CAPÍTULO 1: Corazón


Enrique

Si, ahí estaba otra vez mi querido amigo, sentado, viendo hacia todos lados esperando encontrar algo con lo que entretenerse. Siempre observa a las personas, como buscando lo que ocultan, pero la verdad no sé porqué lo hace; algún día se lo preguntaré.

Estábamos en una fiesta, eran apenas las diez de la noche y nosotros acabamos de llegar pero tan pronto como aparecimos en la casa de Richie, una chica muy guapa se me acercó, así que Antonio se alejó y me dejó solo con ella. Que pésima idea tuvo. Era normal que lo hiciera, pues seguro pensó que aquella chica me gustó y quería ligarla, pero está completamente hueca, y ese tipo de mentes no me interesan.

Por mis rápidos movimientos me pude zafar de aquella chica, que ni recuerdo su nombre, y me dirigí al lugar a lado de Tony.

–Vaya mujer la que te habló.– Me comentó.

–Déjala, está vacía, no puedes hablar con ella de nada.

–Que mala suerte amigo, pero bueno ¿quieres ir afuera? Tengo calor aquí dentro, hay mucho movimiento.

–¿Afuera para qué? Seguro están algunas parejas besándose.– Lo vi como confundido, él normalmente le gusta conocer gente y estar en la fiesta, no irse afuera por tener calor.

–Entonces podemos ir allá y hacer lo mismo.– Bromeó.

Yo me reí y le seguí la broma con una mirada muy lasciva.–No me gustaría que nos vieran haciendo nuestras cositas.

–Pues a mi sí.– Dijo riendo.

–¡Oigan ustedes! ¿qué hacen sentados en una fiesta? ¿les pasa algo?– Roberto llegó atacándonos con preguntas y una cerveza en mano.

–Pensábamos ir afuera.– Dijo Tony estirando su mano para tomar la cerveza de Roberto.

–Vengan acá chicos, vamos a divertirnos con los otros.– Roberto ya estaba un poco ebrio, seguro tomó mucho antes de que empezara la fiesta.

Ambos asentimos y lo seguimos a donde fuera que nos llevara. Llegamos a la parte trasera de la casa y encontramos a nuestros viejos amigos, entonces empezamos a bromear, hablar y reír. Hacíamos buenos recuerdos. Quién iba a decir que esa noche descubriría algo que cambió todo. Quién iba a decir que esa noche haría algo de lo que ahora no me arrepiento, pero que en su momento si lo hice, y demasiado.


Antonio

Me quedé observando el lugar, buscando alguna chica guapa que quisiera conocer, pero no, ninguna me llamó la atención. Seguro porque Quique ya se llevó a la mejor de toda la fiesta. Por ser su amigo tenía que darle el espacio para que hiciera de las suyas, pero a veces me molesta que todas las buenas chicas se acerquen a él, digo, sé que es muy guapo y todo, pero yo no me quedo atrás. Simplemente tengo celos, celos de los que Quique sabe.

De la nada mi amigo me sentó conmigo y le dije que saliéramos, entonces llegó Roberto y nos llevó atrás con los demás. Los saludamos a todos y me sorprendió que algunos estaban más altos y otros ya tenían novia. Hacía tiempo que no los había visto, casi un año sin tener contacto, pero fue grandioso que nos contaran lo que hicieron durante todo ese tiempo.

Estaban pasando las horas y el alcohol en nuestro cuerpo aumentaba, estábamos demasiado ebrios todos, que apenas recuerdo qué pasó.

–Y Tony, ¿ya están juntos?– Preguntó Kevin.

–¿Juntos? ¿Quiénes?– Su pregunta me confundió, ¿a quién demonios se refería?

–Tú y Quique.– Todos se empezaron a reír, hasta el mismo Quique.

–Siempre hemos estado juntos, Kevin. Tony es el hombre de mi vida.– Dijo en broma mi mejor amigo.

–Vaya que sí. Espero nos demuestren su gran amor con un beso, aquí y ahora.– Nos retó Alan.

Todos empezaron a hacer bulla, emocionados y divertidos.– A mi me da igual, todo el tiempo nos estamos besando.– Bromeé.

–Entonces, adelante.– Dijo Sebas.

–Ven a mi, corazón.– Me llamó Quique, estirando sus brazos hacía mí.

Me acerqué a su cuerpo, imitándolo y acercando mi boca a la suya. La verdad es que nunca nos habíamos besado, pero no me importaba, porque tenemos la suficiente confianza como para hacer algo así, pues nos conocemos desde hace más de 5 años.

Escuchaba el murmullo de la gente en la fiesta, el sonido de la música a todo volumen, las risas de mis amigos, los gritos ahogados de emoción por nuestra acción, y podía sentir el montón de celulares levantados para grabar el "tan importante evento". Seguro al día siguiente me arrepentiría de hacerlo con cámaras enfrente, pero por todo el alcohol en mí, no me importó y si, me deje llevar, cerré los ojos, tome el cuello de Quique con mis dos manos mientras él tomaba mi cintura, y nuestros labios chocaron, moviéndose torpemente, con gritos de fondo.


5 de Diciembre de 2015.