¡Hola y buenas noches tengan todos ustedes, amables lectores! Aquí Vicka Boleyn, antes Eugenia Rivas, reportándose con el primer capítulo (o el prólogo) de una historia que participa en el Reto Semi-anual: "Arriésgate a escribir" del foro El Rincón Creativo. Es algo cortito, pero que sea de su agrado :).

¡Abrazos a todos!


Iniciada.

Prólogo.

Cristina Herrera se despertó completamente asustada. Respiraba entrecortadamente, como si tratara de recuperar el aliento tras una larga lucha. Lo malo para ella era que sus parálisis de sueño y sus pesadillas se habían vuelto muy recurrentes en los últimos días. Generalmente pensaba que el origen de sus ataques se encontraba en la tensión emocional existente en su hogar, prácticamente una situación límite encarnada en una especie de lucha de poder entre dos hermanas que habían llevado la rivalidad fraterna a un nivel casi asesino. Sin embargo, las extrañas marcas que aparecían en sus brazos y su cuello parecían decirle otra cosa.

Sentada, trató de calmarse.

Sí. Definitivamente era la situación de la casa lo que le provocaba aquellos ataques tan recurrentes. No tenía otra explicación lógica. El estrés provocado por la tensión en el hogar y el hecho de que ya no tenía dinero para solventar su examen profesional fueron los ingredientes principales para su actual situación. En cuanto a sus marcas, éstas desaparecían de manera inmediata y con lentitud, así que ella atribuía a sus constantes posturas en la cama.

"Es solo el estrés", se repitió a sí misma mentalmente mientras rezaba un Padrenuestro y un Ave María antes de volver a acostarse.

Mientras que ella trataba de conciliar el sueño con una canción de Christian Daniel grabada en su celular.

- Quien recorrerá tu espalda y te descubra con un mapa… – murmuró la mujer mientras cerraba los ojos para tratar de conciliar el sueño.

En lo que escuchaba esa canción, Cristina empezó a echar vuelo a su imaginación. Se imaginaba estar en un mundo feliz con un trabajo, un departamento lleno de libros, tres gatos, dos hijos y un esposo que la amase con locura. Sin embargo, su imaginación fue interrumpida por una imagen nítida del cual no recordaba haber invocado y la voz del cantante cantando sus versos sobre amor y desengaño retumbaba en su mente.

"Como acostumbrarme a mirarte sin poder tocarte… Como mentirle a mis ojos si no he dejado de pensarte…"

Mientras tanto, en otro punto de la ciudad de Mérida, la vida de alguien había sido segada. Una sombra, limpiando la sangre de su víctima que había quedado impregnada en su daga con un pañuelo blanco, abandona la escena del crimen tranquilamente a sabiendas de que mañana esa muerte aparecería en la prensa local.

Sacando su celular del bolsillo, la sombra apretó una tecla.

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El detective Jacob Talavante encendió la luz cuando escuchó el sonar insistente de su celular. Joder, realmente odiaba las canciones romanticonas; las odiaba tanto que tenía las ganas de arrojar el teléfono por la ventana.

- Aquí Talavante.

- Misión cumplida.

Daniel se incorporó enseguida.

- Por Dios, Daniel – murmuró mientras miraba la hora en su reloj -. Son las 2:50 de la mañana.

- La mejor hora.

- ¿Quién estaba contigo?

- Nadie. No hay testigos. Tal y como me pediste.

Jacob se levantó de la cama y salió de su habitación rumbo a la cocina. Preparándose un té de tilo, añadió:

- Daniel, creo que debes actuar en bajo perfil de ahora en adelante. Esto pronto se saldrá de control y yo no podré cubrirte las espaldas por más tiempo… Y otra cosa: deja de agarrar MI celular y ponerle canciones tocapelotas. No es nada agradable escuchar canciones corta-venas y deprimentes a altas horas de la noche.

- ¿Qué tienes en contra de las baladas románticas? ¿Eres un amargado o qué onda?

El policía rodó los ojos y se despidió de Daniel antes de colgar.