Nota de autor: Esta historia bien puede quedarse así o continuar. Dependerá de si gusta o no ¡así que si os gusta dejadme una review para saberlo! xD


Hay un lugar por el que me gusta mucho pasar cuando salgo del instituto: es un skatepark abandonado donde hay un puente muy ancho por el que puedes pasar por debajo como si fuese un túnel. No es que me guste por que tenga un significado especial, es porque el chico que me gusta siempre pasa por ahí para llegar a su casa, que está justo en frente de ese parque… y al lado de mi propia casa.

Sí, la persona que me gusta es mi vecino, sin embargo, no es solo eso; hemos ido siempre al mismo colegio y a la misma clase, desde que íbamos a infantil. Además, nuestros padres son amigos desde que eran niños, así que podríamos decir que el que estemos juntos (en el sentido físico) no es una casualidad.

Me enamoré de él antes de entrar en el instituto superior. Siempre fue un chico tímido y callado pero radiante cuando se encontraba con sus amigos más cercanos. Supongo que a la larga me cautivó. Por el contrario él nunca me tuvo mucha estima, qué le voy a hacer, siempre he sido una chica que quisiera o no, llamaba la atención. He crecido rodeada de gente, he sido la más popular de clase, he tenido varios novios… Y al parecer a él ese tipo de chica no le gusta.

Cuando entramos en el instituto superior, pensé en hacer un cambio de imagen que se asemejara a lo que él buscaba en una chica… Cual fue mi sorpresa al averiguar que le gustaban las chicas tímidas, inteligentes y con pintas poco… llamativas. Vamos, que le gustaban las empollonas. Hice un gran esfuerzo y cambié mi look, todo por él… Me puse gafas, me peinaba una trenza e incluso había días en que me quedaba en la biblioteca a estudiar. Y de lo único que sirvió fue de que ahora me hablase más, sí, pero a cambio perder toda mi fama y por si fuera poco, que aun me ignorase y no se fijase en mí.

− ¡Yumi! ¿Nos vamos juntas? − Bueno, que no tenga popularidad no significa que no tenga amigas.

Ella es Elena, es una chica transferida que se quedará en nuestra escuela hasta que termine tercero. Es una chica muy divertida.

− ¡Claro!

A pesar de todo, sigo yendo por el mismo camino todos los días, esperando verle y hablar con él. Pero últimamente ha aparecido un problema bajo el puente que tanto me gusta cruzar…

− ¡Mira, mira, mira! Si son la empollona y la extranjera. Parece que os guste venir a verme, payasas.

Con una sonrisa irónica se dirigía a nosotras con su habitual todo de voz medio amenazante. Por supuesto que no me daba ningún miedo, pero… Al fin y al cabo debía de interpretar un papel, si Kazuki (el chico que me gusta) me viese comportándome como lo hacía antes, todo se iría a la porra.

− Q-Qué quieres… − Balbuceé fingiendo. − Este sitio no es tuyo, podemos pasar cuando queramos…

− De eso nada rica… No cuando yo esté aquí, me jodéis la tranquilidad con vuestra "sabiduría exótica" − Se burló para acto seguido apoyarse en la pared e invitarnos a rodearle. Y pensar que este tipo de chicos era la gente común con la que solía pasear y salir…

Accedimos a rodearle, siempre con un halo de miedo que yo fingía, pero que Elena no lo hacía. Con una mirada furtiva y un "buh" salimos corriendo de aquel lugar. Al salir fuera hice ver que recuperaba el aliento junto a ella para después reponernos.

− ¿Por qué seguís yendo por ahí? − La voz de Kazuki hizo que me diese un vuelco al corazón. − El Adonis ese no se de donde sale, pero… es mejor mantenerse alejado de él.

− ¿Adonis? − Pregunté. Dudé que su nombre fuese aquel.

− Así es como se hace llamar. No se de dónde es ni por qué está aquí, pero… Me han dicho que es peligroso, así que será mejor que no os acerquéis a él.

− Gracias, Kazuki. − Sonrió Elena.

− De… de nada. − Respondió él devolviendo la sonrisa.

− Eso, gracias. − Me apresuré a decir. Yo también quería una sonrisa… Pero se marchó antes de dármela.

