El lobo camina solo en la nieve de Siberia, lo único que oye es el viento y los pinos crujiendo, como exclamando el dolor que causa el frío seco parecido a cuchillas que vuelan a través de su ramas. Su última comida fue hace dos días, es una época dura allí en los bosques congelados. Sus ojos alcanzan a ver no más que algunos metros antes de que la bruma de la nieve oculte el paisaje.

Pero el lobo no está perdido, sigue al acecho, siempre listo para correr por su vida e hincar sus colmillos en su presa. No obstante, sin ansias camina el lobo, el se entrega al viento aunque cerca de la muerte lo lleve, porque para el lobo la muerte es algo desconocido, el solo siente hambre.

La nariz húmeda y fría raspando la capa blanca que todo lo cubre siempre y cuando no se tope con el tronco de algún árbol. Aquella corteza resquebrajada era, después de la guarida donde el lobo dormía, lo más cálido y acogedor en aquel tempestuoso lugar.

Sin llegar a sentirlo con su olfato, este animal solitario divisó entre los remolinos de nieve una silueta pequeña, que se movía con delicadeza entre los montículos formados en el suelo. No esperó ni un segundo antes de salir a pique a por lo que sería su alimento, su vida.

En la carrera de la vida y la muerte no hay enemigos, no hay amigos, todo se trata de una sola cosa y no existe algo comparable en importancia para detenerse a pensar, esto ocurre en el mundo animal y parecería que también en el nuestro.

La liebre zigzagueando al correr para despistar y con sus ojos bien abiertos buscando dónde sería el destino de su próximo salto trata de llegar lo antes posible a un refugio que el bosque le proveería. Sus patas traseras de músculos prominentes expulsaban una potencia asombrosa dándole a la liebre la velocidad que le permitía disputar su victoria en la carrera.

Sangre.

La sangre recorriendo las encías y la lengua, sabor exquisito que revitaliza el espíritu. Carne desgarrándose entre colmillos que vigoriza el cuerpo material. Tanta muerte, tanto dolor y sufrimiento y a la vez tanta vida, tanto gozo y satisfacción.

Ciertamente hay algo de liebre ahora mismo en el lobo, así como también hay algo de vida en la muerte. ¿Se podría decir también que hay algo de lobo en la liebre? Yo diría que sí y esto es la mismísima imagen del lobo, que cada liebre de aquel bosque congelado conoce ya que para ellas el lobo es lo mismo que la muerte. Se podría decir entonces que hay algo de muerte en la vida.

Símbolos y más símbolos, palabras y más palabras. Llenando la existencia de sentidos tan difíciles de entender para los sentimientos.