Disclaimer: todo mío de mí.

Esto es un pseudo intento de poesía en prosa con dos personajes innombrables (Él y Ella) y su "romance de instituto". Lo de la escuela es indiscutible, el amor… pues, si lo encuentran bien, sino igual. Insisto, se queda en fase beta de mala poesía. Llévense sus bombas a otra parte (XD)


MIL LATIDOS.

Sonríes como luna enamorada, irradiando luz opaca y un atisbo de melancolía, de esa que te incita a llorar.

Tus amigos juegan y ríen, haciendo acrobacias de butaca en butaca y la fiesta del instituto se encuentra en todo su esplendor. Sin embargo su calor de verano no te alcanza, y con cada fracción de segundo, otro poco de tu dentadura nieve va desapareciendo de la vista de todos, matando tu sonrisa sin vida. Mas no te rompes en llanto cual muñeca inservible, porque no tan lejos como quisieras y no tan cerca como anhelas se encuentra él.

El amorodio de tu realidad.

Y suspiras, y los ojos te pesan, y cansada de no hacer nada eliges desviar la vista a cualquier punto sin específico, consciente de que ya se ha fijado en ti, sólo en ti.

Y ahora bien podrías sacudirte al ritmo de las notas desafinadas de la alegría y envenenarte con jugo de manzana, aparentar seguridad de la que careces e ir directo a él con los brazos abiertos para fundirte en sus labios y volverte adicta a su piel (como si ya no lo fuera…) pero todo eso es ridículo de una forma chistosa. Tanto, como los cuentos de hadas no aptos para diabéticos. Aquellos que construyen hogares fundamentados en ladrillos de falsas esperanzas y te explotan el corazón con sus insípidos "Y vivieron felices por siempre."

(Y vives feliz por siempre, sin mí).

Porque no es mentira para nadie, y nadie es tan estúpido como para no entenderlo. Él no te ama.

(Y vives infeliz por siempre, a mi lado).

Y la vida continúa y el tiempo infinito camina pasito a pasito, ansiando más. Mientras te limitas a ocultar tu desesperación desesperada tras una media luna y repites como disco vinil rayado "Todo está bien, todo está bien". (Hasta que me lo crea…)

Y lo sabes, perfectamente como la cantidad de luceros estrellados adornando el firmamento, él no te quiere.

No. Él te ve como a la niña con rodillas raspadas a la que debe proteger —hasta de sí mismo—; la amiga siempre fiel; la acosadora roba objetos personales; su querubín pervertido, y piensas, que si fueras menos escéptica con esas cosas, a la siguiente estrella desterrada que cayera sin duda le suplicarías una sola oportunidad con él.

Una sola basta, para enredar tus lánguidos dedos en su huracán de cabellos, para degustar como chef profesional a lentos bocados sus labios, para enredarte cual serpiente inquieta a su torso de dios descubierto. Y estar, los dos, solos, en un mullido sofá estilo bohemio, piel con piel; únicamente acompañados por la sonata de grillos fantásticos.

Oh, cuán esplendoroso sería, si tan sólo una vez, sus orbes pozo sin fondo te vieran como mujer y amante innata. Como novia virgen y pura decorada con blancos retazos de tela y campanadas de una iglesia.

(Esperando por ti en el altar, este y un millón de años más

porque te amo de aquí a lo más lejano

y soy tu Venus del Milo, pintada grácilmente con la tinta bermellón de tus lágrimas escharchadas en sangre).

Y continuas divagando, escondida en lo más remoto de tus pensamientos de poeta mal pagada, porque sólo en ellos ambos son felices juntos y resplandecen de felicidad. Tanto que el sol cree ser mediocre en luminiscencia, y aunque dudas de la existencia de esa palabra optas por dejarlo pasar, y sigues con el largo sendero de la vida auto impuesto. (Todo continua igual, con la misma exactitud incluso en tu mirar.)

¿Cuán estúpido llega a ser el amor? Te cuestionas, y lo ves, y la respuesta vuela por el aire, como la música a todo volumen y los cuerpos enredados en un juego de pasión, recordándote una épica batalla entre el bien y el mal.

(Es sumamente estúpido).

Un travieso hilo de cabello se escapa detrás de tu oreja al momento en que un compañero grita en ton y son de guerra y él abandona tus ojos salpicados en agua clara invisible para unirse al recién formado bullicio.

Maldices en voz baja —como solo una dama saber hacer— y acomodas de vuelta al odioso cabello en donde va. Prefieres continuar el suicidio contra tu corazón incomprendido en la quietud de la noche y te retiras. Dando por terminada la sesión diaria de observar fijamente y sin disimulo a al hombreperfecto.

Y repites que todo está bien, desechando la absurda pero tentadora idea de borrar tu amor, como has venido asegurando desde que lo conociste por casualidad. Y es que es imposible, como que el chocolate sepa a hierro, o caiga nieve en un desierto acalorado.

No amarlo es lo único que no puedes permitirte hacer, mas las lágrimas y sollozos ahogados no serán en vano. Porque sabes con seguridad —vaya que sabes— que si bien no se congela en pasión al estar a su lado (aun), en un par de minutos, horas, días, semanas o años sí que lo hará y tú, devota a tu corazón inmenso como el mar, corresponderás ese tan ansiado sentimiento.

Y confirmarás por ti misma que el final feliz si existe, más real que nunca. Y sonreirás hasta que te duela, y amarás hasta que te duela.

Después de todo… tu corazón cuenta todavía con mil latidos más para regalar.

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end