− Es guapo, ¿verdad? − Preguntó Elena.

− ¿Quién? ¿El Adonis?

− ¡No! Kazuki. He hablado varias veces con él y también es muy simpático.

− ¿Tú crees…? − Al fin y al cabo nadie sabía que me gustaba Kazuki… era mi pequeño secreto.

− Igual le pido salir. − Rió inocente. Esa frase atravesó mi pecho como una flecha.

− ¿¡Qué!? − Pregunté nerviosa, pero rápidamente volví a mis cabales. − Osea… Casi no le conoces y…

− Bueno, pero me he dado cuenta de que es tu vecino. Si te hablas con él es que tiene que ser buena persona. − Rió. − A menos que te guste. Si te gusta a ti te animaré.

Dudé qué decirla. Que Kazuki me gustaba era mi pequeño secreto. Si él se enteraba, si mis padres o los suyos se enteraban… Tenía miedo de que Kazuki me odiase, de que me rechazase… Si alguien debía de admitir su amor por el otro ese era él, no yo.

− No, no me gusta, es… solo un amigo de la infancia. − Sonreí fingiendo.

− ¿Seguro? ¡Entonces lo intentaré! Por cierto… ¿te importa que no volvamos a ir por ahí…? Ese chico me da miedo…

− Yo… prefiero seguir haciéndolo.

− ¿Quée? ¿¡Por qué!?

− Es… mi lugar favorito…

Vale, antes dije que ese lugar no tenía ningún significado especial para mí. Mentí, sí que lo tenía. Hacía años, cuando íbamos al instituto medio mis amigos y yo decidimos jugar a la botella. En ese momento apareció Kazuki, le cogieron por banda y le obligaron a jugar. Él era un chico muy tímido, por lo que no podía negarse aunque no quisiese jugar… Y quizá la diosa del destino hizo que esa botella nos uniera a los dos por primera vez. Es verdad que por aquel entonces no me gustaba, pero nunca olvidé ese día. Fue nuestro primer beso y pasar por allí me hacía recordar ese momento.

Al día siguiente, Elena y yo volvimos a irnos juntas, como era común.

− ¿L-Le has pedido salir ya…? − Pregunté con la esperanza de que le hubiese dicho que no ya.

− No, todavía no. Creo que lo haré mañana… Oye… ¿de verdad tenemos que pasar por ahí…?

− ¡Igual ya no está!

− Lleva estando ahí casi dos semanas… ¿por qué no iba a estar hoy?

− Bueno, hace dos semanas no estaba ¿no? Por fa…

− B-Bueno… Pero… Si está será la última vez… ¿me lo prometes?

− ¡Vaaaale!

Nos metimos dentro nuevamente. Es verdad que cuando ese famoso Adonis apareció todo el mundo dejó de pasar bajo el puente. Antes alguna que otra persona hacía el mismo recorrido que nosotras… Pero ya nadie lo hacía.

− ¿Ya venís a verme? − Preguntó con su habitual tono de voz irónico. − ¿Qué pasa? ¿Qué no aprendéis, payasas? ¿Cómo tengo que deciros que no vengáis aquí?

− Te dije que no viniésemos… − Murmuró Elena con miedo.

− ¿Qué murmuras tú? − Preguntó amenazante. Hoy parecía especialmente enfadado.

− Tranquilo Adonis. − Solté sin darme cuenta de mi tono. − Q-Quiero decir que… este sitio…

− ¡Es mío si digo que lo es! ¡Así que largo antes de que me enfade de verdad!

Elena se escondió detrás de mí y yo sentí querer enfrentarme a ese imbécil, sin embargo, no podía ser.

− Ya… nos vamos… − Dije antes de esquivarle cogiendo a Elena de la mano.

− ¡Nunca más, Yumi! ¡Nunca más! − Exclamó con miedo en los ojos.

− Nunca más… − Accedí entristecida… Pero qué iba a hacerle…

− ¿Otra vez habéis vuelto por ahí? ¿Pero qué os pasa?

− ¡Kazuki! − Exclamó Elena aun con miedo.

− Lo siento… − Balbuceé… Al fin y al cabo había sido culpa mía, aunque me doliese admitirlo delante de Kazuki.

