La Sombra -Capítulo 1.-

Es un cálido día de verano en la ciudad. Muchos niños se encuentran afuera de sus casas jugando con globos de agua y chapoteando en sus albercas inflables. Todos lucen muy contentos y felices... Excepto un chico...

Dentro de una casa azul, dentro de una habitación, se encuentra un niño de unos doce años de edad, de cabello castaño oscuro y ojos cafés, acostado en su cama con los cobertores hasta su cuello. El chico luce muy pálido y tose de vez en cuando.

- Mamá... - El niño intenta alzar la voz, pero su garganta está muy dañada y él está demasiado débil como para hacerse escuchar. - ¡Mamá! - El chiquillo hace un último esfuerzo en llamar a su madre y ésta parece haberle escuchado cuando aparece en la puerta.

- ¿Qué pasa, Sora? - Pregunta una mujer de unos treinta y cuatro años de edad. A pesar de eso, su cabello -el cual es de un hermoso color castaño- no reluce ninguna cana. - ¿Se calentó?

El niño asiente con una mirada afligida y sus mejillas enrojecidas. La madre se acerca a la cama de su hijo, retira el paño húmedo que llevaba el chico en la frente y la remoja en un trasto con agua que está a un lado de la cama, sobre una mesilla montable pequeña para, después, volverle a colocar el paño en la frente.

- ¿Se siente bien? - Pregunta la mujer. - ¿Está muy fría?

- No, se siente bien... - Responde Sora con una pequeña sonrisa. - ¿Dónde está papá? - Pregunta al mismo tiempo que cambia su expresión a una un poco más seria.

- Sigue en el trabajo, no tardará en llegar. - Acerca su mano derecha a su hijo y comienza a acariciarle la cabeza muy suavemente. - Intenta descansar, ¿si?

La madre se levanta y le da un beso en la cabeza al chico, después se dirige a la puerta y sale de la habitación. Sora, por su parte, se queda en cama, bajo la protección de las cobijas. A pesar de estar haciendo unos buenos treinta y dos grados centígrados afuera, él siente como si fueran menos de quince grados y se tapa completamente con las cobijas para poder calentarse.

El enfermo niño quisiera estar afuera en estos momentos. El verano es una de sus estaciones favoritas del año. Pero, debido a su enfermedad, a penas y puede salir de la cama para ir al baño y darse una ducha para después volver a acostarse.

Tiene más de diez días que no va a la escuela y aunque al principio fue bastante comprometedora esa idea, ahora se le hace fastidioso. Piensa en querer ver a sus amigos de nuevo y en cómo las tareas no dejarán de juntársele... Esto, para él, ya no es nada lindo. Pero no puede hacer nada al respecto más que tomarse sus medicamentos e intentar evitar exponerse al frío por mucho tiempo porque eso puede empeorar su estado...

Sora recuerda su visita al doctor hace dos semanas atrás, fue cuando supo en verdad qué era lo que tenía. El médico dijo que tenía leucemia melto- mielo... Leucemia mieloide crónica. Sí, cree que así es correcto. Desde entonces, no han parado de hacer consulta tras consulta en el hospital para hacerle diferentes tipos de exámenes y tratamientos, y Sora ya se siente cansado de todo aquello. Quiere ser un niño normal otra vez, quiere salir a pasear en su bicicleta e ir a jugar maquinitas con sus amigos a la arcadia que está a unas cuadras de su casa.

Quiere volver a ser el mismo que era antes de que esa enfermedad se apoderara de él...

Abajo, en la cocina, se encuentra su madre sentada en una silla frente a la mesa y revisa varios papeles que lleva en manos. Esos papeles son recibos, docenas de ellos se encuentran dispersados sobre la mesa, con sus números remarcados en tinta negra que hacen poner más nerviosa a la pobre mujer.

Suena el teléfono, la mujer sale de aquella pesadilla que se estaba comenzando a armar en su mente para, luego, dirigirse al aparato y presionar el botón para contestar.

