¡Hola a todos! Soy nueva por estos lares a pesar de estar en Fanfiction pero decidi darme un nuevo reto y esa es la razon por la que estoy aqui, asi que espero que les guste esto, ¡Los espero! :)


La ultima hoja del roble frente a mi ventana ah caído, significa que oficialmente el invierno ah llegado. No sé cómo sentirme al respecto, demasiada añoranza, nostalgia, dolor, culpa…son muchos sentimientos con que lidiar.

Miro hacia la puerta, por sobre mi hombro, recordando que el otro habitante de esa pequeña casa en medio de la nieve, estaba durmiendo, mejor para ambos, necesitamos espacio para cada uno. Algunas veces, sobrellevar su mente quebrada e inesperada me estresa.

Sacudo la cabeza intentando alejar problemas que no son míos y retorno al papel. La vieja costumbre de documentar pequeñas partes de mi no se ah ido aunque cambio un poco la manera de almacenarlas, antes eran archivos de audio, ahora, es solo un pequeño diario.

Creo que es lo único que aun me mantiene siendo "yo". Las historias son largas y pierdo los detalles, por eso vacilo un poco al comenzar a escribir una nueva "entrada" pero luego, los recuerdos llegan por si solos y mi mano se cansa al no poder seguir el ritmo de las palabras que intento plasmar en el papel. Irónico, porque, casi no es mi historia personal, sino, de otras personas…personas que se fueron hace tiempo a pesar de poder sentir los pasos de uno de ellos, afuera de mi habitación.

-¿Marcus?

Mejor comienzo a escribir.

-¿Marcus, estas escribiendo?

Suena como una niña, la ignoro con más razón.

-Hare…la cena, si no te molesta.

Mis manos están en mi cabeza, trato de respirar hondo, trato de no responderle. Finalmente oigo como se marcha, golpes secos contra la madera. Debe ir descalza, le advertí miles de veces que se enfermaría. Ella detesta los médicos, detesta las agujas y sobretodo, detesta el estar rodeada de personas ¿Por qué me complica más la existencia?

Bien, respira hondo y escribe, eso alejara el estrés por un momento más.

Hoy es 12 de julio. Buen comienzo:

"Blake ah tenido más pesadillas, más de lo normal. Lo ah intentado de nuevo. Casi no llego esta vez, había sangre por todos lados. Me costó limpiarla a pesar de que ella me ayudo, disculpándose, diciendo que no lo volverá a intentar porque se merecía este castigo. A veces sueño que soy egoísta y pienso que es lo mejor, todos hemos sufrido suficiente como para tener que soportar este tipo de actos de culpa y remordimiento por mucho mas, hemos luchado toda nuestra vida pero henos aquí, solos, rotos, apenas capaces de funcionar por nuestra cuenta propia.

Joder, extraño a Derek, el sabría que hacer, nadie la conoce mejor que él. Estúpido narcisista que debía hacerse el héroe ¿Por qué se sacrifico por una causa perdida? Prometo decirle eso la próxima vez que lo vea. Creo que será en dos semanas, aun no me llega los documentos falsos…no hay forma de salir del país sin eso.

La odio. Detesto a Blake en estos momentos y su intento de disculpas tratando de hacer la cena no servirá, ella sabe porque estamos en esta situación de tener que aislarnos, de vivir atemorizados, escondidos, exiliados con nombres falsos, pretendiendo que la vida es un color un tono más bajo que rosa. Pero luego recuerdo que no puedo culparla, fue la que más sufrió, la que mas sacrifico, la que mas tuvo que fragmentarse para poder sobrevivir.

No puedo, simplemente no puedo culparla por ser la líder que fue. Hizo lo que estuvo en sus manos. Le doy crédito por eso.

Las manos me tiemblan de nuevo, mejor tomo mi medicina o no podre dormir bien. Como si eso fuese posible"

Pequeñas manchas de tintas irrumpen en la rigidez blanca de la hoja, estúpida pluma, desde hace semanas que hace eso. Lo limpiare luego.

Guardo mi diario en el cajón del escritorio frente a la ventana y voy al baño, afuera, en el pasillo a pocos metros de mi habitación. La medicina esta en el gabinete del espejo, tomo unas cuantas pastillas blancas que ni me molesto en contar y las meto en la boca. Un poco de agua corriente ayuda a que las trague.

Me sostengo contra el lavamanos de cerámica, respiro hondo de nuevo y me armo de valor para poder ir a la cocina, escaleras abajo. Seré honesto, no tengo ánimos de verla pero mi cuerpo pide comida.

Las paredes de prácticamente toda la casa están vacías, no hay fotos, ni cuadros, están desnudas. Llevamos aquí más de un año pero no nos tomamos el tiempo suficiente por hacer este lugar algo cercano al "hogar", en parte se deberá en que jamás tuvimos un lugar al que llamar así.

