Oro por Plata.

Vacío, eso era lo que sentía y vivía toda su vida, su alma, su mente, su vida, todo eso estaba vacío, no había nada, no sentía nada, ni odio, ni amor, ni orgullo... Ni felicidad, nada, solo estaba el, su conciencia, y su cuerpo. Era algo que ya se había acostumbrado, desde el día en que escapo de ese orfanato tan mugriento e inmoral, ese lugar, era horrible para él; había visto la cara de la maldad en persona, solo había odio y terror. Nunca llego a conocer a sus verdaderos padres, no recordaba ese día, en que todo acabo para el: Sus padres, lo habían abandonado en ese escabroso y tétrico lugar. No recordaba ningún momento con sus padres, solo recordaba a esa mujer, esa mujer de mediana edad, que lo recibió de una forma no muy agradable, con odio. Siempre se metía en problemas, robando a las parejas que llegaban para poder adoptar a uno de los niños. Les robaba el dinero y las joyas que portaban, se les eran arrebatados de los bolsillos por él, con el mayor sigilo que pudiese; era como un fantasma, ninguno se enteraba de sus acciones como pillo aficionado, pero para ser un aficionado, tenía la precisión y la astucia de un fantasma en vida. Solo robaba por diversión, presumiendo en silencio lo que le hacía a las parejas que llegaban queriendo adoptar a uno de los niños que vivían en ese lugar. La mayoría de sus compañeros se quedaban atónitos con lo que decía, algunos no le creían, no sin las pruebas necesarias, pero otros amenazaban con decirle a la Madre Superior lo que hacía, pero él era más astuto, chantajeándolos de decir lo que ellos hacían a las espaldas de ella, por esa razón permanecían en silencio. Muchos lo idolatraban, logrando hacer lo que ellos nunca se atrevieron o pensaron hacer en su vida. Pero con el paso de los años, se había aburrido de eso, quería conocer nuevas cosas, quería robar nuevas cosas, esas ilusiones lo llevaron a abandonar ese lugar donde se quedaría para siempre, porque ninguna de las familias preguntaban por el, solo lo veían como si fuera escoria, como si fuera un error enviado para hacer el mal, por esa concreta razón huyo de allí.

Allí estaba, observando las agujas del gran reloj, esperando que marcase la media noche para comenzar su trabajo, solo que daban pocos segundos antes de que las campanas comenzaran a sonar marcando las doce de la noche, mientras la luna se ponía en lo más alto del cielo, hasta que llegaba y a la vez, sonaban las campanas anunciando la media noche. Allí es cuando dio un salto de fe, forzándolo hacer que aterrice en unos de los residuos de las hojas de otoño, saliendo de ellas con sigilo y limpiándose el cuerpo de las hojas de tono dorado oxidado. Poniéndose de cuclillas y caminando con pasos rápidos pero pulcros, hasta llegar a una ventana de color blanco pálido. Mientras desenfundaba la pequeña palanca y la proporcionaba en la pequeña abertura de la ventana, jalando la pequeña palanca hacia arriba para poder abrir la ventana. Logro abrir una pequeña abertura para que sus manos pudieran entrar y poder abrir por completo la ventana. Entro con increíble sigilo y precisión, cerrando la ventana detrás de sí, sin hacer ningún ruido. Comenzó a caminar de cuclillas por la sala para así poder encontrar algo de valor. Logro ver unas monedas, o como le decían en España antes del Euro, Pesetas, logro ver Pesetas en una copa que tenía bordados de oro alrededor de ella. Se acercó a ella en silencio, logro tomarla junto con las Pesetas.