- ¿Sí, diga? - Pregunta la castaña.

- ¿Abigail? - Contesta una voz masculina al otro lado de la línea.

- Ah, Salvador, eres tú... - Dice en alivio al saber que se trata de su esposo.

- ¿Qué? ¿El banco está comenzando a llamar otra vez? - La mujer queda callada y aprieta ligeramente los labios ante la pregunta. - Maldita sea... - Dice el hombre algo irritado. - ¡Se supone que ya llegamos a un acuerdo con ellos de pagar a cuotas!

- Pero ya nos atrasamos con una para poder pagar los medicamentos de Sora... - Agrega con voz un tanto baja, su esposo hace una especie de quejido ante eso.

- Es cierto... - Queda callado por un par de segundos. - ¿Y cómo sigue?

- Igual que en la mañana, la fiebre no le ha bajado... - Ambos callan por un momento, ninguno dice una palabra por unos segundos. - Pero... - Abigail rompe el hielo. - ya no tose tanto como lo hacía anoche. ¿Eso es bueno, no?

El hombre, quien tiene el cabello corto bien peinado de color negro, dibuja una pequeña sonrisa en su rostro al escuchar aquella noticia.

- Sí, eso es bueno. Muy bueno. - Su esposa, al escucharle el tono de voz, sonríe igualmente.

- Y amm... - Habla la castaña. - ¿volverás pronto? Sora ya está preguntando por ti...

- ¡Oh! Sí, era por eso el que te llamaba. - Replica Salvador. - Te quería avisar que estaré aquí de dos horas y media a tres horas más. El jefe pidió de alguien quien quisiera quedarse por un rato a terminar unos papeles y también dijo que nos pagaría algo extra por esa ayuda. No puedo rechazar esta oportunidad, podremos pagar algunas deudas con ese dinero.

- Ah... Okay, está bien. - Dice la mujer. - Bueno, cuídate mucho, ¿sí? Que te vaya bien.

- Muchas gracias, amor. - Contesta el hombre. - Llegaré allá como a las ocho, ¿está bien?

- Está bien. - Sonríe. - Te tendré la cena lista para cuando llegues.

- Gracias. Te amo.

- Yo también te amo.

Ambos cuelgan el teléfono en seguida. Abigail esperaba tener a su marido en casa en unos cuantos minutos, pero esos minutos se transformaron en horas. Pero bueno, él lo hace por el bien de su familia, en especial por el de Sora, y se justifica su acto. Aunque ella en verdad quisiera tenerlo a su lado y obtener un gran abrazo de él...
Eso haría mejor todo este día que ha sido más que atareado para ella...

Los minutos pasan más lento de lo que debería en el muy callado hogar. Pronto las manecillas del reloj dan las siete y cuarto, la madre se da cuenta en una de las veces que volteó a ver el reloj de la cocina y decide guardar todos los recibos para ponerse a cocinar y descansar de ese martirio por un momento.

Abigail saca carne y diferentes tipos de verduras del refrigerador, lava las verduras y se dispone a cortarlas con un cuchillo para así poder todo en un sartén sobre el fuego de la estufa.

Sora se encuentra aún en cama, mirando cómo la noche va tomando más y más terreno por la ventana. El chico se empieza a desesperar, quiere salir de cama e ir afuera a tomar algo de aire fresco, pero sabe que no debe. Al menos por el momento...

El castaño siente que ha tenido suficiente y se levanta para poder dirigirse a su escritorio y encender su computador. El aparato tarda un poco en iniciar, pero eventualmente se actualiza y Sora puede fácilmente entrar en internet y checar sus páginas favoritas para actualizar sus perfiles después de días de no tocarlos.

El muchacho revisa sus notificaciones y se da cuenta de que la mayoría de sus mensajes son de gente que no le agrada mucho de su escuela. Mejor dicho, de sus bullies.