Recordé los gritos de mi viejo capitán de escuadra al escuchar huevos fritos reventar en la sartén. La cocina es pequeña pero es más de lo que dos personas necesitan, paso por detrás de ella, pequeña, escondida bajo una manta tejida, sus manos antes agiles, manejando con torpeza la espátula al revolver los huevos. Solo la miro de reojo para asegurarme que las vendas siguen en su lugar correspondiente, y lo están. Una preocupación menos.

El refrigerador esta casi vacío y eso significa que debo ir a la ciudad a hacer las compras. Es el único momento del mes en que me siento emocionado, extraño interactuar con las personas, amo a las personas por más que me hayan enseñado y entrenado en no confiar en ellas.

-Ponte algo en los pies o el aceite te saltara y te quemaras –señalo a mi acompañante.

Ella no se vuelve a mirarme, continúa en su trabajo, ahora decidida en picar un poco de pimientos y alguna hierva seca extraña que desprende un agradable aroma a calidez. Me rio, jamás fue buena en la cocina hasta que, bueno, se quebró. Dejo que continúe lo suyo, yo voy hacia la sala conectada por unos pasos y me siento a la mesa sin antes agarrar un libro en el mueble a mi lado.

"Cien años de soledad", Derek me recomendó este libro y me arrepiento de haberle hecho caso. Tiene un buen gusto literario y a la vez, desgarradoramente, masoquista.

Mis dedos viajan por los bordes de las amarillentas paginas hasta encontrar la vieja tarjeta de presentación de un conocido lejano donde tenía marcado la ultima pagina que leí. Antes de darme cuenta, un plato de sencilla y delicada preparación estaba frente a mí. Pero solo uno.

Mire a Blake, su cabello rojizo brillaba por la ausencia de vida y aseo, grandes nudos se percibían a la altura de sus costillas. Casi no podía vérsele los ojos tras ese largo flequillo apenas apartado de su rostro,a veces me preguntaba como hacía para ver a través de ellos.

-Come antes de que se enfrié.

Un pequeño consejo, casi plano, salió de su boca reseca. Ah envejecido más de lo que esperaba, pero sigue atrapada en el cuerpo de una chica de no más de 25.

-Come un poco –dije apenas se dio la vuelta con intención de volver a su habitación –o tus heridas no se curaran.

Se paro sobre sus pasos y podía ver los tirones que se formaban en la manta sobre sus espaldas, se aferraba a ella. Suspire agotado, esto podría ser más fácil pero no me deja. Maldita Blake.

-No tengo hambre –su voz tembló.

-No has comida en los últimos días –respondí, seco –Derek se enfadara conmigo si se entera que no te alimentas. Prometiste estar bien para cuando el saliera.

Si es que salía de prisión.

-El no va a salir.

Blake se vuelve hacia mí, con ímpetu. Me sorprende ver esa pequeña chispa de vida en sus ojos pero de inmediato se va, baja la mirada al suelo y retuerce sus pies. Es tan frágil y vulnerable.

-Come y luego búscate ropa limpia, porque te ayudare a asearte –le ordene con gentileza luego de pensarlo.

Ella simplemente asintió y se marcho a la cocina. La observe por unos minutos. Yo en la sala, y ella en la otra habitación, ambos comiendo en silencio.

Sus talones golpeaban la madera de los estantes de abajo del fregadero, sentada sobre la mesada, hurgando entre el resto de la comida que preparo y que de vez en cuando probaba. Más no iba a conseguir.

Y eso me aterra hasta la medula. No vamos a conseguir algo mejor, no de nosotros, no de ella, no de Derek y mucho menos de los muertos que cargamos a las espaldas.

El metal de mi tenedor se incrusta en mi piel cuando oigo un quejido por parte de ella, lucho para no verla llorar como una criatura sobre el sartén de huevos, verduras y hierbas raras que desprenden un aroma a calidez. Temo ir con ella y terminar ambos llorando como niños en el suelo de la vieja cocina, sin poder consolarnos el uno al otro.

De estar Derek, seriamos 3.

Seriamos 3 idiotas que al menos nos reiríamos por ser tan sentimentales, como en el pasado.

Oh Dios, el pasado, siempre es mejor y a la vez peor.

-Lo siento…-la oigo murmurar entre sus manos –lo siento…-

No se disculpa conmigo, son los recuerdos con quienes se disculpa.

Jamás me senté a escribir sobre ellos, tal vez lo haga cuando la ponga en cama. Hablare de ellos, su primera familia cuando nosotros no estábamos presentes.

¿Cómo era que se llamaban? Ah claro, eran….-