Miraba de reojo, confundía su mirada con su atención, no sabía qué era lo que él veía, no sabía si la observaba. Aquel chico inteligente y correcto, tan misterioso como tímido y apuesto, aquel chico la ponía de nervios, la incomodaba, la tenía atenta y precavida. No lo conocía, era un hombre más, un hombre cualquiera, él que la hace respirar con profundidad, él que la convence de su esencia, esa que es sincera, flexible, buena.

Quiere ser la que recibe la mirada, quiere pensar que aquel chico la observa, que piensa en ella, que la busca; no sabe qué ideas están en su cabeza, pero desea que su nombre divague por aquellos pensamientos.

Regina.

Tan simple como soplar, tan simple como oler, quería estar en su cabeza.

La desesperación aumentaba, era momento de buscar sus ojos, saber qué le estaba molestando, qué hacía que aquel chico la tuviera nerviosa, casi emocionada. Volteó a su dirección, lo vio concentrado, viendo al frente, sin verla a ella. Su mirada lo llamó, él contesto, él regresó a mirarla, un simple movimiento de pupilas, de interés. Su nombre, su esencia, ella, estuvo entera en su mirada, en sus pensamientos, en él. Era su objetivo, era su deseo, estar en él; así fue, así la miro. Él respondió con mayor tiempo, la estudio más de lo que ella estaba permitiéndole, por saber que pasaba por su mente, aquel chico le sonrió mentalmente, poniendo discreción, dándole secretísimo a sus ideas. Lo sabía, esos ojos tan penetrantes dentro de ella, demostraban la fantasía que se estaba imaginando, aquel chico pensaba igual, él veía esa cascada de emociones pasar por dentro de sus ojos, dentro de aquella ventana a sus emociones, eso le llenaba, le hacía ver que él estaba en ella. Tal para cual, miradas entre sí, pensamientos íntimos, deseos interminables, nervios predominantes, dos personas pensándose, una por estar en otra, la otra por estar en una.


16 de Octubre de 2015