Capítulo 12

―Estoy al mando de esta misión desde febrero pero, como habréis leído en el informe, hace ya unos cuantos años que se descubrió ésta trata de humanos. Hemos sido capaces de determinar que Edward Grey se encuentra involucrado, pero estamos seguros de que no es el cabecilla, por lo que hemos intentado averiguar el nombre de aquél que se hace llamar Alacrán, sin éxito por el momento. Allí es donde intervenís ustedes.

―¿No sería más fácil infiltrar a un espía de bajo rango como sirviente en la casa del barón? ―Intervino Livy.

―Al fin y al cabo, ellos son los que más saben.

―Y los primeros en enterarse de las cosas privadas ―concluí.

―Muy bien visto, señoritas. Muchas veces hemos seguido ese procedimiento, pero en este caso nos ha sido más difícil. El servicio de Grey está demasiado asustado como para informar de sus actividades y no hemos sido capaces de meter a nadie en su casa. Cada vez que alguno de los sirvientes se ha visto obligado a abandonar su trabajo, Grey trae a otro de su casa del campo. O utiliza a los esclavos. No podemos meter a ningún agente de infiltrado.

―Así que nuestro trabajo sería informar de cada movimiento… ¿tal y como lo haría un sirviente?

―No exactamente… ―dijo mirándome con los ojos entrecerrados. Podía ver como la directora lo miraba de la misma manera ante mis palabras. Alguien está metido en un líiiooo ―Ya tengo a gente de confianza vigilando su casa día y noche. Lo que necesito es alguien de "apariencia" ―puso mucho énfasis en esa palabra mientras me miraba y se tocaba la mandíbula ―inocente, para que se acerque a él.

―¿Quieres que coqueteemos con él? ―esta vez mi voz sonó un poco más aguda de lo necesario.

―¡No! ¡Dios santo, NO!

Por su cara, se podría decir que había anunciado que me metía a cortesana.

―Sólo que, "inocentemente", estéis alrededor de él y miréis con quien se relaciona. O si dice que tiene "planes importantes" tal noche a tal hora. No quiero que empiece a cortejarte.

Creo que a nadie en la sala le pasó por alto el empleo del singular.

―La primera vez que lo veréis será en el baile de lady Simmons, el 17 de diciembre, es decir, dentro de cinco días. Hay que ver con quien se relaciona. El 23 asistirá a la fiesta en casa de los Black, y luego se quedará el resto de la semana. Creo que es tiempo suficiente para mirar entre su correspondencia.

―Y dado que es mi casa, y el servicio es conocido, si hay alguna irregularidad haré que me informen.

―Magnífica idea, Anna ―apreté los dientes, enfadada. Que manía de llamarme de forma informal―. Yo estaré también allí, así que si hay algún problema podéis acudir a mí. Por supuesto, yo también investigaré.

―Por supuesto…

―Y por último ―dijo haciendo como si no me oyera― habrá una cena dada por mi madre para finalizar la temporada de Navidad, el 6 de enero ―nos entregó a cada una de nosotras una carta color crema, sellada con un sello rojo―. Vuestros padres han sido debidamente invitados, así que esto es sólo un cortesía. ¿Alguna pregunta?

―¿Hay algún otro integrante de la alta sociedad trabajando contigo?

―Me temo que no puedo desvelaros tal información.

―¿Y si lo vemos merodear alrededor de Grey y creemos que es el Alacrán?

―Intentad no atacarle.

―¿Y si merodea alrededor de nosotras y creemos que es el Alacrán? ―dije molesta.

―Intentad no atacarle.

―Lo más fácil sería que nos dijera quien más participa ―afirmó Livy.

―No hay nadie más en esta misión que yo. Por eso os dieron el trabajo a vosotras.

―Creí que era por nuestros rostros inocentes.

―Por eso también ―respondió con una sonrisa. ―Señorita Byrne, ¿qué ha descubierto?

Alex bajó la mirada hacia la carpeta que tenía en las manos y, tras sacar dos hojas, se las tendió a la directora y a Gabriel.

―Estas son las que nos habéis proporcionado. En dos de las cartas dicen el nombre de los barcos que efectuarán los movimientos y el día y la hora. En los otros tres hablan sobre el número de personas que transportará y donde los llevarán.

Los ojos de Gabriel brillaron.

―Así que tenemos los nombres de los barcos. En cuanto vuelva a Londres ordenaré que vayan a vigilarlos. El último gran descubrimiento que hicimos fue Edward Grey. Y él sólo es un pececillo.

―Pero los peces más grandes se pescan utilizando otro más pequeño como cebo.

Sus ojos se posaron en mi.

―Y sabes de pesca. Mi mujer ideal...

En cuantos esas palabras salieron de su boca, se empezó a notar la tensión en la habitación.

La directora parecía no salir de su asombro ante las palabras de su sobrino. Yo intentaba no sonrojarme y mantenerme seria. Alex y Livy... ellas intentaban contener la risa.

Finalmente pude hablar.

―Mi hermano tiene razón: tu sentido del humor está estropeado.

―Soy hilarante, gracias.

―Bueno Gabriel, si no tienes nada más que compartir con sus compañeras, creo que podemos dar por terminada esta reunión.

―Por supuesto tía. Debo decir que ha sido un placer conoceros señorita Simmon, señorita Byrne. Anna. Nos vemos en Londres.