8.- La boda

Tras el anunció oficial del compromiso se desató una lluvia de felicitaciones. Los primeros en acudir fueron los reyes que estaban muy contentos de que me hubiera ganado el corazón de su hijo pues, a pesar de todo, deseaban que se casara por amor. A la pequeña Airy no hubo manera de contenerla y pasó un buen rato antes de volver a la normalidad, pero con una sonrisa que nadie le podía quitar. También Andrisa junto con Eutan y su marido, vinieron a felicitarnos. Entre otras cosas me dijeron que podía llamar al general Lays por su nombre, Linuá porque ya era parte de la familia. Por supuesto toda la corte nos ofreció sus felicitaciones y aunque algunas las recibí con agrado sabía que muchas no eran sinceras. Me seguían mirando con recelo.

Por su parte Coré estaba que no cabía en si de gozo y me confesó que se iba a casar con Leonard, pero que no me lo había querido decir para no recordarme el motivo del viaje. Me alegré mucho y decidimos que nos ayudaríamos mutuamente en los preparativos de nuestras respectivas bodas. La guardia al completo me felicitó, pero por algún motivo el capitán Geolar no le encontré especialmente entusiasmado, se le veía triste.

La vuelta a Balbiana se sucedió en los días siguientes en un clima de euforia colectiva. Yo no sabía donde estaba nada, cada dos por tres me interrumpían. Al final fue Coré la que se encargó de empaquetar las cosas de ambas y me supo muy mal por ella, a pesar de que las criadas le echaron una mano.

Pasaba la mayor tiempo con Aster o con su madre que me enseñaban el estricto protocolo que imperaba en la corte y del que hasta ese momento me había visto exenta. Cuando embarcamos para volver a Balbiana, la reina se encerró en su habitación y fue Andrisa la que retomó las clases. Fueron unas clases muy divertidas pues a menudo se veían interrumpidas por el llanto de Eutan o las inesperadas apariciones de Airy. Coré también participaba en ellas pues era mi dama de compañía y debía estar siempre a mi lado.

Cuando llegamos a Balbiana, me trasladaron al recinto donde vivía la familia real, a excepción de Andrisa. Nia siguió siendo mi doncella. Las nuevas habitaciones eran aún más lujosas que las de la casa adjunta al castillo, y contaban con un maravilloso jardín enfrente mismo, con un estanque y rodeado de árboles que refrescaban. Lo que menos me gustaba era que tendría menos privacidad, al menos hasta que se celebrara la boda.

Una de las primeras cosas que tuve que hacer al llegar a Balbiana fue iniciarme en la religión Shainy. Era un requisito imprescindible para poder casarme con Aster. Coré y mi guardia también se iniciaron conmigo. Muchas de las cosas de las que hablaba la religión ya las había estudiado, o bien hacía años con Jalong o bien en el Templo Edelwana, así que ante algunas dudas yo hice las veces de maestra.

La ceremonia de iniciación la ofició Andrisa, que, en calidad de Sabat, podía realizar este tipo de ceremonias. Se realizó en la capilla del castillo y a ella solo asistió la familia real y algunas altas personalidades entre ellas Cobalt. Esta consistía en la bendición de unos cristales de cuarzo rosa, llamados Swany, sobre los que se echaba un polvo sagrado. Si al tocarlos se iluminaban, significaba que ya formabas parte de la comunidad si por el contrario no se iluminaba se debía realizar una ceremonia de purificación y un retiro. A los cinco se nos iluminó.

Este cristal Swany, era un fragmento de los meteoros que se estrellaban con el planeta, y que según se creía procedían de la luna ya que todos contaban con las mismas propiedades que el cristal Edelwaness y tenían una función parecida, proteger a aquellos que los llevaban. Era algo meramente simbólico porque su poder era prácticamente nulo, más parecido a un amuleto.

Me comuniqué con Glusamore e informe al canciller que tras largos meses de estancia en Aridum, por fin se iba a celebrar la esperada alianza entre ambos países. Tanto él como el consejo se mostraron contentos a la vez que me comentaron la preocupación que habían tenido mientras no se sellaba la alianza. Así mismo, y a pesar de que estaban invitados, me comunicaron que no podrían asistir a mi enlace debido a problemas internos en Glusamore. Problemas de los que no me quisieron poner al tanto dado que ahora ya no pertenecía al mismo.

