Un Camino

Capitulo 1

-Que te pasa? Estas en otro mundo?- pregunta Diego mientras mira hacia arriba a Martin, quien tenía un trapo entre las manos y no la llave francesa que le había pedido.

-Perdón. Estoy distraído.- dice Martín alcanzándole la herramienta.

-Que te pasa?.- Le pregunta Diego y se pone de pie, mientras se apoya en el auto que estaba arreglando.

-Ves algo diferente en mi?- dice Martin. Diego mira detalladamente su rostro.

-No.-dice.

-Estuve hablando con Carla, sobre nosotros, ósea, sobre nuestra relación y porque terminamos.- dijo Martín poniéndose al lado de su amigo. -Ella me dijo porque termino conmigo.

-Te engaño?- pregunta Diego mirándolo a los ojos.-Te hizo lo mismo que Marcela a mi? Son todas iguales!.

-No!. No me engaño!- dice Martín haciendo un gesto de cansancio en el rostro. -Ella me dijo que lo nuestro no funcionaba porque yo no la veía como una novia sino más bien como a una amiga, y tiene razón.

-Ella te culpa a vos? Como que nunca la viste como novia? Eso era, tu novia.- Le dice Diego.

-Nunca paso nada, a eso se refiere. No... llegamos a hacer nada.- le explica Martín mirando hacia abajo. Levanta la mirada y Diego lo miraba como si tuviera dos cabezas.

-Como que nada?... Nada... de nada?- pregunta Diego mirándolo fijo.

-Nada de nada. Ósea nos besamos muchas veces pero no llegamos a mas.- Martín tenía la cara roja, nunca le había hablado de su intimidad a su mejor amigo. No porque no confiara, pero no quería reconocer que había algo mal en él. Había intentado tener intimidad con Carla, pero se ponía nervioso, y terminaba disculpándose con ella.

Cuando terminaron y decidieron quedar como amigos, supuso que no podía culparla.

-Bueno- le dijo Diego-eso no significa que tuviera que terminar con vos. Ella te dijo que te dejaba porque no paso nada? Eso no es excusa.

-Ella me hizo ver algo, darme cuenta de algo más.- Martín no sabía cómo decirlo, en ese momento su padre entro con una caja en sus brazos, pidiendo su ayuda, así que dio por terminada la charla.

La tarde transcurrió normal. Diego termino su trabajo y se fue a su casa, él se ducho y fue a la cocina, donde estaba su mamá preparando la cena. Mientras su padre miraba un partido en la sala, él se sentó en la mesada y miraban a su madre. Realmente no sabía cómo preguntarle, hizo en su mente muchas maneras de preguntar sin ser obvio pero su madre era un escáner.

-Muy bien, soltalo!- escucho que dijo su madre.

-Que?!- le pregunto consternado.

-Soy tu madre. No te tuve 9 meses en mi panza al divino botón. Te pasa algo. Y es importante.-

-Tengo una duda, y no sé, como saber qué es lo correcto.- sabia que ya había empezado y que su mamá le iba a preguntar todo.-Si yo fuera otra persona, alguien diferente, me amarías igual?.

-Nada en esta vida me haría amarte menos, nunca podría no amarte. Le dijo su mamá mirándolo a los ojos. -Si esa es tu duda, me gustaría saber de donde salió?.

-Sé que me amas, igual que papá. Mi duda no es esa, en realidad, es sobre lo que me pasa, y no sé cómo encontrar una respuesta.- Le dijo casi susurrando, él no sabía cómo explicarlo.

-Que te pasa? Sabes que podes contarme.- su mamá lo miraba con ternura y preocupación.

-Si...si en lugar de las chicas, me gustaran los chicos, eso estaría mal?-pregunto.

Susana lo observó. -No. No estaría mal. Te gustan los chicos?

Esa era la pregunta que se hacía internamente. -No lo sé.

Era el 5to ejercicio de álgebra, y definitivamente no tenía idea de cómo resolverlo. No tenía idea porque Martín no quiso ayudarle, y estaba agotado de pensar. Se levanto, fue a su espejo, y vio su reflejo.

Diego era de estatura normal, los años de deportes habían hecho lo suyo, tenía buen porte, su cabello era negro como la noche, su piel blanca, ojos color gris-verde, tenía las fracciones de un muchacho, pero él solo veía los enormes cuernos que le había puesto su ex. Sus ojos se posaron en una foto que tenía en el marco del espejo, ahí estaba él junto a Martín, un año atrás, celebraban la victoria de su equipo, estaban abrazados, riendo. Eso le recordó que extraño estaba su amigo durante la tarde y la pregunta que le había hecho. Decidió volver al ejercicio de álgebra y averiguar al otro día que le pasaba a su amigo.

