Esperando en Babilonia


Dedicado a Jorge P.


Tengo prohibido andar por el mundo con los cabellos sueltos. Temo yo, temen otros, que mis rizos marcados se conviertan en serpientes, incitados por mis pérfidas palabras.

Sobre todo yo lo temo, pues no quiero convertirme en Ménade tan temprano.

Antes de dormir, cuando me los dejo caer a la cintura, escucho sus susurros.

Es lo mejor para todos atarlos.

Hasta para mí, que aún no tengo una bestia de siete cabezas, ni dinero para el vestido rojo. Por no hablar de que vivo en un mundo sin santos.