También avisé a mi padre quien dijo alegrarse pero que yo sabía que no lo hacía, igual que cuando se realizaron los preparativos para venir. En la misma misiva, Ciso me dijo que mi padre se encontraba bien, que no debía preocuparme, que se le pasaría. Pero no me convenció. Sabía que llevaba así desde mi marcha y que por algún motivo que no me quería decir, no le gustaba que estuviera en Aridum. Ambos dijeron que acudirían así que por fin podría tener a mi padre cara a cara para tratar aquel desagrado que no comprendía.

Con el pasar de las semanas me vi envuelta en multitud de asuntos referentes a la boda y su organización. Una de las más importantes y que concernían directamente a mi y a nadie más era la prueba del traje de novia. El color elegido era el azul, mí preferido, ya que al parecer se trataba también del color de la religión. También tuve que escoger los vestidos de mis damas de honor, Andrisa y Coré y de los pajes, Airy y Eutan, que por aquel entonces ya empezaba a dar sus primeros pasos.

La reina reanudó las clases, dejando a un lado el protocolo y centrándose en la realeza del reino, los Lores, duques y marqueses… y la distinción que debía darles. Cobalt dejó a un lado sus tareas y me instruyó en la política que se llevaba. Aridum era una monarquía democrática, en la que el pueblo, mediante representación en el parlamento aprobaba las leyes y las políticas llevadas a cabo por el monarca. Entre ambos me pasaron la lista de los asistentes a la boda. La reina me dio la concerniente a los nobles de Aridum y otros personajes de la realeza del continente, Cobalt se encargó de la referente a los políticos y otras personalidades de alto cargo en el continente.

Andrisa me explicó como se debía adornar el castillo, siguiendo unas normas, pero que en algunos detalles podía poner algo de mi propia cosecha. Se vería muy bonito, cientos de rosas blancas adornaban el castillo así como lazos del mismo color. Todos en el castillo se afanaban para tenerlo todo listo para la fecha. Andrisa me explicó como había sido su boda con Linuá y que como era lógico no fue tan magnífica como lo iba a ser la mía.

Me enseñaron la ciudad y Coré decidió ayudar en el trabajo de un orfanato aunque seguiría viviendo en palacio. Balbiana era muy bonita y se hallaba dividida en dos por el río pero unida gracias a un puente que pasaba por encima de él.

A medida que se acercaba la fecha, iban llegando los invitados, los más importantes se hospedarían en las muchas habitaciones libres del castillo y los que no cupieran, en los hoteles y residencias cercanas a Balbiana. Mi padre probablemente no llegaría hasta la víspera de la boda.

Con tanto que hacer apenas tenía tiempo para ver a mi prometido. Cuando me encontraba libre organizaba mis pertenencias hablando con Andrisa y jugando con Eutan, él pequeño se encargaría de llevar las alianzas y le probábamos el trajecito cada semana, para asegurarnos que no le quedaba pequeño. Mientras recogíamos, Andrisa dio con los escritos de Jalong.

-¿Quien es Jalong? Amira- preguntó hojeándolos.

-Era mi maestro, nació aquí en Aridum pero se trasladó a Glusamore- le aclaré.- Fue como un padre.

-Es extraño. El término maestro solo lo utilizan los Sabats con sus discípulos. Si no los llamamos tutores- explicó. Yo la miré confundida. ¿Era posible que Andrisa supiera quién era realmente Jalong?- Estos tratados me dicen que ese Jalong era un Sabat. Un Sabat de la orden de la tierra, me atrevería a afirmar.

-¿Como lo sabes?- le pregunté acercándome.

-Por que sus textos tratan de la naturaleza, como encontrar la armonía con ella y sobretodo por las anotaciones y dibujos que tiene- yo me quedé parada, no me lo esperaba.- ¿Quieres que investigue sobre él? Puedo acceder a estos datos.

Me tomé mi tiempo en contestar, realmente quería saberlo, quería descubrir quien era S.C. Pero por otro lado prefería esperar. Esperar a que pasara la boda y su incesante ir y venir de personas, a poder ayudar yo misma en la búsqueda. También necesitaba que Andrisa estuviera conmigo, ella entendía más todo lo que estaba por suceder y me era de vital importancia que me enseñara la política que tenía Aridum…

-Mejor esperar a que pase la boda- pedí zanjando el tema por el momento.

Desde entonces, y como ya faltaban pocas cosas por ordenar, me encargué yo misma. Únicamente me dedicaba a observar la rosa, que nunca se marchitaba, pensando en Aster, quien tenía mucho más trabajo, Jalong y los sueños que seguían empeñados en despertarme noche si y noche también.