Mensajes como "Maldito gallina, regresa y da la cara", "Eres un debilucho" y "Ya no vuelvas, estás mejor en casa con tu mamita" inundan casi por completo sus notificaciones. Sora se llena de ira y decide apagar su computador antes de que verdaderamente se enoje y comience a llorar de frustración.

Abre uno de los cajones de su escritorio y saca algunos papeles junto a un lápiz, un sacapuntas y un borrador para, después, caminar y meterse dentro de su cama para sentirse seguro. El castaño comienza a hacer varios dibujos en el papel, sus habilidades artísticas son muy buenas y siempre fue felicitado por maestros en todas las escuelas a las que ha ido por sus lindos dibujos. Pero Sora no dibuja por fama, dibuja porque ese es la única forma en que puede descargar sus frustraciones y su alegría. No importa en qué humor esté, él siempre dibujará.

Luego de varios minutos de plasmar todos sus sentimientos en varias hojas, su madre toca la puerta para luego entrar.

- ¿Qué haces, mi amor? - Pregunta Abigail al acercársele.

- Dibujo... - Responde el niño un tanto desanimado sin retirar su vista de sus bocetos.

La mujer se acerca más, toma un dibujo de sobre la cama y lo observa por unos segundos. Los rayones sobre la hoja muestran la figura de un tipo de criatura con una enorme gabardina negra y que lleva puesta en la cabeza un cráneo de un toro. Abigail observa algo extrañada aquél dibujo para luego dirigir su mirar hacia su hijo.

- ¿Pasa algo malo? - Pregunta la castaña al darse cuenta del significado del boceto. - ¿Recordaste algo feo?

El niño se queda quieto por un par de segundos, luego empieza a dibujar de nuevo al negar con su cabeza. La madre lo observa por un breve momento y suelta un suspiro.

- Está bien. - Coloca la hoja sobre la cómoda a un lado de la cama. - Por ahora deja eso, ya es hora de cenar. - Abigail le ayuda a su hijo a recoger sus cosas para ponerlas sobre la cómoda y así poder acomodar las almohadas en la espalda de Sora para que pueda comer a gusto.

- Mamá... - Llama el castaño.

- ¿Sí? - Contesta con voz calma.

- ¿Puedo comer esta vez en la cocina?

La madre lo mira directo a los ojos. - Pero allá abajo está un poco más fresco que aquí por la calefacción, te pondrás mal.

- Me pondré muchos suéteres, y dos pares de calcetines, y un gorro... - Dice un poco acelerado para intentar convencerla. - Ya no quiero comer solo. Quiero comer con ustedes...

Abigail abre los ojos en sorpresa al escucharle y no puede evitar el sentir una punzada en su pecho...

- Tu papá no vendrá sino hasta dentro de una hora más. - Dice la madre.

- ¿Qué? ¿Por qué? - Pregunta decepcionado y un poco sorprendido el chico.

- Cosas del trabajo... - La madre va hacia el ropero y saca mucha ropa de dentro para después colocarla en la cama. - Esta vez comeremos sólo tú y yo, ¿okay? Pero primero vamos a abrigarte bien. Anda, ponte estos suéteres.

La madre le ayuda a su hijo a vestirse bien para que no llegue a pasar frío en el piso de abajo para evitar que su salud empeore.

Una vez que tienen sus preparativos listos, ambos salen de la habitación y se dirigen escaleras abajo, hacia la cocina. Sora a duras penas puede caminar con tanta ropa encima en pleno verano, pero la temperatura en el primer piso es muy baja a comparación con el segundo piso y deciden mejor tomar precauciones.

Madre e hijo pasan una buena cena, los dos platican y ríen por chistes o recuerdos de experiencias pasadas. Pronto las agujas del reloj marcan las ocho con veintitres; Sora y Abigail se encuentran en la sala de estar, uno a un lado del otro, viendo tranquilos el televisor. Ambos aman el fútbol, también el padre de Sora, y no dudan ni un instante en quedarse viendo un partido que se encontraron cuando cambiaban de canal.