-Lindas monedas, deberían costar una fortuna ya que estas no salen desde hace varios años, y con esta copa, cualquier coleccionista daría una mina de oro con todo esto-hablo para sí mismo mientras observaba el famoso "Producto", que tenía en las manos. Cualquier persona que haya vivido en España en aquellas épocas cuando aún salía la Peseta, la conservarían como un gran recuerdo de su infancia o de una gran época. Aunque no compartía esos mismos sentimientos, así era su trabajo, robar y vender, pero en algunas ocasiones le gustaba conservar algo de su trabajo, y una de esas Pesetas, no estaría tan mal.

Siguió buscando en otras cosas de valor por toda la casa en busca de otros objetos valiosos. Observo un anillo dorado con una joya en el centro, determino que era un rubí. Se acerco a el, tomándolo y mirándolo con asombro. Logro observar en una de las repisas un tenedor y un cuchillo de plata, comenzar a mirarlos fijamente, asegurándose de no perder ningún detalle para verificar si era plata pura, logro darse cuenta de que era plata verdadera. Camino hasta ellos, tomándolos y guardándolos en uno de sus bolsillos, hasta que escucho unos pasos provenir de las escaleras.

-Parece que alguien ha despertado, y mi trabajo terminado-hablo antes de correr con sigilo hacía la ventana de donde había entrado, abriéndola y saliendo con la rapidez en sus piernas.

Miro hacía la casa, una de las luces estaban encendidas, logro mirar el interior de la casa, solo observaba a una pequeña niña, de unos 8 años, frotándose el rostro para poder aclarar su vista y poder observar mejor su entorno.

Quito su vista del cristal, suspirando de alivio al no ser descubierto por la pequeña infante. Comenzó a caminar de cuclillas hasta saltar por las barras metálicas que adornaban y protegía la gran casa. Comenzó a caminar tranquilamente mientras mostraba repugnancia y odio en la mirada que esbozaba su rostro, no sabía porque, pero solo lo hacía, no era por el trabajo, era por algo que no le agradaba en cuanto entro a la casa, era un odio que había salido de lo profundo de su mente, algo que lo había torturado por un tiempo y luego había sido encerrado en un calabozo oscuro y atado con cadenas de hierro, y luego rompiendo las cadenas y escapado del calabozo en donde permanecía retenido.

Camino unas cuantas calles hasta llegar a una pequeña taberna con un cartel donde decía "Gold Drinks". Entro al lugar que parecía no tener muchos clientes, pero no le importaba en lo absoluto el hecho que no hubiera demasiada gente en el lugar, que a veces, se llenaba de personas por una razón que no le interesaba.

Camino hasta la barra, que, extrañamente, no había nadie. Se sentó en uno de las pequeñas silla circulares de madera barnizada, como todas las demás. Mientras apoyaba sus codos en la barra, el encargado se le acerco con medía sonrisa en su rostro.

-Al fin llegaste Aiden ¿Cómo fue el botín de esta noche?-pregunto el hombre con algo de curiosidad.

-No muy prometedor, Alejandro... Aunque, mira la pequeña fortuna de la noche-puso la copa, el cuchillo, el tenedor, el anillo y las Pesetas en la barra, a la vez que el encargado se quedaba atónito y sorprendido por el pequeño robo de su amigo.

-¡¿Son Pesetas!?-pregunto atónito.

-Bueno, aquí dice "Peseta", así que supongo que si-hablo con sarcasmo ante su amigo.

-Sí, si lo siento... Creo que el único que tiene Pesetas en esta ciudad es...-

-El estúpido millonario y dueño de Empresas Spert, John Houser-interrumpió al encargado, hablando con disgusto al pronunciar las palabras.

-Sí. Debiste tener problemas al entrar a la casa, digo, con camaras, rayos de seguridad, perros...-decía mientras le servía un trago al hombre.

-Lo único que fue difícil, fue que un infante casi me detectara in fraganti, pero con suerte escape a tiempo-resumió antes de tomar el Whisky que le había servido su amigo.

-Es increíble como haces todo esto. Debes vivir una gran vida-decía con algo de envidia.

