CAPÍTULO 9

Esa tarde había tenido otra clase antes de la de Francisco, por lo que había tenido que tomar el autobús para llegar a tiempo. Caminando las dos cuadras que restaban, miró su reloj de pulsera y sonrió satisfecha; faltaban diez minutos para las cuatro.

Doblando la esquina, divisó la casa y el coche azul estacionado en el frente. Así que él estaba en casa hoy también, ¿eh? Se preguntaba cómo reaccionaría al verla, sí actuaría como si nada hubiese pasado. Después de todo había sido sólo un beso para él.

Estaba por cruzar la calle cuando la puerta se abrió y lo vio salir; pero lo que la detuvo de repente fue que llevaba a alguien de su mano. Eva retrocedió unos pasos, ocultándose detrás de un árbol; agradecida de que ninguno de los dos la había visto.

Daniel guio a la joven hacia el coche, pero ella tiró de su mano, obligándolo a enfrentarla. Melisa murmuró algo y lanzó sus brazos alrededor del cuello de él, sumergiéndose en lo que se veía como un profundo beso. Él la aparto suavemente luego de un momento, pero Eva no pudo ver su expresión ya que estaba de espaldas a ella. Tomó su mano nuevamente y la ayudó a subir al coche, luego subió él también y dijo algo que la hizo suspirar; ella le apoyó su cabeza en el hombro mientras se iban.

Eva se forzó a no llorar. Apoyó su frente en el árbol, tomando una profunda respiración; ella no iba a llorar. Había sido sólo un beso y ella estaba bien con eso. No necesitaba más.

¿Por qué habría insistido en que no volvería con Melisa? Debió suponerlo, de todos modos. Fran le había contado que él había estado con otras chicas en sus distanciamientos de la relación; y seguramente habría hecho algo mucho más intenso que sólo un beso, ¿por qué debería sentirse especial?

Ella sacudió su cabeza, reprimiendo las lágrimas. Se había prometido a sí misma que nunca le volverían a romper el corazón, especialmente él. Debía tomarlo por lo que había sido, sólo un beso, y olvidar que alguna vez sucedió. Ella ya había sido capaz de aplacar sus sentimientos una vez y podía hacerlo de nuevo, aunque ahora fueran más fuertes que antes. Pero era sólo su culpa, ella no debería haberle permitido acercarse; no importaba cuánto había deseado hacerlo.


No había podido conciliar el sueño; la situación reproduciéndose una y otra vez en su mente.

Afortunadamente Fran había sido comprensivo con ella, había notado su estado de ánimo y luego de que ella le comentara lo que había presenciado, había tratado de tranquilizarla. Le había dicho que su hermano realmente quería terminar las cosas con ella. Pero Eva no sabía qué creer, ya que había visto al muchacho oponiendo poca resistencia al beso de la otra joven, ni se había molestado en apartarla cuando ella se le acercaba.

Estaba debajo de las sábanas, intentando dormirse, cuando su teléfono sonó indicándole que había recibido un mensaje.

"Lamento no haberte encontrado hoy, quería verte."

Escondió su celular debajo de la almohada, maldiciendo por lo bajo. Por supuesto que él quería verla, seguro para hablar con ella; habría querido decirle que estaba con Melisa otra vez, que su beso no había significado nada y que no quería que tuviera una idea equivocada de las cosas.

Debía haberlo sabido. Pensó que quizás lo mejor sería ignorarlo, aunque por dentro se sintiera desilusionada y herida. ¿Por qué lo había dejado acercarse? Ahora sería mucho más difícil olvidarse de él. Sin embargo, debía tratar con él por el resto del año, por lo que ignorarlo no era una opción muy viable. Tenía que apegarse a su plan original y demostrarle que no le afectaba en lo más mínimo la situación.

Media hora más tarde, decidió responderle.

"Lo siento, estaba ocupada. Hay otros chicos que también demandan mi atención."

Su respuesta tardó unos segundo en llegar.

"Ah, eso es comprensible, aunque debería decirte que no me agrada compartir."

Su rostro se iluminó con una sonrisa a pesar de sí misma, no podía creer que el idiota aún coqueteara con ella.

"Tampoco a mí, aunque no veo porqué sea eso relevante."

"Oh, lo es. Así que, ¿puedo tener toda tu atención mañana?"

Decidió darle una vía de escape y terminar las cosas ahora, prefería eso a tener que verlo a los ojos mientras la rechazaba.

"Estoy ocupada, además no quisiera causarte problemas con tu novia."

"No tengo novia, oficialmente, así que nada de qué preocuparte. ¿Puedo verte mañana?"

¿Qué? ¿Habría sido por eso que él había estado con Melisa, para terminar todo definitivamente? Recordó haberlo oído decirle que hablarían cuando ella regresara, tal vez se había referido a terminar la relación de una vez por todas. No pudo evitar sonreír como una tonta.

