Advertencia: Lo narrado aquí es ficción. Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.

Este One participa en el reto "Momentos históricos" del foro "¡Ven por un reto!".


Prípiat, Ucrania. 27 de abril de 1986.

La clase estaba inusualmente animada.

¿Inusualmente? Sí, porque era horario normal, pero la profesora había salido por orden del director y nadie sabía qué estaba ocurriendo. Así que los niños, sin una figura de autoridad que los sosegara, se pusieron a charlar, a jugar, incluso a saltar entre los bancos.

Hasta que la profesora llegó, vio el escándalo y para devolver el orden, tomó el borrador y lo golpeó contra la pizarra, haciendo un ruido extrañamente fuerte.

Eso fue suficiente. La profesora respiró hondo, echó una mirada a su alrededor y acto seguido, les pidió a los niños que guardaran sus cosas y formaran filas, como cuando era hora de la salida, para luego quedarse mirándolos muy erguida y tensa.

Los niños, al ver a la mujer tan seria, no dudaron en obedecer. Apenas habían sacado el libro de texto, acababan de regresar de la hora del almuerzo, pero solo unos cuantos se detuvieron a pensar en que debía estar pasando algo muy extraño como para mandarles algo así. No tardaron en estar en filas ordenadas, tal como les habían pedido. Hecho así, la profesora les dedicó una sonrisa pequeña, que intentaba ser alentadora pero que en realidad lucía nerviosa, antes de hacerles señas para que salieran en orden del aula.

A una, los niños siguieron la rutina que normalmente seguían hasta la hora de salida y se encontraron con que, de las demás aulas, también salían los niños. Eso les quitó de la cabeza a varios la inocente idea de que iban a adelantarles el Día del Niño. Siguieron andando, con la profesora detrás de ellos pidiéndoles que no se retrasaran, para acto seguido adelantarse, dando unos empujones, todo para alcanzar a una colega, que venía con alumnos de un grado superior.

Las dos docentes hablaron largo rato, la de los mayores se encogió de hombros ante la pregunta de su colega y poco después, se marchó. La otra profesora, después de inhalar profundamente, miró a sus estudiantes e intentó sonreírles de nuevo, antes de pedirles que siguieran saliendo, porque irían a las puertas principales de la escuela.

La fila de infantes siguió a su profesora. Una vez en las cercanías de la puerta principal, tardaron un poco en acomodarse donde se les pidió, debido a la aglomeración anormal de personas.

Y los niños supieron, por primera vez, que lo que pasaba no solo era extraño, sino también grave, debido a que un montón de autobuses que no eran de la escuela los estaban esperando.

Lo peor eran los que parecían policías. Los escolares sabían que no eran guardianes de la ley por los colores de los uniformes. Los hombres iban en todas direcciones, dando indicaciones a los conductores de los autobuses que no conocían y a los profesores que vigilaban al alumnado.

Pronto, el aparente caos pudo ordenarse un poco y nuestros niños pudieron abordar uno de los autobuses, que acabaron compartiendo con un grupo de su mismo grado, antes que la profesora subiera, todavía más inquieta que antes, y que el conductor cerrara la puerta del vehículo.

A continuación, la profesora inspiró hondo, miró a los niños con atención y procedió a explicarles con palabras sencillas y gestos amables lo que estaba pasando.

Por lo visto, en la planta nuclear cercana se había reportado un accidente. Era peligroso quedarse en la ciudad, así que las autoridades pidieron que se evacuara todo por los siguientes tres días, lo que incluía a la escuela. Los llevaban a un punto de reunión a unos diez kilómetros de distancia, a donde solicitaron que llegaran todos los de la ciudad, sobre todo sus padres. Así que pedía que no se asustaran y que trataran de mantenerse tranquilos.

Para asombro y alivio de la profesora, sus palabras ocasionaron que durante el tiempo que llevó salir de la ciudad, los niños a su cargo no emitieran ningún sonido.

Lo anterior, de hecho, se debía más que nada a que desconocían los peligros de la energía nuclear. Sí, sabían que gracias a la planta cercana, la ciudad tenía electricidad, pero hasta ahí. Pocos de ellos habían escuchado algo respecto a cómo hacia la planta nuclear para producir la energía, era un tema demasiado complicado para ellos. Lo que unos cuantos recordaban, por pláticas escuchadas a medias de los adultos a su alrededor, era que la energía nuclear, si no era bien empleada, podía acarrear problemas.

Por lo visto, estaba a punto de averiguar los "problemas" causados por la energía nuclear.

Lo peor para aquellos niños, en ese momento, era que los enormes festejos que se tenían previstos en la escuela por el Día del Niño se iban a suspender.

Lo peor para esos pequeños, muchos años después, sería ver mermada su vida de manera demasiado cruel, con demasiado poco tiempo, cuando varios de ellos se convirtieron en adultos sencillos y modestos, de esos que no lastiman a nadie.

Todo porque cierto manejo de átomos no fue el adecuado.


Espero que les haya gustado el presente One.

Para el reto, si es que no se notó demasiado, me tocó "Accidente nuclear de Chernóbil", pero debido a que investigué relativamente poco, fui postergando el escribirlo y además, me enfoqué más en retos de la hermana FFnet, pues nada, me andaba ganando el plazo y tenía que escribir algo, por muy sencillo que resultara. Y este es el resultado, una pequeña "escena perdida" de las evacuaciones causadas por el accidente nuclear. Sinceramente, no estoy segura de que las evacuaciones hayan sido así, por eso la advertencia del principio, pero la ciudad (Prípiat) sí fue real (ya que ahora es un sitio fantasma), así que no estoy completamente fuera de tema.

Cuídense mucho y nos leemos en otra ocasión.