-Tus palabras son mudas. No vivo una vida placentera como el ladrón típico, que cree que por tener millones puede comprarse todo lo que se le dé la maldita gana; ellos solo roban porque creen, que con eso, sus vidas están completas. Pero yo, yo robo porque está en mis venas, robo porque tuve un pasado muy turbio, robo, porque soy bueno en eso. Si, vendo mis productos, pero, nado entre miseria, y también entre abundancia... Robar, es un arte, que no debe ser enseñado ni practicado-hablo mientras su amigo se quedaba atónito por sus palabras.

-Guau, nunca vi las cosas de esa forma... Lo siento-se disculpaba por sus palabras.

-No lo hagas, yo ayudo al ciego, a poder observar mejor su entorno-decía con la misma frialdad de siempre-... Parece que no tienes muchos clientes-

-Sí, hoy no viene mucha gente, es Domingo, y los que vienen son porque tienen problemas, o quieren olvidar un mal rato-apunto a un hombre que sostenía una cerveza con su mano derecha y se tocaba las cabeza con la mano izquierda en señal de que pasaba por un mal momento ahora mismo.

-Debo irme, esto no es suficiente, debo conseguir más-hablo mientras se levantaba de la pequeña silla circular.

-Oye, busca a mi amigo, Dan, él podía hacerte un buen precio por lo de hoy... Vive cerca de ti, a 3 cuadras al norte-informo el hombre.

-Gracias, Alejandro-agradeció mientras se levantaba de la pequeña silla circular, y salía por las puertas del bar.


Escucho el sonido de la caja abriéndose con rapidez, logro observar las joyas y algo de dinero que se encontraban protegidos por la caja fuerte. Saco rápidamente todo los objetos de valor que se encontraba en la caja, lo demás solo eran papeles sin importancia para el. Cerro la caja lentamente, asegurándose de que las bisagras se quedaran en total silencio. Se dio la vuelta para salir del lugar, a la vez que noto un collar que parecía de plata, con un dije circular que adornaba el collar, parecía tener una cruz roja en el centro y una espada en posición de ataque también roja. Camino hacía ella rápido y con sigilo. La tomo con algo de asombro. Miro el collar intrigado con la figura de la cruz, pero dejo de admirarlo cuando escucho pasos rápidos que se dirigían hacia donde se encontraba, escucho la puerta abrirse de golpe, observo la figura que sostenían una arma en su mano, comenzó a disparar el arma. Corrió esquivando las balas velozmente, se escondió detrás de una de las cajas mientras la figura seguía jalando del gatillo del arma. Logro divisar una ventana, la venta de donde había entrado, espero el momento justo hasta que el hombre recargara el arma. Era el momento, corrió con gran velocidad hasta la ventana, haciendo un movimiento de Parkour, salio por la ventana. Comenzó a correr hasta que diviso un callejón, comenzó a correr hasta que vio unas escaleras que llegaban a la azotea del edificio. Subió rápidamente las escaleras hasta llegar a la azotea con cansancio, su corazón palpitaba amenazando con salirse de su posición. Miro al hombre que lo intentaba herir o matar. Comenzó a escuchar al hombre maldiciendo mientras daba golpes a la pared que se encontraba a su izquierda. Sabía que había robado algo de extremo valor para ese hombre, pensó en el collar que le había robado, pero su teléfono móvil interrumpió sus pensamientos, haciendo que contestase con rapidez.

-Aiden ¿Quien eres y que quieres?-pregunto con algo de cansancio y frialdad.

-Aiden, soy yo, Dan. El amigo de Alejandro-respondió el hombre con algo de alegría.

-Si ¿Que quieres, y como conseguiste mi numero?-volvió a preguntar con seriedad.

-Alejandro me hablo de que tienes algo para venderme, y el me dio tu numero. Si es así veme en mi casa, creo que te contó la dirección-se escuchaba algo dudoso ante las ultimas palabras.

