No quiero simplemente quedarme ahí, estoy tan aterrada y triste.

Me abraza brutalmente ese miedo a enloquecer.

Te quiero a ti, y no sé quién eres.

Te necesito y no quiero que notes esa herida que tengo, esa que se nota en mí mirar. Si lo haces, si lo notas, por favor, cariño, apriétame fuerte.

No entiendo por qué, no entiendo qué es, no entiendo qué soy o qué eres. Pero existimos, cielo. Y si te pienso... es porque puedo aferrarme a ti, antes de que me arrastre la marea de ese 'algo' que siempre nos ha de abrumar.

No quiero enloquecer. No quiero enloquecer. No quiero enloquecer. No quiero enloquecer. No quiero enloquecer. No quiero enloquecer. No quiero enloquecer.

Como sé que tú lo harás.

Quiero encontrar mi lugar, como sé que también lo harás. Pero a diferencia tuya, quiero encontrarlo a tu lado. No sé quién eres ni sé quién soy yo. Pero todo eso que he dicho, de alguna forma es correcto.

Nunca huimos lo suficiente de nuestros miedos y me di cuenta de que al final del día no son tan malos, ellos esperan ser reconocidos, tan sencillo. Y esfumarse, para siempre. Para dejarnos libres.

Pero enloquezco, amor. Enloquezco cada segundo, segundo, segundo, me impido mirarlos. Porque no puedo amarme.

Sé que lo hago contigo a pesar de mi incapacidad. Lo hago, te amo.

Y lo hago con tanta dulzura.

...

Tengo miedo a enloquecer.

Tanto miedo...

No sé lo que es estar bien, cariño. Ayúdame.