Tal como predije, mi padre llegó la tarde anterior a la boda. Los reyes, Aster, Cobalt, Coré, la guardia y yo, bajamos a recibirle. En la lejanía pude ver que Ciso le acompañaba, me alegré que el joven cumpliese tan fielmente su palabra y supe que Coré también se alegraría.

Cuando los barcos llegaron al muelle, corrí a abrazar a mi padre, intentando no pisarme el vestido y tropezar. Apenas puso los pies en el suelo yo me colgué literalmente de su cuello y le dí un beso de bienvenida.

-Vaya Amira no me esperaba esta calurosa bienvenida- dijo devolviéndome el abrazo. Le miré a la cara y aunque parecía haber envejecido, había recuperado, en cierta medida, su vida.- Me alegro de verte.

-Yo también papá, yo también…- me medio deshice del abrazo y saludé a Ciso que estaba algo cohibido.- Bienvenido Ciso espero que te sientas como en casa, seguro que Coré te ayudará con todo. Estará contenta por poder verte.

-Se lo agradezco milady. Me siento un extraño porque no logro entender nada.

Les presenté a mis acompañantes e hice de intérprete entre ambos, mi padre tenía unos conocimientos limitados de aridumés. Cobalt, entendiendo la situación me ayudo en mi labor, les presentó a la familia real e intercambió los saludos de cortesía que se dijeron. Aster se acercó a mi padre y le estrecho la mano hablando perfectamente mi idioma.

Una vez finalizados los compromisos nos dirigimos de nuevo al castillo donde se habían reservado varias habitaciones para los invitados que debían venir de Glusamore, mi padre, y otra por si llegaba algún invitado no esperado, el caso de Ciso.

Nada más echar a andar, Ciso se colocó al lado de Coré. Se le notaba nervioso sin saber a donde ir. A mi me tocó hacer de guía de mi padre, al que le conté todo lo que había sucedido desde que llegué. Él se mostró curioso asimilando todo lo que le decía, como esperando algo. Aster iba conmigo a mi otro lado mostrándose algo reacio a contarle exactamente todo. Por supuesto que yo sabía las cosas que podía y no contarle.

Se mostraron impresionados con el castillo y el ambiente que se respiraba. Podía oír como Ciso no dejaba de hablar con Coré, emocionado con todo lo que veía. Se retiraron a sus habitaciones pues en unas horas se celebraba una cena. Una cena de despedida de nuestra soltería.

La cena empezó puntualmente a las nueve, en la misma sala donde al día siguiente se celebraría el banquete nupcial. La sala se hallaba en la planta baja de la gran torre, con acceso a los jardines. Era de un azul claro con frescos en las paredes de rosas blancas. Los reyes se sentaron en el centro de la mesa con Aster y yo a ambos lados de ellos. Mi padre se sentó enfrente de ellos acompañado por Coré.

Mi padre no dejó de lanzarme miradas y apenas habló, ni siquiera cuando Andrisa interpretó una composición con el Koto, tan maravillosamente como la primera vez que lo escuche. Al parecer mi buena impresión a su llegada solo era una mascara de tranquilidad para no preocuparme y que por algún motivo se había roto. Traté de dirigir mi mirada al mismo punto que la suya pero no halle nada que estuviera fuera de lugar.

Cuando terminó la cena mi padre dijo encontrarse muy cansado y se retiró a su habitación antes de que pudiera decirle algo. Me quedé mirando la puerta por la que había desaparecido.

-¿Te encuentras bien Amira?- preguntó Aster mirándome a los ojos.

-Es mi padre, se ha ido y apenas he hablado con él- le confesé señalando el lugar por donde se había ido.- Estoy preocupada por él. Desde que supo que había llegado el momento de irme esta raro. Me rehúye.

-En cuanto termine la recepción iré a hablar con él. Tranquila- me besó la frente y me empezó a arrastrar a la multitud.- Pero ahora diviértete.

La recepción no terminó muy tarde al menos para mí, ya que a mitad de la velada vinieron a buscarme y recordarme que debía madrugar. De mala gana me fui, me despedí de Aster al que también habían ido a buscar. Coré y los demás que siguieron disfrutando de la velada.

