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I

El camión de la mudanza estaba casi vacío, Baldur llevaba las últimas cajas al interior de la nueva casa. Su esposa Ruth estaba en la cocina acomodando los utensilios, abriendo las cajas y guardando los objetos en los gabinetes. El hijo de los Hauslet, Isaak, estaba inspeccionando la casa nueva. No se parecía en nada al departamento que habían abandonado, su nuevo hogar era más espacioso y los grandes ventanales hacían las habitaciones luminosas.

—¿Te gusta Alois?— preguntó el niño mirando al muñeco de acción que sostenía en su mano —A mi también.

—Isaak, ¡la cena está lista!— gritó Ruth desde la cocina.

El niño se apresuró a bajar las escaleras y al llegar a la primera planta, se paró en seco. Una chica, que él no conocía, estaba parada a lado del sofá, observando hacia la puerta del comedor, donde Baldur y su esposa estaban sentados esperando a su hijo.

—Hola— saludó el pequeño.

La chica se sobresaltó y se asustó al ver que alguien la había visto. Sin responder al saludo, se dio la vuelta y se alejó corriendo. El niño se encogió de hombros y alcanzó a sus padres.

II

Después de bañarse, ponerse el pijama y lavarse los dientes, los señores Hauslet arroparon a su hijo y le dieron un beso en la frente. El pequeño se acomodó en la cama, abrazando a Alois, su muñeco, antes de cerrar los ojos y quedarse dormido.

Ya entrada la noche, sintió la extraña sensación de ser observado. Pensando que podía haber sido un sueño, se removió un poco en la cama y finalmente abrió los ojos. Parpadeó varias veces para acostumbrarse a ver en la oscuridad y la vio, la chica que estaba en su sala de estar. Antes que el niño reaccionara, la chica habló.

—¿Puedes verme?— preguntó ella.

El niño asintió confundido, sin entender a lo que se refería ella.

—¿Cómo te llamas?— preguntó la chica.

—Isaak— murmuró el pequeño —¿tú?

—Gretchen.

Un incomodo silencio siguió a las presentaciones, hasta que el niño le preguntó por qué se quedaba en su casa. La chica miró hacia sus manos un largo rato antes de abrir la boca.

—Me gusta aquí.

El niño se sentía confundido. ¿No le gustaba estar en su casa a Gretchen? Seguro que sus padres estaban preocupados por las continuas escapadas de la chica, pero ella aseguraba que no. No pudo pensar más en eso, pues el sueño se apoderó de él.

III

Un mes después

Isaak se dio cuenta rápidamente que era el único al ver a su amiga. Lo descubrió un día cuando estaba jugando con ella en su habitación. Su madre había entrado con la bandeja de la merienda, había dejado el vaso de jugo y un panecillo y se había alejado sin decir nada, ajena a la presencia de Gretchen.

—¿Por qué yo puedo verte?— había preguntado Isaak.

—Eres especial— había respondido ella.

Desde entonces, el niño subía a su habitación en cuanto llegaba a casa, se encerraba durante horas jugando con la chica y no aparecía hasta la hora de la cena.

Una noche, justo cuando Isaak bajaba a cenar, Gretchen apareció a su lado, comentando sobre el delicioso olor de las albóndigas que llegaba hasta las escaleras. Le contó que cuando era pequeña, su madre se las preparaba especialmente para ella, dado que eran su comida favorita, y siempre le servía un trozo de pan de centeno extra en el plato. El niño invitó a la chica a sentarse en la mesa junto a él, para que pudiera disfrutar del platillo.

Estaban comiendo, cuando Isaak le preguntó a Gretchen por qué no comía. Baldur y Ruth se miraron, antes de preguntarle a su hijo con quién estaba hablando. Isaak ignoró a su amiga que le decía que se quedara callado y contestó a sus padres.

—Con mi amiga Gretchen.

El hombre observó fijamente al niño, antes de darle una mirada a su esposa indicándole que saliera de la habitación. Baldur se levantó y siguió a su mujer hacía la cocina. Isaak se levantó de la mesa y se acercó con sigilo a la puerta donde habían desaparecido sus padres, para poder escuchar a escondidas.

—Debemos llevarlo con el doctor Gottlieb— decía su padre.

—Cariño, es normal que los niños de su edad tengan amigos imaginarios— protestaba su madre.

—No me interesa, puede tener lo mismo que tu hermana. Lo vamos a llevar mañana.

—Baldur, Ada es esquizofrénica y se portaba muy diferente a Isaak cuando era niña, estoy segura que es algo pasajero— intentó defenderlo Ruth.

—Que lo decida el doctor.

