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«CUATRO CARTAS PARA ALMA»

Por Phaenna.

Uruguay, 24 de Octubre de 2012.

Hoy descubrí que existías. No tengo mucho que decirte, dado que me quedé muda. No te esperaba. No sabía que podrías llegar tan pronto. Y, sin embargo, aquí estás. ¿Por qué llegaste sin avisar? O quizá lo que ocurrió fue que avisaste demasiado tarde, cuando ya estabas aquí. ¿Qué otra cosa puede pretender tu tonta madre?

Porque sí, soy tu madre. Soy madre, y la palabra me produce escalofríos. A decir verdad, no esperaba referirme a mí como tal hasta dentro de muchos años. Veinte, por lo menos. Bueno, quizá no tantos, pero... Sí, sí, veinte años. ¿Acaso no hay mujeres que tienen hijos a los cincuenta años en esta época? ¿Por qué yo no podría tener un hijo a los cuarenta?

Nunca esperé tenerte a esta edad. A diferencia de muchas, no me imaginaba tu llegada cuando era niña; no jugaba a ser madre esperando que algún día te convirtieras en realidad. Para ser sincera, no te prefería. Siempre opté por quedarme en el presente. Ya tendría hijos más adelante, me decía. Y ese día llegó.

Estás acá. ¿Qué puedo hacer ahora? Solo comenzar a aceptarte de a poco. No me pidas más, por favor. Sé que soy tu madre, sé que sos mi hijo y que te he de querer. Es más, ya te quiero. Pero no puedo, de un día hacia el otro, cambiar radicalmente toda mi vida, lo que ya tenía armado y estructurado. Es complicado. Quizá aún no lo puedas saber, pero ya lo entenderás.

Ahora la que quiere entender soy yo. ¿Cómo paso? Sí, sí, ya sé cómo pasó... Pero sigo sin comprender cómo puede crecer una vida a partir de una noche diferente. No me siento irresponsable, tal como me tachó mi mejor amiga. Sé que no lo soy. ¿Una noche? Al menos fue una. Y al menos decidí encargarme de vos.


Uruguay, 24 de Noviembre de 2012.

Hoy te vi por primera vez. El médico dice que sos esa cosa negra en medio de más cosas negras. Yo digo que sos lo que está dentro de mí y punto. ¿Para qué preciso verte si puedo sentirte? Aún no te movés mucho, claro; y si lo hacés, no me doy cuenta. Pero sí te puedo sentir, comprender esa relación que tenemos.

A pesar de eso, me emocionó verte. En cierta forma, es como una postal al mundo: yo siento tu presencia, pero con esa imagen puedo mostrarte a todos. ¿No es emocionante?

Bueno, lo admito, quizá no tanto. Tus abuelos no se van a alegrar mucho con la noticia; no van a suplicar para que les deje una copia de la instantánea de la ecografía. Y tu padre... Tu padre aún no atiende razones. Pero ya lo hará, te lo aseguro. Tendrás un padre cueste lo que cueste, porque ese es tu derecho: tener una familia que te ame.

Me resulta extraño pensar que ya tenés tres meses de vida. Tres meses en los cuales todo tu mundo fui yo. ¡Y solo quedan seis más! Me estoy volviendo adicta a vos. Todo mi día gira en torno a hablarte, a pensarte, a sentirte. ¡Cómo ha cambiado todo desde que me enteré que estabas acá conmigo! Y qué lejos quedaron aquellos momentos en los cuales quería escaparme del mundo como una adolescente rebelde.

A mis veinte años, debería haber comprendido que en la vida uno ha de crecer. Debería haberlo hecho antes de que llegaras vos a exigírmelo a gritos silenciosos. Pero no te preocupes: ya lo hice. Ya comprendí mi lugar. Solo me queda seguir estudiando, conseguir un trabajo, y darte la mejor vida que se le puede dar a un niño; la vida que te merecés.


Uruguay, 24 de Diciembre de 2012.

Hoy lo logré. Tu padre al fin accedió a verte. Ya van cuatro meses que estamos juntos, solo vos y yo... Era hora de añadir un tercero a esta ecuación. Pasaremos Navidad juntos con toda mi familia, y él quiso venir con nosotros. Dice estar arrepentido de no haber estado con nosotros antes, pero no importa. Lo hecho, hecho está.

Es tiempo de seguir adelante.

La Navidad me da mucha nostalgia, pero también mucha emoción por el futuro. ¡La próxima Navidad que festejemos te tendré en brazos! Qué ganas que tengo de abrazarte, por Dios. ¿Quién hubiera dicho que iba a llegar a quererte y a anhelarte de la forma que hoy lo hago?

Cuando me enteré de tu existencia, te quise. Y cada día desde aquel momento te voy queriendo un poco más. No me imagino cómo evitará mi corazón explotar cuando finalmente estés conmigo, después de otros cinco meses, pero no importa. Todos seremos felices.


Brasil, 24 de Enero de 2013.

Hoy supe qué eras. ¡Una niña, por supuesto! Casi que lo daba por sentado, pero preferí esperar la confirmación. Me emociona tanto, pero tanto. Quiero salir ya a comprarte moñas, vestidos, hacerte peinados y jugar a las muñecas juntas... Lástima que por el momento no va a poder ser.

Viajé al país vecino, aunque no debería haberlo hecho. No estaba bien de salud al momento de hacerlo, y sigo sin estarlo. Estoy en un hospital, aunque no sé cuál. Tu padre no está conmigo, dado que insistí en viajar sola. Lo necesitaba... Y estas son las consecuencias.

Me dijeron que estás bien, mejor que yo, aunque la verdad es que lo dudo. ¿Cómo podrías estarlo, cuando yo ni siquiera me puedo levantar de esta cama? Es horrible... Todo esto es horrrible.

Todo el dolor, la frustración, las nulas esperanzas de salir de aquí... Jamás lo hubiera pensado. Todo se dio vuelta de un instante al otro, y ni siquiera me percaté de ello. En realidad sí, lo hice hace mucho, pero decidí ignorarlo. No me preguntes por qué. Me odio por esa razón. Te puse en peligro, y es algo que no me perdonaré jamás.

Llevo conmigo las demás cartas en una libreta. No sé por cuánto tiempo más podré escribrir, pero sí sé que no hasta el día en que nazcas. No tengo fuerzas, no tengo aire... Ya no me queda nada más.

Solo espero que algún día las recibas. Que cuando yo no esté —porque seguramente no estaré— las leas y me sientas cerca.

No sé si me iré. No sé si te dejaré sola. No sé si tú estarás al lado mío cuando yo cierre los ojos. En este momento, no tengo nada seguro. Pero te amo, eso sí que lo sé. Espero que me leas... Espero que sientas por mí lo mismo que yo siento por ti. Espero que te salves. Espero que sobrevivas a este mundo cruel, donde en un segundo la vida puede cambiar de blanco a negro. Espero que seas feliz.

Espero que en estas pocas cartas que logré escribirte sepas cuánto te amo, Alma mía.