-Si, cerca de mi escondite, 3 cuadras al norte-respondió mientras se volteaba hacia atrás.

-Bien, veme cuando quieras, te estaré esperando-hablo antes de colgar el teléfono.

-... ¿Que sera este collar?-se preguntaba a la vez que observaba el collar. Algo no andaba bien, y el lo sabía, podía presentir que algo se acercaba, algo que lo pondría en un gran peligro, pero no se preocupo demasiado, pero el sabía que algo pasara, y no para hacerle la vida mas fácil.


-¿Dan?-preguntaba mientras entraba en el lugar.

-Ah, Aiden. Ven, pasa, pasa-lo incitaba a pasar, a lo cual acepto.

-¿Que demonios es todo esto?-preguntaba con confusión mientras entraba al sitio.

-Esto... Son objetos de hace miles de años que se descubrieron entre 1242, y 1418. Por eso son extraños-respondió mientras agarra un escudo que tenia un corona junto a dos espadas.

-Bien, a lo que vine, te quiero vender esto-saco la copa con los bordados de oro.

-Ah... Una de las copas que bebió el rey de Inglaterra mientras estaba en una conferencia en Kingston con el gobernador de La Habana. Solo se consiguieron cuatro de ellas, y eran ocho-explico mientras tomaba la copa y la admiraba.

-Bien, y también esto-saco el tenedor y el cuchillo.

-... Son los cubiertos que utilizo Juana de Arco en su cena con el Delfín-volvió a explicar mientras los tomaba con admiración y los exploraba por todos lados.

-Ademas, te tengo unas Pesetas-saco las Pesetas poniéndolas sobre el vidrio de la mesa.

-Pesetas, la ultima ves que vi una fue hace años. Ya no salen desde el 28 de Febrero de 2002-veía cada una de las Pesetas.

-Bien ¿Cuanto me das por esto?-preguntaba con seriedad.

-Bueno, con todo... Serían...-fue interrumpido por el hombre que saco de sus bolsillos el collar con dije de la cruz.

-... Esto, no te lo puedo aceptar-decía con algo de miedo en su voz.

-¿Porque?-preguntaba con algo de intimidación.

-Porque, este objeto esta maldito-dijo con el miedo recorriendo sus arterias.

-¿En serio crees en esas estupideces?-decía con burla en su voz.

-No es una broma, este objeto esa maldito... Veras, una vez existió una orden militar, se hacían llamar La Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, o Templarios. Uno de sus fundadores se llamaba Hugo de Payens, el lidero la Orden del Temple, y portaba un amuleto, el cual era este. Así que, para que cualquiera no pudiera portar estos amuletos, hizo un ritual, en el cual, pidió a Dios, que protegiera los amuletos en forma de una maldición, en respuesta a esto, Dios le envió una señal de que lo haría con la condición de que Hugo criara un rebaño de ovejas y les diera de comer carne y de beber vino. Y así fue, los amuletos estaban malditos por el poder de Dios, y si alguien impuro se atrevía a portar uno de estos amuletos, su castigo, sería terrible, y no pisaría ni el cielo, ni el infierno, sino que vagaría como un fantasma por el resto de la eternidad-explicaba con temor.

-Bah, puras estupideces. Bien, sino lo quieres, solo dame el dinero de lo demás-pidió sin ninguna emoción, al lo que el hombre obedeció.

Salio del lugar mientras guardaba el dinero en su bolsillo derecho. Un escalofrío le recorrió el cuerpo, haciendo que parase en seco. Los pelos de la nuca se le erizaron provocando algo de miedo en el, pero no le importo siguiendo su camino. Comenzó a recordar lo que le había dicho el hombre sobre el amuleto. Saco el amuleto mirándolo con seriedad mientras esa palabras se le cruzaron la mente "Esta Maldito".

-¿Sera verdad que esto es maldito?-se preguntaba sin quitarle la vista, sabía que algo iba a cambiar, y no para mejor.