cómo te llamas? ─Preguntó, estando completamente frente a ella─.

─Soy Penélope... ─Susurró nerviosa─.

─Penélope... ─Suspira, como si estuviese saboreando aquél dulce nombre─. ¿Has pensado en convertirte en modelo?

«¿¡Qué si qué!?» pensó Penélope. En realidad, si lo había hecho, tal vez cuando tenía doce, cuando quería probarle a muchas personas que podría ser la próxima Adriana Lima, pero claro ella siempre había sido delgada, Penélope, por el otro lado, era gorda. Además, los ojos de aquel hombre brillaban con tantas esperanzas que hasta Penélope no pudo evitar apreciar.

─No. ─Respondió rápidamente─. ¿Qué?

No podía creerlo. El hombre, uno muy atractivo y elegante por cierto, estaba frente a ella, casi de rodillas, preguntándole si alguna vez había pensado en convertirse en una Adriana Lima. Sonaba más lógico en su cabeza, pero en realidad, era muy ridículo.

─¿No quieres?

¡Aquello debía de ser el colmo de su vida!

─¿Esto es una broma? ─Replicó, y luego pensó en una cruel y vil broma─. Escucha, si te ha contratado Chloe entonces dímelo desde ahora por que no quiero, es más, no voy a lidiar con esto.

─Me temo que no conozco a ninguna Chloe que tu conozcas, ¿verdad?

─¿Chloe Akins?

─Jamás, pero ella no es la que me interesa, eres tú, eres perfecta y te necesito. ─Penélope rodó los ojos hastiada─.

Empezó a caminar hacía donde estaban todas las mujeres haciendo la fila. Buscó a su madre con la mirada y la encontró no muy lejos de ser la primera en la fila. El hombre, de repente, apareció frente a ella. Penélope le dio una mirada desafiante, se movió a la derecha pero el hombre volvió a colocarse frente a ella, frustrada, se fue a la izquierda y también se colocó frente a ella.

─¿Estás hablando en serio? ─Espetó cansada─.

─Eres la modelo que busco. ─Dijo de manera tan calmada que obligó a Penélope soltar un gran suspiro de frustración─.

─No creo que haya sido moldeada para ser una modelo. No me molesta, así que para lo que sea que estés haciendo. ─Lo empujó levemente y siguió caminando hacía su madre, él la seguía mientras que balbuceaba cosas─.

─Espera déjame explicarte de mejor manera...

─Escucha, no creo que me entiendas, no soy modelo, nunca fui, no soy y nunca seré una modelo. Dicho esto, no creo ser lo que buscas. Disculpa.

Finalmente logró llegar hacía donde su madre. Tenía las bolsas de la ropa comprada y los lentes hacía arriba, reposando en su cabeza. Su madre tenía que ir al gimnasio una vez que salieran del centro comercial. Tenía esa blusa de tirantes amarilla chillón que según ella, ya estaba desteñida, y un pantalón gris con calzado deportivo. Su ropa no estaba tan apretada como usual, estos eran los días que ella decía que se veía su piel colgante post parto.

─¿Qué está pasando aquí? ─Preguntó su madre─.

─Nada importante. ─Respondió rápidamente─.

─¿Quién es él?

─Ah, él es... ─Penélope se quedó sin palabras, ya que no sabía el nombre de aquél hermoso hombre, lo miró incitándole a decir su nombre─.

─Theo Wallace.

Su madre, apodada 'La Devoradora Jennings' por su querido padre, miró al hombre de hito a hito sin temor a ser vista. De manera explícita, mostró su mirada llena de un tipo de deseo lascivo que Penélope siempre a odiado. 'La Devoradora Jennings' siempre iba por los caminos más estrechos de la juventud en busca de presas jóvenes, como Theo Wallace, que no sabían como reaccionar.

─Oh, vaya, Pamela Jennings. ─Dijo en un tono de voz semi coqueto, auspiciado por las mujeres de mayor edad. Levantó su mano para que Theo la tomase y le diese un beso─.

─Un gusto.

─El gusto es mío. ─Respondió en el mismo tono─.

