En la cima de la montaña más alta había un Rey.

Un solitario Rey que se sienta solo en su trono todo el tiempo que le restaba de sus rutinas. Siempre miraba para abajo y recordando el camino que había recorrido hasta donde estaba; recordaba a cuantos tuvo que abandonar en el camino. Él prefería no volver a verlos pensando en la envidia que les podía causar su lugar y el peligro que su vida podía correr. El puesto numero uno es para solo uno.

Cada vez que que llueve este se pone tan triste como el mismo cielo, llorando por no poder tener el único regalo de su posición que era ver la hermosa vista que se había ganado con tanto esfuerzo. Todo se envolvía en gris y a veces desaparecía todo el mapa de la ciudad a sus pies.

Y es en esos momentos cuando se daba cuenta de que no tenia más que un lugar solitario en la nada.