Dicho eso, el hombre se encaminó hacia el comedor para volver a la cena, que ya se había enfriado. Isaak regresó a su asiento rápidamente, fingiendo no haber escuchado nada. Mientras, pensaba en que podía haber dicho para que pensaran que estaba enfermo como la tía Ada, que desde que tenía memoria, había estado encerrada en un hospital.

—Todo saldrá bien— dijo la chica sacándolo de sus ensoñaciones.

IV

—¿Y bien, Isaak?— preguntó el doctor Gottlieb ajustándose las gafas.

El niño miró al hombre con el ceño fruncido, sin entender porque le estaba haciendo tantas preguntas. Sus padres estaban al otro lado de la puerta, esperando a que terminara la hora de la consulta, para averiguar que le pasaba a su hijo.

—Solo trato de ayudarte— volvió a hablar el adulto al ver que el pequeño seguía sin decir palabra.

Silencio. El niño no había abierto la boca desde que había entrado. El doctor soltó un suspiro de cansancio y decidió jugar su última carta.

—Está bien, vamos a hacer un trato. Me contestas la próxima pregunta y te dejo volver con tus padres.

El niño se lo pensó un momento, pero al final asintió. El doctor sonrió satisfecho, tenía una única pregunta para sacar algo de información de esa visita y no la desaprovecharía.

—¿Puedes ver a tu amiga?— al ver la confusión en el rostro del niño, se explicó —Me refiero físicamente, o ¿solo la ves en tu imaginación?

—Por supuesto que la veo, juego con ella todos los días— exclamó ofendido Isaak.

El doctor asintió satisfecho y le indicó que podía irse. El pequeño se levantó de un salto y corrió hasta la puerta. Su madre lo abrazó al verlo, mientras su padre se acercaba al doctor para saber cómo le había ido al niño

V

—¿Por qué tengo que volver?— preguntó Isaak mirando a su madre.

—Porque estás enfermo— lo cortó Baldur —Pero el doctor Gottlieb, te va a curar.

—Cariño, solo te vas a quedar unos días en observación— le dijo Ruth con dulzura —El domingo vuelves a casa.

El niño no estaba muy convencido con esas pequeñas "vacaciones", pero sabía que no podía oponerse si era lo que su padre quería. La mujer se levantó del sofá y guió a su hijo hasta el dormitorio, para preparar la ropa del niño.

Al entrar, fue directa hacia el armario, sacó el bolso y lo apoyó sobre la cama. Isaak observó a su amiga sentarse en la esquina de la cama para ver la escena, pero cuando el pequeño abrió la boca para saludarla, ella le indicó que guardara silencio. Él asintió y volvió a prestar atención a su madre.

La mujer le explicó que no tenía nada que temer. Su padre estaba asustado ante la posibilidad que Isaak tuviera la misma enfermedad que la tía Ada y simplemente quería asegurarse de hacer todo lo posible para que estuviera bien. Le comentó que esos días se quedaría en la clínica del doctor Gottlieb donde los médicos pudieran verlo y revisarlo y, en caso de ser necesario, curarlo.

El niño escuchó resignado todo lo que la mujer le decía y cuando el bolso estuvo listo, bajó las escaleras junto a su madre, listo para ir con el doctor.

VI

La habitación que el doctor Gottlieb le enseñó, no tenía nada de especial. Tenía las paredes blancas, una cama de hierro con sabanas también blancas, un pequeño tapete sobre el cual estaba una caja con juguetes y un pequeño armario.

Una enfermera lo llevó al interior y le ayudó a acomodar sus pertenencias, mientras el niño se ponía el pijama. Una vez listo, lo dejó para que pudiera jugar y salió del dormitorio, cerrando la puerta tras de sí. Dio vuelta al pasillo y entró a otra habitación, donde el doctor y todo su equipo médico observaba, a través de las pantallas de la videovigilancia, todos los movimientos del niño.

—¿Usted cree que el niño está enfermo?— preguntó la enfermera que no despegaba la mirada de la imagen.

—No parece un caso de esquizofrenia— respondió calmado —aunque el padre está convencido que necesito examinarlo a fondo.

Las enfermeras soltaron unas risitas ante lo dicho por el doctor.

—De todas formas, creo que inventó al "amigo" solo para llenar el vacío que tiene. No es el primer caso de un niño que no recibe la atención adecuada por parte de sus padres y decide escapar de esa realidad.

La enfermera que había acompañado al niño, asintió de acuerdo con lo dicho por el hombre y siguió observando a Isaak, que estaba jugando.

En la habitación del pequeño, Isaak se sentía más solo que nunca. Se había acostumbrado a jugar siempre con Gretchen que no recordaba cómo había podido estar tanto tiempo sin ella. Había estado acostumbrado a jugar sin compañía durante años, pues sus padres nunca habían compartido ese tiempo con él, pero ahora todo había cambiado y odiaba pensar que tenía que volver a lo de antes.

