Comenzó a tocar el violín frente al dragón, renaciendo así los antiguos espíritus de los guerreros vencidos que cantaban un himno de supervivencia mientras miraba al monstruo alado de una manera perturbadora su cabello rojo fuego ahora desatado volaba al son del viento mientras el dragón bajaba su cabeza y ella trepaba a el, ya descartando el violín, corría por la columna del animal a una velocidad impresionante. Sus ojos azules brillaban con determinación, ya una vez en la punta de la cola del dragón tomó impulso y saltó a la llave, la adrenalina corría por sus venas de una manera frenética, el tiempo se enlenteció mientras cogía la llave dorada con su mano, rápidamente se sostuvo de la cuerda que una vez sostenía la llave y trepó antes de que el dragón se diera cuenta de su trampa, pero no tuvo tanta suerte, éste le quemó una de las piernas, el dolor era insoportable e imparable, lágrimas corrían por sus mejillas mientras hacía un último esfuerzo para llegar a su meta, cuando sintió que la gravedad ya no existía, agradeció a la persona que agarro su muñeca de una forma tan brusca pero firme, fue ahí cuando supo que podía desmayarse sin preocuparse de caer en las garras del dragón.