Al despertar


Duermo con los ojos en otros mundos y con la mente en distintos polos.

Anhelo seguir descansando y ver lo que no puedo describir pero que si puedo sentir.

De pronto un sonido lejano interrumpe mis imágenes, les da un ritmo sucio y terrible.

Está sonando la alarma.

Caigo en la verdad.

Aquel sonido me persigue para establecerse en mi mente y mis delirios se difuminan.

A los pocos segundos, mi cuerpo reacciona y levanto mi mano, seguido de cerrar mis ojos al sueño y abrirlos a la realidad.

Veo la hora y asimilo dónde estoy, qué soy y qué hago.

Parpadeo varias veces y me relamo los labios, pues están secos, con restos de ideas que se quedaron estancadas dentro mis sueños.

Me remuevo entre las sábanas y descubro que tengo que levantarme, pero no quiero.

Luego volteó de nuevo a ver el reloj, que sigue sonando y ya me fastidia.

Lo silencio y busco una razón para levantarme.

Miro alrededor, con la intención de encontrar algún motivo.

Entonces recuerdo el incentivo:

"Ah, tengo que vivir".


19 de Febrero de 2016.