CAPÍTULO 47: Completamente real


Antonio

–No sé de qué hablas, Jaime. –Mentí. Él rió bajo, mientras Caro lo abrazaba.

–Vamos, chicos, es hora de decirle. Ya no deben ocultárselo. –¿Qué había visto Jaime? ¿Nos había visto besándonos? ¿Por eso estaba diciendo todo eso?

–No hay nada que ocultar. –La mirada fija de Caro en mí no me dejaba pensar.

–Cariño, vamos, dime, ¿de qué trata todo eso? ¿qué me ocultan? –Preguntó ella.

–Yo… Jaime está jugando con nosotros. Quiere que pienses algo que no es. –Quique seguía callado y viendo para otro lado. –Hablemos de otra cosa.

–¿Es por lo que se estaban peleando hoy en la mañana? –Caro insistía.

–Caro, tu novio está loco, no le hagas caso. –Jaime rió.

–Háganlo a su tiempo, pero tienen que saber, que si siguen "escondiéndose" así, todos los verán en algún momento… como yo. –Quique miró rápidamente a Jaime. –Sí. Los vi.

Nos había visto. Maldición. Sentí todo mi cuerpo temblar, mis manos estaban cerradas completamente y lo único que podía hacer era bajar la mirada. No dije nada, ni negué nada. Ya nos había visto, ya sabía. Jaime sabía de nosotros. Quería que la tierra me tragara. No podía levantar la vista y mirar a Caro o a Jaime, no podía.

De reojo vi que Quique salió rápido de la piscina y se metió a la casa. Caro exclamó algo de "qué pasa", y Jaime sólo respondió con un "ya lo entenderás después". Yo seguía ahí, atorado en el agua, buscando una razón para escapar, pero la voz de Jaime se repetía en mi cabeza y no me dejaba pensar. Que Quique y yo supiéramos que nos habíamos enamorado era una cosa, pero que se enteraran otras personas era muy fuerte, algo imposible, se sentía extraño y anormal. Ya estaba siendo difícil tratar de convencer a nuestros amigos que no pasaba nada, pero ahora con Jaime que nos había visto, todo se complicaría más.

–Jaime, no debiste. –Sólo dije eso y salí de la piscina enojado. Tomé mi toalla y rápidamente me dirigí a mi habitación a buscar a Quique, que seguro estaría completamente mal. Llegué a la puerta y sin tocar, grité un "soy yo". Ya sabía que no abriría por lo que traté de forzarla, pero en eso Quique la abrió y sin pensarlo me jaló del brazo para meterme.

–Quique. –Dije, preocupado. Él me abrazó muy fuerte y me recargó en la pared. Estaba roto. Podía sentir su respiración acelerada y su ligero temblor cuando llora. Yo le respondí el abrazo y nos quedamos así por mucho tiempo, hasta que nos calmamos. Cerré con seguro la puerta y lo empujé a la cama, para que se sentara.

–¿Ahora es completamente real? –Pregunté, sin realmente preguntar. Lo aseguraba.


Enrique

Estaba siendo demasiado cobarde y muy dramático, pero no podía aguantar el hecho de que alguien más supiera lo que siento por Tony, digo, no es como si hubiera sido fácil para mi aceptarlo, ahora menos que los demás lo aceptaran. Y la verdad ni me importaba que los demás lo entendieran, pero me dolía y me hacía sentir muy extraño que mis amigos, mi primo, y mi familia, o quien estuviera a mi alrededor, pensaran en mi y en Tony juntos. Era cosa sólo de mía y de él, nada más. Pero es que, que los demás lo sepan lo hace palpable, físico, completamente real, y aunque sabía que ya era real, Jaime me dio un segundo golpe en la misma herida.

Huí de la piscina para refugiarme en el cuarto, donde nadie me viera dañado. Porque ahora Jaime lo sabía. Nos había visto. Maldita sea. Nos había visto en un momento íntimo, muy íntimo, aunque no fuera sexo, era muy personal porque sólo nosotros dos sabíamos lo que hacíamos, compartíamos la cercanía y lo que transmitíamos.

Al estar pensando y pensando en eso, comencé a llorar de impotencia, luego escuché que Tony gritó, y sin pensarlo le abrí, porque necesitaba verlo.

–¿Ahora es completamente real? –Me preguntó, después de que nos habíamos abrazado y sentado en la cama. Yo me quedé callado. –Pero... no es algo malo, sólo ya lo sabe.

–Tony. –le llamé, serio. –No quiero. Ya sé que lo sabe, y pronto lo sabrá Caro, pero, no quiero hablar de ello.

–Entonces me dormiré, mañana veremos qué pasa. –Dijo, antes de meterse al baño.

Yo no quería hablar de nada, sólo quería estar en silencio pero acompañado, así que esperé a que saliera de bañarse para yo hacer lo mismo y ponerme el pijama. Después, me metí con él a la cama y me le quedé viendo un buen rato.

–Quique, no puedo dormir con tu mirada fija en mí. Me da miedo. –Bromeó. Yo reí bajito y le di un pequeño golpe en el estómago. –Ah. Sí me dolió.

–Ya no recuerdo cuantas veces me has visto llorar.

–También te he visto pedo, vomitando, orinando, eructando, apestando.

–Tú no vueles a flores. –Le contesté, divertido por como me estaba tratando.

Se volteó para verme. –Pero también te he visto limpio, riendo, jugando, dormido… y desnudo. –Sonrió.

Lo que decía me hacía reír y poco a poco fuimos quedándonos dormidos por el cansancio del día, tanto emocional como físico, hasta que despertamos abrazados al día siguiente. Pero yo no quería levantarme y continuar con el problema del día anterior, sólo quería quedarme dormido con él, sin saber nada de nadie. Y aunque eso suene muy cursi, realmente quería eso. Tony estaba llegando muy dentro de mí. El hijo de puta estaba siendo mucho más importante de lo que ya era antes, si eso se podía.


18 de Octubre de 2016.