El chico comienza a cansarse, su enfermedad lo ha vuelto un poco débil y ya no puede resistir mucho ante el sueño, así que colapsa reposando su cabeza a un costado de su madre al comenzar su travesía por el mundo de los sueños.

Abigail también siente sueño, todo aquél estrés que le ocasionó ver toda la montaña de biles sin pagar le cansaron emocionalmente. Pero se alegra de tener a su querido hijo a su lado. Lo abraza tiernamente y ríe a lo bajo al escucharlo roncar ligeramente.

Se escuchan ruidos afuera de la casa, la madre voltea su cabeza hacia la puerta y ve que el picaporte se mueve al tiempo que oye sonidos de llaves chocar entre sí. A los pocos segundos la puerta se abre y entra muy agotado su esposo después de un pesado día en el trabajo.

Abigail deja acomodado a su hijo en el sillón para que siga durmiendo tranquilo, para luego levantarse y saludar dulcemente a su esposo.

- Hola, amor. - Se le acerca y le da un beso en los labios. - ¿Cómo te fue?

- Se podría decir que bien, - Le contesta Salvador al planterle otro beso. - mi jefe quedó contento con el trabajo extra que hice. Eso es buena señal, teniendo en cuenta que no es un hombre que se complace fácilmente...

- Sí, es muy enojón ese hombre. - Dice con una voz de desagrado. - Sigo sin entender el por qué tiene esposa... Pero lo bueno es que te fue bien. - Abigail se dirige hacia la estufa en la cocina. - Te calentaré la cena.

- Sí, gracias.

El hombre se afloja su corbata y suspira pesadamente. Sus pies parecen estar en llamas y lo único que quiere es relajarse, comer, para luego poder ir a su cómoda cama para dormir. Salvador se encamina hacia el sillón y logra ver un bulto al otro extremo de éste. El hombre se acerca un poco más y se da cuenta que se trata de Sora, quien aún sigue dormido. Salvador se extraña ante eso y voltea a ver a su esposa muy confundido.

- ¿Qué hace Sora en el sillón? - Pregunta arqueando sus cejas.

- Se quedó dormido esperándote. - Responde la mujer, quien aún calienta la cena.

- ¿Pero qué hace acá abajo? Aquí está fresco.

- Él quería comer acá abajo, Salvador. ¿Cómo te sentirías si tú no pudieras salir de tu habitación por una enfermedad sin poder ver ni comer junto a tu familia?

El padre observa a su mujer, relaja su mirada para después pasarla hacia su hijo. Se siente un poco mal, sabe que Sora no la ha tenido fácil desde que enfermó. Visitas al médico, medicamentos a montones, prohibición de cosas que él ama por miedo a que empeore su salud y muchas otras cosas...

Lo que lo hace sentir peor es el hecho de que Sora aún es un niño, hay muchas cosas que tiene que descubrir, que tiene que ver y esa condenada enfermedad se lo impide...

Salvador se acerca más al sillón y se sienta a un lado de su hijo. Acaricia su cabeza con su mano derecha y nota la gran cantidad de ropaje que lleva el chico encima; él sólo sonríe levemente.

A los pocos segundos Sora comienza a despertar al sentir las caricias de su padre. El joven abre lentamente sus ojos, bosteza y se talla sus ojos para mejorar su visión, intenta sentarse bien, cuando nota que es su padre quien está sentado a un lado suyo.

- ¿Papá...? - El niño, aún confundido por el sueño, observa detenidamente a Salvador mientras su vista se aclara más, hasta que al fin logra verlo a la perfección y Sora no hace más que acercársele y darle un fuerte abrazo.

- Hey, campeón... - Salvador lo abraza de vuelta, luego le da un tierno beso en la cabeza. - ¿Cómo te sientes?

- Bien, ya casi no tengo fiebre... - Responde el chico aún un poco adormilado.

- ¿Comiste bien? ¿Te tomaste tus medicamentos después? - Pregunta el padre.

- Sí, papá... - Responde el chiquillo con voz cansada.