─Si el gusto es de todos, vámonos ya. ─Separó la mano de su madre y la tomó, acogiéndola─.

─Espera no seas tan maleducada. ─La reprochó con una mirada seca y fría, Penélope desistió─.

─¿Pudiera yo, hablar con su hija a solas por unos minutos? ─El hombre miró a su madre con el mismo brillo que la había mirado momentos atrás. ¡Estaba flirteándole! ¡Seduciéndole!─. Por favor. ─Siguió implorando─.

─Bueno, no te tardes mucho con ella. ─Se dio la vuelta, mirando a Penélope─. Estaré esperándote en el puesto de frutas, mi vida.

Una vez más, para la suerte de Penélope, se tuvo que quedar sola con aquél hombre impertinente e insistente. Sabía que la sonrisa que tenía era una de satisfacción, pero pasara lo que pasara, trataría de no acceder ni firmar nada que él le diese.

─No creo que empecé de buena manera. Déjame mandar a mi equipo por un descanso, luego tú y yo iremos por un café.

Se dirigió a su equipo, el cual, por alguna extraña razón, lo habían seguido todo el tiempo. Daba la imagen de ser alguien apasionado y eficiente en su trabajo, claro, todo encajaba en ese horrible prototipo de hombre perfecto y extravagante. Pelo negro azabache y largo, definitivamente acariciaría ese pelo tan perfecto. Perfil elegante, mentón prominente, labios gordos, opacaban su sonrisa perfecta. Un cuerpo perfecto, todo en él es casi perfecto. «¿Entonces por qué se fija en una gorda como yo?».

Se acercó a ella una vez más, y notó algo totalmente sorprendente. Ella lo estaba mirando hacía arriba. Era más alto que ella, más alto que muchos de su equipo. Definitivamente, intrigante.

─No puedo, tengo que salir de aquí lo más rápido posible.

Él la tomó por la mano derecha y la miró a los ojos.

─Te prometo que será una simple charla de algunos minutos.

Penélope se separó de él y empezaron a caminar hacía los pequeños locales del centro comercial. Se detuvo en a tienda de Apple interesada por la nueva y diversa MacBook Retina. Era su sueño en máquina. Su deus ex machina. Necesitaba dinero, todo sus problemas requerían de dinero. Esa maldita arrogancia.

─Ven, vamos. ─La volvió a tomar por la mano y la llevó a un café que jamás había visto antes, tal vez era nuevo─. Este es un viejo café del local, es muy bueno. De seguro que te gustará...

─Sí claro. ─Masculló sin que le escuchase─.

Entraron, y de manera casi inmediata sonó ese terrible tintineo de bienvenida. Las pocas personas sentadas voltearon a mirar la nueva pareja que entraba. Penélope sitió un extraño sentimiento, ese sentimiento que tiene cuando usualmente entra a las tiendas de ropa interior con su madre, o cuando hace una presentación para su escuela. Todos la miraban, sin escrúpulos, tal vez se reían de sus proporciones, más de una que de otras, o tal vez no. Ese sentimiento se fue una vez que Theo y ella se sentaron, y no había nada más que mirar, solo uno al otro. Él dijo que ordenaría un café y ella pidió un cappuccino. Hizo la fila y en cuestiones de segundos, volvió con dos tazas de café desechable.

─Un café y un cappuccino.

Ella ignoró el cappuccino por unos minutos mientras que colocaba sus manos encima de la mesa.

─Veamos te doy diez minutos para que expliques el hecho de que me hayas arrebatado momentáneamente de mi autoridad filial con métodos seductores.

Como por arte de magia, el hombre, Theo, se sonrojó. Eso le tomó por sorpresa. Aparte de que era un hombre simple y extravagante al mismo tiempo, se sonrojaba.

─Ah, perdón por aquello es que estoy acostumbrado a usar esa clase de táctica cuando sé que le atraigo a alguien.

─Petulante y manipulador, interesante, ¿cuántos años tienes? ─Le cuestionó─.

─Treinta y uno. ─Respondió orgulloso─.

─¿Qué es lo que quieres de mi?

