Se miró al espejo del baño.

La luz fluorescente la hacía parecer aún más pálida mientras miraba horrorizada su irreconocible reflejo proyectado en la deformada pantalla de cristal, que parecía mostrar una sonrisa socarrona y decir, "te lo dije", aunque ella no podía articular palabra.

Había dos fluorescentes, era un baño ridículamente grande, con suelo de azulejos negros y polvo. Olía a vómito y orina.

No había nadie en el baño, era tarde, y el restaurante estaba vacío a excepción de dos mesas: la de su familia y la de una pareja acaramelada que estaban, hacía unos minutos, pagando la cuenta.

Estaba empezando a sudar.

La tela de la fina blusa de franela estaba adhiriéndose a su infantil cuerpo asfixiándola y haciendo que su garganta se cerrara cediendo ante la sensación de pánico.

Intentó pensar con claridad.

Intentó, aunque fuera, esconderse en una de esas ridículas cabinas en hilera y de puerta rosada.

No podía moverse.

Intentó aclararse la garganta, articular algún sonido, pero le era imposible, no podía apartar la vista del espejo. Cuanto más se miraba, más se hipnotizaba. Más se disgustaba.

De fondo sonaba Mood Indigo, de Nina Simone.

Estaba temblando, pero no era de frío, supongo que era de ira. Se siguió mirando, observando cada uno de sus defectos, o de los que creía que tenía.

No era más que una niña. Su mirada no decía lo mismo.

Tenía la mandíbula apretada con fuerza y los puños cerrados y en tensión, como si estuviera preparándose para golpear a un adversario que de un momento a otro hubiera de hacer su entrada.

Sin embargo nadie apareció.

"Ya está, a partir de hoy se reducen las comidas a dos por día. Ni una más"- se dijo, con los ojos llenos de lágrimas, mirando su reflejo.

Al fin consiguió, tras tomar esta resolución, despegar los pies entumecidos y helados del sitio, secarse las lágrimas, y salir del baño del restaurante.

Se dirigió a la mesa, con el rostro seco y aspecto calmado. Sonrió y fue a darle un beso en la mejilla a su padre, que la reprendió cariñosamente por haber tardado tanto, lo cual generó sonoras risas y algunas bromas desagradables durante el resto de la cálida y agradable cena.