Martín sabía que estaba mal mentirles a sus padres, pero no quería que le hicieran preguntas. Les había dicho que estudiaría con Diego, pero en realidad iría a un bar, no al del pueblo, allí iban todos, iba a uno que estaba de camino al otro pueblo, en la ruta, no tenía mucha fama, nadie lo conocía, le costó encontrarlo, se llamaba Sugar, lindo nombre, pensó. Se acomodo la camisa por décima vez, se miro al espejo. Sus ojos eran color miel, su cabello castaño haciendo juego, su piel blanca lo hacía lucir increíblemente guapo, alto, no era musculoso pero su cuerpo tenía una gracia especial. Pidió un taxi y comenzó el viaje.

El lugar era agradable, había una barra, una pista de baile, en la cual habían parejas bailando, y una música agradable. Se sentó en la barra y pidió un trago, no quería emborracharse, así que decidió que el trago debía durar toda la noche. Miro a su alrededor y el lugar parecía tranquilo.

-Me puedo sentar?- un hombre alto y muy atractivo le pregunto, señalando el asiento de al lado.

-Si.-contesto sin pensar.

-Sabes cuantos ejercicios de algebra hice anoche?- pregunto Diego parándose al lado de Martín.-Cero. Y es tu culpa.

-Mi culpa?. No sabes usar una calculadora?.- Martín trataba de no reírse por la cara de indignación de su amigo.

-Si. Y no, no se usar la calculadora, además porque no quisiste ayudarme?

-Tenía cosas que hacer.- Martín sabia que tarde o temprano tendría que hablar con su amigo, pero no estaba preparado aún.

-Que vas a hacer esta noche?. Podríamos jugar a los vídeos juegos un rato, mis padres no están en la ciudad-. Preguntó de la nada Diego, mientras caminaban a sus cursos.

-Mejor aprende a usar la calculadora. Te veo más tarde.- Dijo Martín y entro a su aula. Esa noche la tenía destinada a hacer algo más importante. Esa tarde tenían entrenamiento y después hablaría con sus padres.

-Mamá? Puedo hablar con vos?- pregunto Martín cuando entro a la sala.

-Si.- Susana ya sabía de que hablarían. Se sentaron en el sillón, uno al lado del otro. Estaban solos, su padre estaba en el taller terminando un trabajo.

-Yo...mmm... Soy gay.- Martín miraba a su mamá con un nudo en la garganta. Sentía que las piernas le temblaban y su estómago parecía tener una piedra. Susana lo observaba, fueron segundos que parecían horas.

-Bien. Si estás seguro, está bien. De alguna manera ya me había dado cuenta, no preguntes como, es intuición de madre. Pensas decírselo a tu papá?

-Si. No quiero mentir u ocultarles ésto. Crees que papá lo tome mal? Crees que ya no me quiera?- Martín se sentía enfermo.

-Tu papá te ama. Nunca va a dejar de amarte.- Su mamá lo abrazo y lo beso en el cabello. Él se apoyo en su regazo y sintió calma.

Su padre lo miraba serio, a los ojos, como si no entendiera de qué estaba hablando. Martín sintió la piedra en su estómago otra vez. Estaban sentados en la cocina, su madre estaba a su lado, sostiendo su mano debajo de la mesa, su padre en frente de él.

-A ver si entendí- dijo al fin su padre,-Te gustan los hombres? Los hombres?. Pregunto con cautela Antonio.

-Si. Me gustan los hombres. Soy gay papá. Estas...decepcionado de mí?

-No. Claro que no. No hiciste nada malo, seguís siendo mi hijo, solo que ahora sé que te gustan los hombres. No es mi idea favorita, pero si es lo que te gusta yo lo entiendo. Esto es...como...no sé, es difícil, no quiero decir que no lo acepte o a vos, pero tenias novia?, Que paso con eso?

-No la veía como a una novia, más bien como a una amiga, eso no funcionó. Le explicó Martín.

-Bien. Estas seguro que ...ésto es así?- Su papá se veía afligido.

-Si- Martín bajo la mirada.

Antonio miro a Susana, como pidiendo ayuda. Ella lo miro haciendo un gesto hacia Martín.

-Si sos feliz, yo también.- Martin lo miro a los ojos. -Solo no quiero que sufras, yo vi lo que les pasa a los...gays, ...y no quiero verte mal, sos mi hijo, al que le gusta mirar películas donde cantan y se come el dulce de leche con los dedos. Siempre vas a ser mi hijo.- Martín sonrió con el comentario, y una sonrisa más grande apareció, cuando su padre tomo su mano sobre la mesa y le sonrió de lado.

Todo estaba bien ahora.