─Te diré todo. Trabajo para Ossygeno Large Models, una gran agencia de modelos de talla grande. Muchas marcas de ropa recurren a nosotros, como por ejemplo GAP, Forever 21, inclusive Zara fue un patrocinador especial durante nuestro desfile de modas anual. ─Penélope rodó los ojos y empezó a beber de su cappuccino─. Es algo nuevo, ya que la industria de la moda ha introducido lo exagerado recientemente para disminuir la falta de confianza entre las jóvenes.

─Lo cual no ha resultado... ─Espetó sin darse cuenta. Simplemente salió─.

─¿En serio? ─Paró de su larga explicación y la miró con cierto asombro─.

─Con algunas dos o tres tal vez. ─Se encogió de hombros─. Pero no me raptaste por eso solamente, ¿o si? ─Negó─.

─Bueno, este año Vogue se ha inspirado en aquello. Tras la publicación de la revista italiana con tres modelos de talla, la revista americana está en busca de ese je ne sais quoi ─Hizo extraños movimientos con sus manos─, y nos ha contratado a nosotros para cumplir con aquello. Quieren una modelo. Hemos ido en busca por todo el estado y las que hemos encontrados son rostros bastantes comunes nada nuevo, nada Vogue y-

Penélope se atoró con la cantidad de líquido e información que ingirió en aquél momento. Si pensaba que el hombre estaba loco por el simple hecho de que la estaba incitando a modelar, ahora tendría que estar demente por hacerla modelar para Vogue.

─Espera, me estás diciendo que yo... ¿soy material de Vogue? ─Preguntó sorprendida─.

Theo asintió, mientras sonreía.

─Si.

─Si, ahora me perdiste adiós ─Dejó un billete de cinco dólares pagando por el cappuccino que él le había comprado, se paró de la silla de metal y se dirigió hacía la puerta─, gracias por hacerme perder el tiempo.

─Recapacitarás lo sé. ─Murmuró antes de salir─. Piénsalo, visita nuestra página, pero trata de pensar. ─Tomó un sorbo de la taza desechable─. Mi número está en la taza desechable. Nos vemos.

Salió del local sin darle la satisfacción a Theo de que, eventualmente, iba a ver si estaba escrito su número de teléfono. «1 (355) 436-7769 ─ Theo». Ahora tendría que mantenerlo lejos de su madre.

─Manipulador. ─Murmuró. Empezó a caminar, pensando en el evento tan loco que ha ocurrido no hace menos de algunos minutos. No sabía si seguía en una especie de trance, y que todavía estaba mirando la tediosa ropa de esa horrible tienda de deportes y aeróbicos. Caminó hasta el puesto de frutas, donde su madre disfrutaba de una ensalada de frutas cítricas. Penélope sonrió─. Pamela, ya.

─¿Qué quería él contigo?

─Nada importante ─Su madre se colocó de pie y empezaron a caminar al estacionamiento─, estaba un poco loco.

─Oye ese hombre es un dios, no se fue contigo así como así. ─Sacó las llaves de su bolso y encendió el audi blanco frente a ellas. Su madre abrió la puerta del conductor y Penélope el asiento de atrás─.

─Me estaba dando una oferta para ser modelo de talla grande.

Su madre tuvo la misma reacción de Penélope cuando le admitió que era material de Vogue. Se atragantó con algún pedazo de fruta. Su madre tosió varias veces antes de poder respirar de manera regular.

─¿Tú? ¿¡Modelo!? ─Espetó sorprendida. Después, empezó a reírse─. Tienes la altura pero no la talla. Definitivamente, estaba loco.

─¿Disculpa? ─Se cruzó de brazos─.

─No te ofendas mi vida. ─Dijo con un tono monótono─.

─No estoy ofendida, descuida.

─¿Aceptarás? Tal vez si lo haces me darán ropa también. ─Empezó a bailar emocionada ante la idea─.

─No. Esa industria está jodida.

─¿Te refieres a la industria de chicos jóvenes toqueteando tu cuerpo, tu pelo, tu cara? Dios, correteando con ropa y desesperación y sudor, suena como una buena industria para mí.