Gretchen le había asegurado que lo estaría esperando en su habitación para jugar una vez saliera de ahí, así que iba a portarse bien para poder regresar pronto a casa.

VII

En la causa de los Hauslet, el silencio reinaba, lo único que se escuchaba, era el sonido del plumero al pasar por los muebles. Ruth estaba haciendo la limpieza mucho más despacio que de costumbre y se distraía con facilidad.

Había sido un error permitir que su esposo llevara a su hijo durante unos días a la clínica, pero no había podido hacer nada. Él podía ser un poco testarudo cuando se le metía una idea a la cabeza.

Llegó a la habitación de Isaak y comenzó a limpiar, cuando se fijó en un dibujo que había en la mesa. Lo tomó y sonrió al ver a su pequeño junto a su supuesta amiga. Pasó los dedos sobre las figuras, como si con eso pudiera sentir más cerca a su hijo. Dejó el papel donde lo había encontrado, sin percatarse que Gretchen la estaba viendo desde la cama, y salió.

VIII

Dos días más tarde, Baldur salió de la casa con una enorme sonrisa. El doctor Gottlieb lo había llamado en la mañana temprano, dándole la mejor noticia. Su hijo no tenía ningún problema mental y él podía ir a recogerlo.

En cuanto llegó a la clínica, el niño se le lanzó en un gran abrazo, feliz también de poder volver. El doctor platicó durante unos minutos sobre el diagnostico del pequeño, haciendo énfasis en tratar de pasar más tiempo con el niño, para así evitar tener ese comportamiento. Le aseguró que su hijo se portó como cualquier otro niño, sin ningún signo de disturbio y le enseñó los videos de vigilancia para que no le quedara ninguna duda.

Más feliz que nunca tomó el bolso, le dio la mano a su hijo y se encaminó hacia el coche.

Mientras padre e hijo viajaban hacia su hogar, Ruth estaba preparando una pequeña sorpresa para su niño. Adornó la sala con algunos globos y preparó un pequeño pastel de bienvenida. Se paró frente al espejo de la entrada para arreglarse un poco, pero se dio vuelta rápidamente al ver reflejada una chica detrás de ella.

Miró confundida el lugar donde supuestamente estaba, pero ahí no había nadie. Cerró los ojos y soltó un suspiro, intentando calmarse. Al volverse hacia el espejo, la chica seguía ahí. A pesar de estar aterrada, no tardó mucho en reconocer a la chica como la amiga que su hijo había dibujado. Se llevó una mano a la boca reprimiendo un jadeo, cuando se dio cuenta de lo que eso significaba.

—¿Eres real?— preguntó en un susurro, pero la chica escuchó y asintió.

"Oh por Dios, oh por Dios" un torbellino de pensamientos cruzaron por la mente de Ruth "existe, es un fantasma". Sin poder moverse debido a la sorpresa, siguió mirando a Gretchen.

—¿Moriste aquí?—murmuró, armándose de valor y rompiendo el silencio.

Gretchen negó con la cabeza y le indicó con el dedo la calle que pasaba frente a la casa. "Un accidente" pensó la Señora Hauslet.

—¿Piensas… —la mujer reprimió un sollozo— ¿Piensas lastimar a Isaak?

La chica volvió a negar con la cabeza y Ruth soltó el aire que había estado reteniendo sin darse cuenta. No podía saber si decía o no la verdad, pero la amiga de su pequeño parecía inofensiva y, además, no podía hacer nada contra ella. ¿Cómo se suponía que alejara de Isaak algo que no existía? ¿Algo que ya murió? Solo le quedaba esperar que Gretchen dijera la verdad.

El sonido del coche estacionándose en la entrada, la sacó de sus pensamientos. Miró a Gretchen por última vez y se dirigió hacia la puerta, aún con el corazón acelerado.

—¡Isaak!— gritó ella alegre.

—¡Mamá!— exclamó el niño corriendo hacia ella.

La mujer le dio un gran abrazo y un beso en la frente, contenta de tenerlo en sus brazos de nuevo. Volvió a estrecharlo una vez más y le susurró al oído.

—No le digas a papá que ella está aquí. Será nuestro secreto.

Por nada en el mundo permitiría que su esposo volviera a encerrar a su hijo en la clínica de un psiquiatra. El niño asintió con una gran sonrisa, antes de abalanzarse sobre el pastel, como si nada hubiera pasado.


Notas:

Siempre pensé que los niños son más especiales que los adultos y pueden ver cosas que los demás no. Y un día, platicando con mi cuñada, pensamos que quizás no todos los "amigos imaginarios" sean tan imaginarios como queremos creer. De ahí surgió la idea.

Cualquier inexactitud con el tema del psiquiatra… bueno, no sé nada sobre eso, así que les pido una disculpa si escribí tonterías.