Lyon Garou.

Prólogo.

La primera vez que fui a una fiesta rave tenía 14 años. Para ese entonces, yo asistía a la secundaria "George Washington" de Colorado Springs. Cursaba el segundo año en ese entonces. Al contrario que mi hermano y mi primo, no me ha tocado el bullying; tal vez se debía a que mi primo Anthony y yo asistíamos a una escuela distinta a la que asistían nuestros hermanos, José María, o "Chullo", y Lucas. Tal vez se debía a que yo evadía cuanto mejor podía toda clase de contacto con posibles amenazas como consecuencia de las constantes humillaciones que mi primo y mi hermano recibían por ser hijos de madres migrantes, o a que posiblemente no era del interés de los chicos abusivos.

Recuerdo que fui a esa fiesta rave con mis amigas y compañeras de clase, la cual se había realizado en un edificio abandonado en una de las tantas calles de Denver. Recuerdo las luces, la música a todo volumen, los grupitos de chicos armados por un lado y otros más danzando al ritmo de la luz y el sonido, las bebidas, los constantes flirteos de chicos odiosísimos y las constantes defensivas de Jace Wartham, un hombre bestia, hombre murciélago para ser exacta. Mi mejor amigo y mi guía por el mundo de las fiestas rave desde hace tres años.

- ¡Hey, Mina! – escuché que me llamaran.

Me volví. Agitando la mano, exclamé:

- ¡Hey!

Jace y Hannah, mi mejor amiga y novia del primero desde hace un año, se abrían paso entre la gente. Jace, de complexión delgada, rostro pálido, ojos grises y cabello rubio, llevaba unos pantalones de mezclilla, una camiseta amarilla con el logo de su banda favorita de metal sinfónico, Epica, y unos tenis. Hannah, por su parte, llevaba unos pescadores cafés que enmarcaban muy bien sus piernas delgadas, tenis y una blusa rosada de manga corta, la cual hacía juego con la banda que adornaba su cabello rubio plateado.

- ¡Mina! – exclamó ella al abrazarme.

- ¡Hannah! ¡Jace! – repliqué con una sonrisa mientras me separaba de ella y abrazaba a mi amigo - ¡Justo a tiempo!

- La culpa es de Hannah – dijo Jace en tono de broma.

- Querrás decir tuya, querido – refutó Hannah muy socarronamente -. Eso de no decidirte rápidamente qué ponerte te hace parecer más a nosotras que a los chicos.

- Es un milagro que me tengas paciencia, nena.

Los dos se empezaron a dar de besos en lo que les miraba con nostalgia.

Esa clase de besos eran los que me daba con Víctor, mi ex novio y, para desgracia mía, compañero de universidad. A veces me daban las ganas de llorar y otras veces de llamarle, y sin embargo hacía un esfuerzo sobrehumano en resistirme las ganas. Como Jace me dijo en una ocasión, hombres como Víctor hay muchos, y encontrar al indicado implica besar a un montón de sapos.

- ¿Extrañando a ese pendejo de Víctor? – escuché que me preguntaran.

Volviéndome hacia Grace, otra de mis mejores amigas, contesté:

- ¿Se nota?

Grace, siendo un poco más atrevida y temperamental respecto a esa clase de asuntos, rió y, dándome unas palmadas en la espalda, me dijo:

- Bueno, de que se nota, se nota, pero no te preocupes. Olvidar a un hombre que no te quiso no es tan fácil como lo presumen otras mujeres. ¿Gustas? Es un Caribbean Oil.

- ¿Cómo estás segura de que el alcohol que ofrecen aquí no está adulterado?

- El olor, querida. El olor lo dice todo.

Bufé.

Grace tenía razón en ese lado: El olor es lo que ayuda a distinguir el alcohol adulterado del alcohol puro artesanalmente fabricado. De hecho, el preparado de piña con vodka tenía justamente ese sabor frutal que solamente lo puedes encontrar en los restaurantes más caros de la ciudad.

- Es extraño – murmuré mientras le devolvía el vaso a mi amiga.

