A cuatro metros de ti.

Cuatro metros.

Esa era la distancia que los separaba.

Ella, una dependienta, y él, un cocinero.

Tenían trabajos completamente diferentes. Pero una cosa en común. Ambos estaban enamorados el uno del otro.

Todas las mañanas se cruzaban en el metro. Sus miradas chocaban, y ella apartaba la suya sonrojada, pensando que cómo alguien él podría fijarse jamás en alguien como ella.

Y cuando ella apartaba la vista, él la miraba con ternura, dándose ánimos para ir a hablar con ella.

Pero nunca tenía el valor suficiente para romper esa pequeña distancia que los separaba.

Todo se quedó en un juego de miradas.