Arrugó los labios cuando pensó en aquello. Tenía una política de evitar todo tipo de contacto físico con alguien. No abrazos, no besos, nada con nadie. Muy bien se podía saludar a una persona con un 'hola' no había necesidades para besos o abrazos. Además, no todo era algo implícito sexual como su madre lo estaba exponiendo.

─Se te olvidó también la falta de comida, succionando jugo a través de un algodón y el vómito por todos los lados.

─Si pero tu no estarás bajo ese entorno; modelos de talla grande, hola. Sino, dile que quiero participar en aquel entorno. No me molestaría que él me vistiese... para nada.

Penélope se sintió asqueada ante aquello. El dios griego y su madre, medusa.

─Pamela tienes cuarenta, ya estás vieja.

─Y tu rompes las llantas, así que sal de mi auto.

Al ver como su madre se detuvo, Penélope se asustó. ¿En realidad la estaría sacando del auto por esa simple respuesta? Siempre han peleado, y sus peleas son intensas, pero nunca le había amenazado con aquello... a menos que claro, ella hubiese sido tan despistada como para darse cuenta de que habían llegado a casa cinco minutos atrás.

─¿Tú a donde irás?

─Yo iré a mis clases de Zumba.

─Pero es tarde, son las siete. ─Divisó la hora en el reloj del auto─.

─Mis clases se pospusieron para esa hora... sabes que mi profesor tiene su propio horario.

Se lo había creído por un minuto, pero ya sabía por que iría a sus clases de zumba a esa hora de la noche.

─¿El brasileño que da clases clandestinas?

─No son clandestinas ─Se apuró en aclarar─, simplemente asignan un profesor para cada horario y un grupo y yo siempre queremos estar en su horario.

─Claro. ─Salió del auto, no antes sin tocar el vidrio un par de veces─. ¿Puedo invitar a Emily?

─Por supuesto que si, hagan su propia fiesta si quieren.

Arrancó el auto y sacó el brazo mientras lo sacudía. De seguro que llegaría mañana temprano en la mañana o algo así. No se molestaría en pensar los detalles, solo dejaría la llave en el lugar secreto para que su madre no causase algún drama en público. También para Emily. Cerró su casa con seguro y buscó el teléfono de inmediato.

─Tienes diez minutos para llegar a mi casa. ─Dijo en voz grave, pretendiendo ser algún criminal amenazando a su mejor amiga, pero solo escuchó la sonora carcajada de un hombre─. Oh, cielos, perdón, hola Jasper. ¿Cómo estas?

─Yo estoy bien.

Jasper era el tierno hermano mayor de Emily. Era el mejor amigo de Emily y probablemente el mejor amigo varón de Penélope, o mejor dicho, el único amigo varón de Penélope. Era igual que su hermana, ojos mieles claro, pelo marrón, alto y normal. Seres humanos normales.

─Mi hermana salió a tu casa, ya debería de estar llegando. ¿Se quedará a dormir verdad? ─Pregunta─.

─Si, se quedará. Muchas gracias, nos vemos entonces. ─Cerró el teléfono─.

Su casa estaba particularmente limpia. No había quehaceres esperándola, no habían deberes escolares, ni tampoco nada que limpiar de su querida gata, Silvestre, su arenero estaba que irradiaba fresas y flores. Como su amiga llegaría en unos minutos más, decidió tomarse una ducha, no muy larga. Tal vez, para que el agua se llevara consigo misma todos los problemas y propuestas de este día, y que juntas se vayan por el desagüe.

Una vez dada por terminada la ducha, Penélope se enrolló la toalla en su cuerpo y se dedicó a mirarse en el espejo empañado. Si entrecerrabas los ojos podías ver como todo era borroso y nada se distinguía, ni si quiera su enorme figura. Pero como siempre, era solo momentáneamente. Abrió la ventana de su baño y el vapor, poco a poco, se fue disipando. Se puso el pijama rápidamente y empezó a peinar su pelo mojado cuando lo escuchó. Ese terrible sonido en medio de una tempestad no esperada a ser irrumpida. Lo peor era que, el sonido provenía de su habitación.