"Puedo quedarme un momento luego de la clase de Fran, si realmente es importante."

"¿Estás insinuando que pasar tiempo conmigo no es importante?"

"Tenemos un pequeño ego, al parecer."

Eva dejó escapar una risa, ese muchacho era imposible.

"Uno que tú insistes tanto en destrozar. En fin, ¿serás sólo mía mañana?"

Lo he sido desde el primer momento en que te vi… Pensó amargamente.

"Nunca. Pero puedo quedarme unos minutos. Buenas noches, Daniel."

"Tan malvada… Descansa, princesa..."


Se veía tan bonita hoy. Su cabello estaba sujeto en una coleta alta, lo que le daba un aspecto más juvenil, rebotando por doquier mientras reunía sus cosas en la sala.

Se había dado cuenta de que ella era especial desde el momento en que la conoció. Sabía que sería difícil mantenerse alejado de ella, había algo en esa joven que lo llamaba; una dulzura oculta detrás de su exterior áspero y serio que lo intrigaba y quería descubrirla.

El principal obstáculo que le impedía acercarse a ella había sido Melisa, pero para su suerte las cosas se habían aclarado entre ellos. Habían tenido una larga charla, ella había llorado mucho e incluso él se había emocionado un poco, pero finalmente su exnovia había entendido que ya no estaría con ella de esa manera. Al menos habían quedado en términos amigables y ella había parecido estar bien.

Ahora los únicos obstáculos eran sus propios miedos. Él sabía que no podía ofrecerle mucho, al menos no aún, pero intentaría darle todo lo que pudiera; y tal vez, sólo tal vez, llegarían a mucho más.

Daniel se acercó a ella, aclarando su garganta. Su hermano le lanzó una sonrisa cómplice antes de desaparecer por las escaleras.

— Bien, señor Ponce, —dijo ella coquetamente, recargándose sobre la parte trasera del sofá—, usted y su ego tienen dos minutos enteros de mi tiempo. Aprovéchenlos.

— ¿Sólo dos minutos? ¿Acaso esos otros chicos no pueden esperar un poco más?

— No cuando están pagando por sus clases, sabe usted.

Una sensación de alivio le recorrió el cuerpo al comprobar que sólo había estado hablando de sus alumnos. Por supuesto que había supuesto que lo hacía, pero una leve sospecha se había instalado en él de que quizás hubiera alguien más en quien ella podría estar interesada.

— Un pequeño pajarillo me ha contado que hoy no tienes otras clases, por lo que asumo que puedo monopolizar el resto de tu tiempo.

— Ah, ese pequeño pajarillo va a morir mañana.

Él se le acercó, tildando su cabeza a un lado, provocando un suave sonrojo en las mejillas de ella. Se mordió el labio, intentando descifrarla. La manera en que lo evitaba, aún ahora, era inexplicable para él. Por momentos parecía que quería apartarlo, y podía ver cierta tristeza en su mirada; en ocasiones podía ver cierta añoranza, como si deseara que él se acercara pero no quisiera hacerlo; pero sabía que le gustaba. Definitivamente se sentía atraída hacia él. Sencillamente lo confundía, y lo intrigaba aún más. Quizás era esa manía de alejarlo lo que lo tenía tan atrapado, siendo un gran contraste con la relación que había tenido antes. Quizás esta vez…

— ¿Eso quiere decir que eres mía por el resto de la tarde?

— ¿Hay alguna manera de librarme de ti?

Él negó con la cabeza, su sonrisa ensanchándose.

— No te será fácil. Aunque debo admitir que es la primera vez que alguien me hace esforzar tanto.

— Bueno, discúlpame por no ser un charco de baba a tus pies. —Resopló ella, rodando sus ojos.

— Disculpada. —Su sonrisa fue más grande al verla estrecharle los ojos—. Ahora, cuéntame cuál es la mejor manera de aprovechar este valioso tiempo contigo. —Tomó su mano y la besó, disfrutando de la suave piel que recibió sus labios. Fue recompensado con un brillante tono rojizo en el rostro de la joven.

— Ah, habría pensado que tendría algo extraordinario planeado para demostrarme cuán importante es pasar mi tiempo con usted. Mi error. —Ella le dio una sonrisa socarrona mientras aún sostenía su mano, entrelazando sus dedos con los de él.

— Cualquier actividad que lograra planear resultaría opacada por el sólo hecho de estar en tu presencia. Aunque hay algunos pasatiempos que definitivamente me encantaría compartir contigo en algún momento. Repetidamente.

El estridente sonido de su risa fluyó por sus oídos, deleitándolo. Se sintió orgulloso de haber provocado eso en ella.

— Nunca creí que alguien tan apuesto pudiera ser tan listo a la vez.

Eva frunció su boca y miró hacia otro lado, como si se reprochara haberlo dicho. ¿Por qué se negaba tanto a admitir que le gustaba él?