- Está bien. - Continúa Salvador. - Ahora, campeón, vamos a la cama.

El hombre se levanta y toma a Sora entre sus brazos para llevarlo cargando hasta su habitación. Ha pasado mucho desde la última vez que llevó en brazos a su hijo hasta su cama para dormirlo y empieza a sentir el peso de los años a cada paso que da. Siente que Sora ha crecido más rápido de lo que debió, pero se siente feliz.

Salvador coloca a Sora sobre la cama, le ayuda a quitarse el exceso de ropa que éste lleva encima y lo tapa con a las cobijas antes de darle un beso en la frente.

- Buenas noches, campeón. - Dice el padre dulcemente. - Hasta mañana.

Acto seguido, se retira de la habitación, cerrando cuidadosamente la puerta para no despertarlo, y se encamina al piso de abajo para cenar y conversar un poco con su bella esposa.

Son casi las cuatro de la mañana. El clima es cálido, pero con viento un poco frío. Sora se despierta con su vejiga llena y se dirige inmediatamente al baño para poder aliviar esa pequeña urgencia. Una vez que termina, se lava sus manos y se dirige de nuevo a su cama para continuar con aquél sueño de llegar a ser un futbolista profesional. Un anhelo suyo desde que él tiene memoria.

El niño abre la puerta del baño, entra en su habitación y se encamina hacia su cama.

Pero siente algo a sus espaldas...

Sora siente como si alguien lo observara, así que se gira lentamente para ver de quién se trata. Pero, una vez que se ha girado, no logra ver a nadie, sólo observa un mueble donde guarda su ropa interior y unas figuras de colección encima.

El chico piensa que tal vez aún sigue algo adormilado y decide mejor no hacerle caso, así que se gira nuevamente en dirección a su cama para poder meterse en ella y poder dormir. Pero logra ver algo enfrente de él que hace que brinque del susto:

Una gran sombra se encuentra en la pared, al fondo de la habitación. Sora piensa que tal vez se trate de la suya por alguna luz... ¿Pero cuál luz? Si sus padres están dormidos y la luz del pasillo está apagada al igual que la de su habitación...

De repente la sombra se comienza a mover frenéticamente. El muchacho se asusta y trata de correr en reversa, pero se tropieza al pisarse uno de sus propios calcetines y cae fuertemente sobre sus sentaderas.

Sora abre sus ojos luego del golpe y gira su mirar hacia la pared para observar aquella escalofriante sombra, pero ésta ya no está.

El muchacho voltea a todas partes en búsqueda de sea lo que sea que haya sido esa cosa, pero no logra avistarla de nuevo.

- Creo... Creo que aún estoy soñando despierto... - Dice el muchacho al tiempo que se soba uno de sus glúteos con su mano derecha.

Sora se levanta despacio para evitar lastimarse más y camina con cuidado hasta poder meterse en su cama. El muchacho se acomoda y se tapa con sus cobijas para poder conciliar el sueño, pero vuelve a sentir esa sensación de estar siendo observado...

El chico sostiene fuertemente uno de sus cobertores y lo jala hasta taparse de la mitad de su cara hacia abajo en miedo. Voltea a ver cada rincón de su habitación en busca de aquella cosa y no tarda mucho en encontrarla...

Delante de él, aquella sombra comienza a surgir del suelo. Pero esta vez se aprecia el cómo toma una forma sólida.

Sora comienza a temblar, siente cómo se le enchina la piel. La sangre se le hiela al ver cómo poco a poco aquella cosa toma forma hasta formarse lo que parece ser un cuerpo humano con una gran gabardina oscura encima. Pero comienza a notar que, encima de su cabeza, todavía se sigue transformando y termina por creársele un cráneo de toro que tapa por completo su cabeza.

El muchacho mira con cierto horror. No sabe qué demonios es o qué es lo que quiere de él. Sólo puede mirarlo y esperar que no le haga daño.

