PAREJA: Artulium.


RELATO #1.


Quería irse de la urbanización en la que yacía preso por muchas razones, pero a la vez no quería. Extrañaba a su madre, su sonrisa y, sobre todo, ser espectador de los atardeceres… Aunque, siendo honestos, los mismos en ese lugar no eran muy distintos a los de por su casa.

Cerró los ojos y volvió a abrirlos, sintiendo cómo la suave brisa del alba entraba por la ventana y sacudía las cortinas de la misma, induciéndole cierta tranquilidad. Arturo suspiró y sonrió muy apenas, apreciando con ojos entrecerrados la maravillosa escena de las nubles blancas entremezclándose con el atardecer rojizo del cielo en un espectacular acto lleno de matices preciosos.

No quería levantarse de la cama, aún cuando dicha cama no era suya y que no gustaba de incomodar a las personas; pero estaba tan cómodo y relajado que simplemente no deseaba poner un pie en el suelo hasta que la noche cayera y se viera severamente obligado a ir a su propio lecho. Suspiró melódicamente y volvió a sonreír, sentándose en la cama con algo de esfuerzo, relamiéndose los labios secos. Llevaba toda la tarde ahí acostado, era domingo y no había nada que hacer excepto soportar al molesto hermano de Lilium, el cual, honestamente, lo aterraba muchísimo.
Sin muchas ganas hizo además de levantarse de la cama, sin embargo, fue detenido por la mano pequeña y delicada de la chica que le había permitido residir ahí, mirándolo con una sonrisa mientras sus lacios y cortos cabellos de ébano se le pegaban a la frente y al rostro graciosamente.

Arturo parpadeó, enfocándose en los ojos grandes y rojos de Lilium por pocos instantes, tragando duro; ¿por qué a la vampira se le antojaba acercarse tanto a él? ¿y el espacio personal en dónde quedaba? Volvió a relamerse los labios, nervioso y con el corazón latiéndole desenfrenadamente.

Lilium sonrió divertida, deslizando su mano a través del pecho del pelirrojo hasta su mejilla, acariciándola con dulzura.

—¿Por qué te levantas de la cama? Si estabas tan cómodo~ —susurró cerquita de él, lo suficiente como para que lo oyera aún acariciando su rostro suavemente. Un escalofrío recorrió el cuerpo del humano con velocidad, haciéndole tragar de nuevo.

—E-es que ésta es tu cama, así que yo…

—Podemos dormir los dos juntos abrazaditos —aseguró, no dejándolo terminar. Un sonrojo apenas visible cubrió las mejillas del chico y negó un poco con la cabeza, resignándose a la idea de dormir en su cama por mera caballerosidad. La pelinegra hizo un puchero y se abrazó a su pecho, apoyando la mejilla del mismo.

—¿No quieres dormir conmigo, Shyro~? ¿te parezco fea? —crispó las manos de la camisa del muchacho, cerrando los ojos en un abrazo que calentó su cuerpo frío a una temperatura reconfortante. Schiavone se sintió repentinamente culpable de su actuar, posando una mano en la espalda de la fémina para negar nuevamente, frunciendo el ceño apenitas.

—Eres la chica más hermosa que he visto. —admitió tímidamente, esbozando una sonrisa que no se molestó en ocultar o negar. Lilium se aferró un poquito más a su pecho, curvando los labios de felicidad ante el comentario de su humano. Empleó un poco de fuerza y terminó tumbándolo hacia atrás, colocándose sobre él de un movimiento ágil y rápido.

—Shyro me quiere~ —canturreó graciosamente, dándole un suave besito en los labios que lo coloró a más no poder, avergonzándolo olímpicamente. Arturo hizo el rostro hacia un lado y carraspeó, sonrosado mientras los cabellos negruzcos de la vampira le acariciaban en cuello en un roce delicado y placentero. La abrazó contra su pecho, observando cómo el manto azul de la noche caía sobre el cielo.

Era en momentos como ese en los que no deseaba regresar a casa sino estar con ella, con Lilium.


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Escrito: 12/05/2012.
Publicado en ffpress: 31/08/2015.