En las fiestas rave es muy raro encontrar alcohol fino, por no decir una bebida de muy buena calidad. Normalmente los preparados que venden a los asistentes en la fiesta son hechos a base de licor adulterado y con metanfetamina como ingrediente principal. O al menos eso era lo que yo había probado hace unos tres años, cuando asistí por segunda vez a una fiesta de esas, antes de que yo supiera que por mis venas corría la sangre de hombres lobo, Loup Garou para ser específica.

- ¿Quién organizó esta fiesta? – le pregunté a Jace mientras bailábamos en medio de la muchedumbre.

Jace, acercándose un poco, me respondió:

- Según sé, un riquillo de esos que gustan desperdiciar su dinero a lo grande. Un hijo de papi.

- ¿Un mirrey?

- Así parece.

Yo continué bailando, pero las dudas ya estaban sembradas en mi mente.

Hasta donde yo supiese, los mirreyes lanzan fiestas exclusivas o van a discotecas de alta clase con sus amigos de misma condición social; de hecho, yo sé que esos no lanzan fiestas públicas así como así, totalmente gratuito, sin ningún cover, como le llaman, sin ninguna cuota de recuperación.

Me detuve inmediatamente.

"Algo anda mal", pensé a medida que observaba mi entorno y olfateaba con discreción; un olor apestoso invadió mis fosas nasales, produciéndome asco y náuseas. "Esto no me gusta…".

- ¿Estás bien, Mina? – me preguntó Grace.

- Algo no está bien – respondí -. Esto me parece sospechoso.

- Relájate, Mina. Estamos en una fiesta. ¿Qué cosa puede pasar?

En un momento me volteé hacia algún punto. Un par de hombres vestidos de negro tomaron por detrás a una chica pelinegra que estaba en un rincón solitario y se la llevaron a rastras hacia la oscuridad; ella forcejeaba, trataba de pedir ayuda, pero nadie se dio cuenta de nada. Su lucha por liberarse terminó abruptamente con un sonido nada bueno.

- Chicos… - murmuré.

Mis amigos, quienes también vieron el incidente, se alarmaron.

"Sabía que esto era demasiado bueno para ser verdad", pensé mientras fingíamos continuar bailando y observábamos analíticamente los puntos por donde escaparíamos.

Grace se volvió y me dijo:

- ¿Qué olor percibes?

- Uno asqueroso – respondí -. Como a putrefacción…

- ¡Vrikolakas! – exclamó Jace al notar un segundo secuestro, esta vez un muchacho como víctima, por parte de unos hombres lobo.

- ¡Diablos! – exclamó Hannah - ¡Tenemos que salir de aquí!

- ¿Cómo? ¡Todas las salidas están bloqueadas! – exclamó Grace aterrorizada.

- ¿Puedes comunicarte mentalmente con tu padre, Mina? – me preguntó Jace.

- Recuerda que no a todos los lobos se les desarrolla esa cualidad al mismo tiempo conforme crecen – respondí -. Especialmente si se les camufla a una edad bastante temprana.

Jace suspiró con frustración, pero me comprendió perfectamente.

Los Loup Garou tenemos varias habilidades, pero no en todos dichas habilidades se desarrollan al mismo tiempo que crecemos. Por ejemplo, la habilidad de la comunicación mental no se ha desarrollado aún en mí a pesar de tener ya la veintena; en cambio, mis primos Lucas y Anthony la han desarrollado a pasos agigantados al momento de romper su sello cada uno. José María, mi hermano, la empezó a desarrollar al cabo de un año posterior al conflicto con los Thorn, una de las Casas más poderosas entre los Vrikolakas y descendiente directa de Licaón El Maldito, el primero de su especie.

Lucas y José María fueron los únicos que llevaron a término el Período Liminar del Sello, el cual culminó al cumplir ambos los 20 años; Anthony y yo, en cambio, tuvimos que culminarlo de manera abrupta ante la gravedad de la situación que había en ese entonces con los Vrikolakas.

- Tengo un plan – comentó Jace.

