Le echo de menos.

A veces más a veces menos.

Ya he echado de menos a otras personas, en otras vidas, en otras historias, en otros momentos: no es algo con lo que no esté familiarizada. Solo tengo que esperar a que se aleje la quemazón en mi estómago y la suplanto el usual vacío, pero por primera vez, dudo que la rutina se cumpla y me encuentro envuelta en cenizas de recuerdos y con dagas de palabras clavadas en el pecho mientras mis ojos se van de tinta y me dejan heridas en piel escrita sobre emociones muertas.

Le echo de menos.

No le encuentro y me pierdo a mí misma, y vomito sentimientos y ácido clorhídrico y humo de rencores y niebla de mentiras.

Hace días que me perdí en un laberinto de espejos y por mucho que mire no me encuentro.

El cristal líquido corre en mis venas y mi piel es de fénix y de sangre y de piedra.

Hace días que no me encuentro, le he perdido, no me ve.

Bebo, no como, lloro, no duermo.

Recorro el camino hacia el sabor de su boca amarga y sus labios de óxido y sabe a miel, a sangre y a polvo, una combinación afrodisíaca que dudo pueda olvidar mi mente de barro y extremidades de hilo.

Recuerdo ese último beso cien veces al dormir y otras cien al despertarme, y me acuerdo de como lo fue todo sin saberlo.

Le echo de menos. Eso es algo que nadie va a saber, la manera tan brutal en la que le echo de menos. Siento estar diez metros bajo tierra y levantarme y no respirar y recibir cada golpe con impacto triplicado porque él no está.

Me echo de menos. Echo de menos sonreír, no he vuelto a sonreír desde que le vi la última vez, el estómago se me revuelve y no puedo comer, y no puedo hablar y no puedo olvidar. Echo de menos su sonrisa, esa estúpida cálida sensación que me provocaba en los peores momentos.

Y lo era todo y yo no era nada, y él era mi galaxia y yo era su estrella, y él era una potencia elevada al infinito y yo solo era una persona insignificante en la masa azul de nuestro planeta.

Y se fue y yo ya no soy yo, no soy más sonrisas. Se ha ido y he perdido el camino, prendiéndole a él me perdí a mí misma.