La transformación de la criatura se finaliza y ésta queda inmóvil frente a la cama del muchacho. El castaño no puede alejar su mirada de aquella cosa frente a él.

De repente, la criatura abre sus ojos y deja lucir unas enormes y brillantes orbes color carmesí que miran directamente al chico. Éste siente un enorme escalofrío pasar por su espalda al observar aquellos ojos con mirada penetrante. Su corazón le late a mil por hora, siente unas enormes ganas de gritar y correr lejos de esa cosa, pero está paralizado por el miedo...

La criatura no se mueve, no hace ruido alguno, sólo observa al pobre y asustado Sora, quien aún trata de protegerse entre sus cobijas.

- ¿Qu-qué... qu-qué eres...? - Pregunta el muchacho con temor, pero la criatura no responde. El muchacho traga saliva e intenta preguntando de nuevo. - ¿Qu-qué haces a-aquí? - Pero, de nuevo, el ser no hace ruido alguno.

De repente, el computador del muchacho se enciende por sí sola. Sora se exalta dando un pequeño brinco sobre su cama al ver tal acción. El computador tiene mucha interferencia en la pantalla, casi como si estuviera siendo atacada por millones de virus cibernéticos. Luego de algunos segundos más, la pantalla queda en azul y una serie de letras oscuras comienzan a aparecer, formando palabras.

El muchacho mira confundido la pantalla de su computadora mientras que la criatura aún no separa la vista de su persona, pero luego nota que el ser comienza a hacerse poco a poco a un lado, dejando que Sora vea con más claridad la pantalla y lo que se plasma en ella.

Sora se siente confundido, no sabe qué hacer o decir. ¿Será que aquella criatura quiere que se acerque a leer lo que está escrito en la computadora? Pero, ¿y si le hace daño...?

Sólo hay una forma de averiguarlo...

El muchacho baja de a poco la cobija y sale despacio de su cama, pero sin apartar la vista de la criatura, quien no para de mirarlo de vuelta.

El castaño camina sumamente despacio hasta quedar a más o menos un metro de la pantalla, pero de frente con la criatura oscura. El ser de ojos carmesí lo observa detenidamente. No mueve ni un solo músculo, no parpadea, ni siquiera se ve que respire. Sólo está ahí parado, viendo directamente a Sora, poniéndolo nervioso... Pero el muchacho siente mucha curiosidad por lo que hay en la pantalla, así que decide apartar su vista del ser oscuro por pocos segundos para poder leer lo que se proyecta en la pantalla.

Sora gira su cabeza hacia el monitor y logra ver con más claridad aquellas palabras, las cuales se leen como: Mi nombre es Zerfhek.

- ¿Zerf... hek?

El castaño mira con extrañeza aquél nombre raro, para después voltear de nuevo a ver a la criatura, la cual parece no ha movido ni un sólo músculo, pero su mirada aún posada en él.

- ¿Qué eres... Zerfhek? - Pregunta el niño curioso, pero con algo de miedo aún reflejado en sus palabras.

En la pantalla comienza a haber interferencia de nueva cuenta, después se vuelve azul y comienzan a aparecer nuevas palabras en negro. El muchacho ve cómo las letras se van formando hasta que se logran leer: No es de tu incumbencia.

Sora voltea a ver inmediatamente a la criatura luego de haber leído aquello. Después, y sin previo aviso, el computador se apaga. Pero la criatura aún mantiene su posición.

Sora quiere saber más, quiere saber qué es, por qué está ahí, qué es lo que quiere. Pero, por lo que ve, el ser oscuro se rehúsa a decir más.

El miedo en el chico ya no es notable, pero aún en sus adentro él duda y se pregunta si está bien el acercársele. Pero decide no tentar mucho su suerte...