− ¡Pero ha prometido que nunca más iremos por ahí! ¿Verdad?

Asentí y fingí mi sonrisa. Acto seguido me adelanté.

− Espera. Voy contigo. − Kazuki anduvo a mi lado y yo sentí el corazón salirse de mi pecho. − ¿Por qué te gusta tanto ir por ahí?

Su pregunta me pilló por sorpresa, obviamente, no podía decirle la verdad.

− P-Pues… Me gusta la oscuridad de los túneles…

− ¡Qué rara eres! − Rió con su habitual y radiante sonrisa… Y yo creí ver el paraíso con ella. − ¡Hasta mañana!

− Hasta mañana. − Respondí aun entre las nubes. Me ilusioné pensando que ese podría ser un signo de que se estaba enamorando de mí y pasé la tarde embutida en mi imaginación.

A la mañana siguiente, Elena no me dijo de ir con ella. Recordé que ese sería el día en el que le pediría salir a Kazuki, y yo, nerviosa y cotilla, decidí irme a la biblioteca a sabiendas de que desde allí podía verse la azotea en la que sabía que le pediría salir… O eso pensé, porque al llegar, allí no había nadie. Después de unos cinco minutos decidí marcharme. Igual la conversación había durado demasiado poco o ni si quiera habían tenido que llegar hasta allí. ¡Igual había rechazado a Elena antes de llegar! Fue lo que mi corazón deseaba.

Fui hasta el skatepark andando, no me había cruzado con nadie… Y fue entonces cuando lo vi. Parados sobre el puente, evitando así a quien había debajo. Ahí estaban Elena y Kazuki, hablando. Mi primer instinto fue esconderme y mirar, con el corazón en un puño y sin poder escucharles. Y entonces pasó. Elena le dio la mano, miró para varias direcciones y luego le besó la mejilla. Vi su rubor, el rubor del chico que me gustaba, el rubor que yo debía de haberle sacado en esa misma situación en mi mundo idílico. Estaba claro… Kazuki había aceptado salir con ella y con ese consentimiento mi mundo se había hecho pedazos. ¿Para qué había servido todo lo que había hecho? Todos los cambios, todo lo que fingí… Para nada. Para hacerme amiga de la persona que me robaría a Kazuki. Elena no tenía la culpa, al fin y al cabo ella no sabía nada, nadie sabía nada… Menuda idiota estaba hecha… Pude haber evitado que eso pasara y mi orgullo y terquedad lo impidieron.

− ¿¡Otra vez aquí!?

No me había dado cuenta, pero mis pies habían empezado a avanzar y había llegado hasta ese tío, parado justo en el lugar en el que besé a Kazuki por primera vez.

− ¿Aquí no viene nadie? − Pregunté con la cabeza agachada.

− Tú y tu amiguita, que sois unas putas pesadas y no os entra en la…

− Tu nombre.

− ¿Qué dices?

− Que me digas tu nombre.

−… Eiji…

Su tono bajó. Entonces me di cuenta de que volvía a hablar como lo hacía antes… ¿pero qué importaba? Fingir ya no me servía para nada.

− Eiji… Vale. Me llamo Yumi. − Respondí con la imperiosa necesidad de desquitarme con alguien.

Arranqué el coletero de mi pelo y lo solté. Alcé la vista y me quité las gafas tirándolas al suelo.

− ¿Qué coño estás haciendo? – Preguntó algo asustado.

− Vaya… Si resulta que aquí el Adonis también puede asustarse…

− ¿¡De qué vas, payasa!? ¿Qué asustado ni…?

− Cállate, Eiji. − Me acerqué. − Hablas mucho, levantas dolor de cabeza.

− Oye, tía, no se qué te pasa pero…

− Este lugar no es tuyo. Me llamo Yumi, y he dicho que te calles. − Le agarré de la camiseta y le atraje hacia mí.

Sí, así fue como decidí olvidarme de Kazuki y de todo lo que había abandonado. Besé a Eiji. Intentó separarse, pero yo no iba a dejarle hacerlo. Profundicé el beso hasta que el chico pareció rendirse como una bestia dominada.

− Has cometido un grave error al cruzarte conmigo… − Advertí al separarme. − Tú serás Adonis, pero yo soy Artemisa, no lo olvides.