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©Yahab Casas

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Prólogo

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Ese día el tiempo se detuvo por instantes enteros, las campanas de la abadía resonaban con frenesí desmedido, las palomas de la plaza aledaña habían alzado el vuelo llenado el ambiente de zureos en sinfonía; de ese canto hermoso que transmitía un sentimiento nostálgico, casi añejo, y sin embargo el viento de aquella tarde musitó cierto dolor entre susurros, al ritmo de su corazón desbocado cuyo sonido amenazaba con taladrar su cabeza.

Sus ojos parecieron nublarse ante semejante escenario, ahí justo al fondo del pequeño pueblito en donde descansaban los viejos almacenes de grano y forrajearía. Había corrido hasta ese sitio sintiendo que el alma se le desbocaba, y cuando sus pasos finalmente habían alcanzado su objetivo no había encontrado nada, excepto quizás… lo inesperado.

Sus pupilas vagabundearon sin rumbo al percibir aquella mancha carmesí sobre el suelo. Algo malo había ocurrido en ese sitio, algo que solamente él y únicamente él entendería, algo que lo había perseguido hasta en lo más profundo de sus sueños, algo que no deseaba volver a ver nunca.

─ ¿Por qué?...

Pero sus palabras parecieron vacías ente el silencio, ni siquiera su propio Zureo había hecho amago de contestar dicha pregunta.

"No elegí tener estos ojos"

"No deseaba tener que arrastrarla a este sitio"