— Lo mismo digo, —susurró él, tirando de su mano para acercarla a su cuerpo—. Me encanta que siempre tengas una respuesta para cada idiotez que digo.

— Bien, al menos lo reconoces. —Lo miró nuevamente, humor en sus ojos. Él se atrevió a rodear su cintura con su brazo, sus rostros acercándose más.

— ¿En verdad debo pedir permiso? —Disfrutó al ver su sorpresa, y pudo detectar el deseo en su mirada. En ese momento supo que no tenía que hacerlo.


Tener sus labios en los de ella nuevamente era increíble. Parados uno frente al otro, con su firme brazo sosteniéndola y su cálido pecho recibiéndola, era totalmente asombroso. Él profundizó el beso, su lengua invadiendo suavemente su boca, lento y dulce. Ella dejó escapar un gemido sofocado, su cerebro parecía estar en corto circuito.

Tomó toda su fuerza de voluntad el apoyar sus manos sobre su fuerte pecho y empujarlo lejos.

—Daniel… —Protestó en un murmullo, pero él no la dejo ir.

— ¿Qué sucede? —le frunció el ceño. Se veía adorable con esa mirada confundida en el rostro.

— Tú aún… He visto a Melisa ayer. No creo…

— Oh, es eso, —la interrumpió—; ella regresó antes de su viaje, y yo le había prometido que hablaríamos en persona. Sólo apareció aquí, ya sabes como es.

— ¿Hablar sobre qué?

— Necesitaba hacerle comprender que ya no estaríamos juntos como ella quiere —suspiró él, acercándola con sus brazos alrededor de su cintura.

— Pero ayer…

— Eva, ya no quiero estar con ella; habíamos terminado antes de que se fuera con su padre, pero ella no quería aceptarlo. Necesitaba aclararle las cosas de una vez por todas.

— Entiendo… —una tímida sonrisa se asomó a sus labios.

— Así que, mi ego y yo estamos completamente disponibles para ti.

— ¿Y qué te hace pensar que los quiero?

Él le sonrió y capturó su boca con la de él apasionadamente, reclamándola. Se perdió en el intenso beso, rodeándole el cuello con sus brazos; no pudo resistir pasar sus dedos por su cabello alborotado, gimiendo ante su suavidad. ¿Cómo un chico podía tener el cabello tan suave?

Fuertes manos masculinas recorrieron su espalda, presionándola a un firme cuerpo; Daniel tomó su nuca e inclinó su cabeza, haciéndola perderse en las sensaciones. Su corazón parecía a punto de estallar, sus piernas se sentían inútiles, los brazos de él siendo lo único que la mantenían de pie.

Se apartó de ella suavemente, dejando escapar un suspiro satisfecho. Eva soltó una temblorosa expiración, sus ojos abriéndose apenas para observar su rostro y sonrió; aparentemente él estaba igual de afectado que ella.

— Esto es lo que me hace pensarlo —dijo en un murmullo ronco, lamiendo sus labios con aprobación.

— De acuerdo, es posible que tu ego y tú me agraden, sólo un poco.

— No creas que me conformaré con eso, pero está bien por el momento.

— Daniel —le llamó suavemente, bajando las manos a su pecho—, no puedo evitar preguntarme con qué te conformarás entonces. —Le insinuó, intentado descifrar a dónde iba todo esto.

— Quiero estar contigo Eva. Me gustas, mucho. No puedo ofrecerte mucho ahora, pero me gustaría intentarlo.

Ella bajó la mirada, calor esparciéndose por sus mejillas. ¿En verdad estaba él diciéndole eso? ¿Cuántas veces había soñado con escucharlo?

— Pero acabas de salir de una relación… No quisiera…

— Lo sé, y estoy bien con eso. Sólo iremos despacio, ¿de acuerdo? Ya deja de ser tan terca y di que quieres estar conmigo.

La joven dejó escapar una risa, sorprendida por sus palabras. Elevó su mirada a la de él y pudo ver la incertidumbre y el deseo allí.

— ¿En verdad quieres estar conmigo? —Él rodó sus ojos y asintió, ¿acaso no había sido claro?— Bien, entonces. Mientras vayamos despacio, creo que puedo hacer el esfuerzo y pasar tiempo contigo.

— Por supuesto que quieres, no entiendo por qué eres tan obstinada en negarlo.

— Pues estoy comenzando a cambiar de idea.

— Lo siento, princesa, ya has dicho que eres mía.

— Puedo retractarme. —Amenazó mirándolo de soslayo.

— ¿Y romperme el corazón? ¿Acaso eres tan cruel?

— Oh, así que ahora quieres hacerme sentir culpable.

— Sí es lo que funciona…

Eva rio, negando con la cabeza. Lo abrazó nuevamente, disfrutando de su cercanía.

— Lamentablemente sí.


Gracias por leer, espero que hayan disfrutado el capítulo =D