De repente, la criatura se mueve y se coloca a un lado de la cama. El castaño lo observa hacerlo. Una vez que el ojos carmesí se coloca en ese lugar, pareciera como si se negara a quitarse de ahí. El ser mira por unos breves segundos la cama, luego voltea a ver a Sora directo a los ojos y se mantiene así. El muchacho no sabe qué hacer. Muere de sueño y quiere regresar a la comodidad de su cama para refugiarse del frío y poder regresar a su sueño. Pero no sabe si esa criatura le hará algo mientras duerme... ¡Probablemente lo mate a sangre fría!

De verdad no sabe qué es lo que quiere de él...

- ¿En verdad quieres que me acueste? - Pregunta en voz baja y un poco confundido. - ¿Cómo sé que puedo confiar en ti...?

El ojos carmesí desvía su mirar hacia el escritorio del muchacho, Sora voltea hacia allí de igual manera. Una de las gavetas del escritorio se abre y docenas de papeles salen volando por los aires. Sora se asusta y se tapa la cabeza ante tal acontecimiento. Los papeles caen poco a poco, uno de ellos cae sobre la cama, frente al muchacho, y parece haber un dibujo plasmado en el papel. Sora quita sus manos de a poco y nota la hoja, se da cuenta del dibujo y lo toma con su mano derecha para verlo. A pesar de la poca luz que gracias a la luna hay en la habitación, se logra apreciar la figura en el papel, la cual es idéntica a la de la criatura que ahora se encuentra parada a un lado de su cama. Pero, lo que le sorprende más, es el que ambos, tanto como el ser en el dibujo como el que está frente a él, llevan puesto un cráneo de toro por cabeza y sus ojos son tan rojos como la sangre misma.

Sora está confundido, pero sorprendido ante las enormes similitudes. Luego voltea a ver a la criatura, éste no deja de mirarlo.

- Yo... ¿Yo te creé...? - Pregunta el muchacho viendo con algo de asombro al ser oscuro, pero este no hace ningún movimiento, no dice ni una palabra. Lo único que hace es voltear hacia la cama, verla un par de segundos para, después, regresar la vista hacia el chico.

- Está bien. - Dice un poco más calmado el castaño. - Pero tendrás que prometerme que no me harás nada al dormir...

Sora se queda callado un par de segundos esperando una respuesta, pero lo único que recibe a cambio es una mirada penetrante y algo escalofriante de su parte.

Algo dentro de él le dice que eso es un "sí", así que deja el dibujo sobre su cómoda, se acerca hacia su cama, se mete entre las cobijas y se acomoda. Todo eso sin apartar la vista de la criatura, la cual parece estar hecho de piedra, debido a su inmovilidad.

Por alguna extraña razón, el muchacho comienza a sentirse bastante relajado... ¿Pero, cómo? Si esa criatura de ojos color sangre no deja de observarlo.

Sin importar la criatura, Sora se siente a gusto, algo que ya tenía días sin sentir debido a su enfermedad. El muchacho no aparta la vista del ser oscuro, pero sus ojos comienzan a sentirse pesados y en ocasiones los cierra involuntariamente debido al enorme sueño que ahora tiene.

Con el paso de cada segundo siente los ojos cada vez más y más pesados. Quiere mantener ojos en la criatura, continuar ese juego exhaustivo de miradas para mantenerse a salvo, pero no tarda mucho hasta que el chico sucumbe totalmente ante el sueño.

La criatura oscura lo observa dormir pacíficamente, viendo cómo su cuerpo se mueve con cada respiro.

Y parece no querer dejarlo ir...


Nota de autor:

Hola, muchachos. Ya un rato sin subir algo.
Pero ya me estoy poniendo más al corriente, ordenando cosas y así para poder estar más a gusto conmigo misma y con las fechas de publicación de mis historias c:
Esta es una nueva historia (como podrán ver), y la tuve en mente durante muuuchos meses.
Creo que ya tiene más del año desde que la imaginé por primera vez...
¡Por eso me da mucho gusto el poderla por fin plasmar en palabras! Cx
Espero haya sido de su agrado C:

Bueno, ahora me retiro porque mañana tengo escuela y tengo que dormir :'D

Nos leemos luego, mis guerreros.