Él se acercó hacia un tipo; con un poco de coquetería le asentó en la mano un par de billetes con la excusa de que quería impresionar a Hannah. Lo que sucedió después fue muy rápido: Jace golpeó al tipo; los dos empezaron a pelear como perros y gatos. Unos intentaron apartarlos, pero Jace los golpeó también. Así comenzó una tromba de violencia entre los asistentes.

Aprovechando el ajetreo, Jace se escabulló con nosotras hacia un improvisado baño. Cerrando la puerta abruptamente con seguro, Jace se volvió hacia Hannah y le dijo:

- Llévate a Grace de aquí. Yo me llevaré a Mina.

Hannah asintió.

Inmediatamente los dos empezaron a transformarse: de sus espaldas salieron un par de alas de murciélago que se adhirieron a los brazos; sus rostros empezaron a adquirir formas animales, similares a las de un murciélago normal. Sus pies se acuñaron, saliéndoles garras.

Me volví hacia la puerta. Un Vrikolakas estaba tratando de abrir la entrada.

- ¡Vámonos! – exclamó Jace mientras me tomaba de los hombros y salíamos volando por el techo después de Hannah.

Miré abruptamente hacia abajo. Nos estábamos alejando rápidamente de la escena del incidente unos minutos después de que un par de Vrikolakas entraran al improvisado baño.

Al aterrizar encima de la azotea de un edificio ubicado a 10 kilómetros de aquella casona abandonada, los cuatro escuchamos con cierto temor los gritos de los asistentes, quienes posiblemente o están huyendo por sus vidas o están rogando por ellas.

- Dios… Esos congéneres tuyos sí que están locos – comentó Jace.

- Enemigos – le corregí -. Son enemigos nuestros.

- Tenemos que ir a casa y platicar a nuestros padres sobre esto – sugirió Grace.

- Sabes bien lo furiosos que estarían si se enteran de que fuimos a esa fiesta a pesar de sus advertencias sobre los últimos incidentes – replicó Hannah.

Tragué en seco.

Ciertamente mis padres y mi hermano sabían de mis incursiones nocturnas en esas fiestas, pero desde hace un año para acá las cosas no estaban siendo tan tranquilas.

Los Vrikolakas, a pesar de estar divididos por la cuestión del pacto con las Casas y viéndose sin líder a quién seguir tras la muerte de Felix Thorn, todavía continúan entrelazándose con los bajos mundos, solo que esta vez el contacto entre ellos se había tornado más descarado ahora que decidieron desplazar a las Triadas como los mayores traficantes de mujeres a nivel internacional. Por ese detalle fue que mi padre me pedía que asistiera con cuidado a esas fiestas.

- Y en las noticias locales, un connato de violencia estalló en un edificio abandonado al sur de la ciudad. Los protagonistas, en su mayoría adolescentes y adultos jóvenes, estaban agrediéndose mutuamente sin razón alguna. Según algunos testigos declaran, el problema empezó con un joven que quería impresionar a su novia…

"Espero que Jace no se meta en problemas", pensé mientras me servía un emparedado de jamón y queso con lechuga y tomate con un vaso de jugo de naranja. Al poco rato bajaron mis padres, a quienes saludé antes de sentarme a desayunar.

- Pobre Jace – comentó mi madre mientras miraba la televisión -. Lo ofrecieron como carne de cañón. Espero que la policía no lo arreste.

- ¿Por qué lo arrestarían? – inquirí – Él creó todo ese lío solo para distraer la atención de los Vikolakas.

Mis padres levantaron sus miradas.

- Se llevaron a jóvenes de ambos sexos que estuvieran bajo los efectos del alcohol, el cual era muy fino por cierto – expliqué -. Y lo más probable era que los mataran. Eso supongo por el ruido que había escuchado cuando se los llevaban a los rincones oscuros.

- No supongas – dijo mamá al señalar la pantalla-. Eso hicieron.

Me volteé.

En la televisión presentaron los cadáveres de tres jóvenes que habían sido encontrados cerca del lugar de los hechos. Esos tres jóvenes eran los mismos que habían sido raptados por los Vrikolakas. Ninguno de ellos tenía sus órganos internos.

"Dios…"