A la mañana siguiente, cuando me desperté, el castillo estaba engalanado de azul y blanco, también los jardines habían sido arreglados para la ocasión. La ceremonia se llevaría a cabo enfrente del portón de la entrada, que daba al lago, por lo que cientos de barcas iban a inundarlo. Desde mi ventana ya se podía ver como llegaban las primeras barcas y eso que la ceremonia iba a realizarse por la tarde, antes del ocaso.

Andrisa llegó la primera con un séquito de doncellas a conducirme a lo que debía ser el ritual previo a la boda. Un ritual que califiqué de sufrimiento pues iba a durar casi todo el día. Al parecer la futura novia debía bañarse en agua bendecida, para purificarme. Lo que me mortificaba era que debía estar sumergida hasta el momento de vestirme y solo Andrisa junto con otras tres Sabats concentradas en mi espíritu, podían estar presentes.

Las horas se me hicieron eternas. Debía meditar pero, lo único que lograba cuando relajaba mi mente era que el sueño de los últimos meses viniera a mí.

Me envolvía una neblina entre blanca, azul y plata, perdía toda noción de donde me encontraba. No oía nada, solo me llegaba una hermosa fragancia.

"Wira, narosa porc damara"-me susurraba alguien, pero no llegaba a entender que me decía.

Lo único que saqué en claro de esa meditación era que, quién fuera el que me hablase, me llamaba Wira, como Jalong de pequeña. Wira…en la jerga de los Sabats significaba "pequeña luz de la esperanza". Eso me había contado Andrisa.

Finalmente terminó el rito de purificación y pude salir de la bañera e inexplicablemente no me había arrugado. Me notaba la piel muchísimo más tersa y brillante. Me vestí poco a poco siguiendo un complicado ritual que no entendí.

Andrisa una vez vestida me guió hasta una antesala cerca del vestíbulo. Allí me esperaban Airy y Coré con el pequeño Eutan cogido de la mano de la primera. Ambas se veían esplendidas y el que en unos instantes se convertiría en mi sobrino oficialmente, estaba adorable.

Las puertas se abrieron y por primera vez fui consciente de la cantidad de gente que había acudido. El segundo nivel estaba a rebosar de gente. Debido a que las dependencias para la guardia ocultaban el altar del campo de visión de muchos, los mejores Sabats ilusionistas habían convertido los sólidos muros, en inexistentes para el ojo humano.

La música empezó a sonar, afuera, en el vestíbulo, nos esperaba mi padre, el encargado de llevarme hasta el altar. Iniciando la comparsa iban Airy y Eutan con las arras, justo delante mío caminaba Coré. Detrás Andrisa nos seguía de cerca, cerrando mi etapa como mujer casadera.

Avancé por un camino de rosas, adornado con arcos en los que se enredaban hermosas flores. A lo lejos divisé a Aster, estaba muy guapo con una casaca azul marino y no la roja que estaba acostumbrada a ver. No podía discernir quien estaba más nervioso, Aster, que abandonaba la soltería, o yo que aparte de casarme iba a convertirme en princesa. Y todo ello iba a suceder rodeada de desconocidos.

Llegué al portón y me vi envuelta por la sombra de un inexistente arco. Cuando pasé Andrina y Coré se echaron a un lado y mi padre me acompañó hasta mi prometido. Le echó una mirada que no supe descifrar, pero que tenía mucho de disconformidad. Aster se mostró tranquilo. Andrisa se paró un momento y nos lanzó cenizas azules.

La ceremonia dio comienzo, la oficiaba un sacerdote de barba gris, el mismo que casó a Andrisa y Linuá hace años. También era el encargado de oficiar los rezos en la capilla del castillo. El sacerdote leyó los antiguos textos, nos tomó las manos de ambos.

-Amira Banishawn prometes ser fiel a Aster Sangu, en todos los momentos de su vida hasta que la muerte os separe- recitó.

-Si acepto- contesté sin apartar los ojos de Arfer.

-Aster Sangu, prometes ser fiel a Amira Banishawn en todos los momentos de su vida hasta que la muerte os separe- repitió.

-Sí aceptó- yo le sonreí completamente enamorada. Él me miraba igual.

-Así sea- Linuá se acercó con Eutan en brazos que llevaba las alianzas. El sacerdote las cogió y las colocó en nuestros dedos anulares sin soltarnos las manos. Linuá volvió al lado de Andrisa- Que lo que unió Shain no lo separe el hombre- concluyó soltando nuestras manos.

Los vítores y aplausos no se hicieron esperar mientras nos caía una lluvia de pétalos encima. En cuanto cesaron Cobalt se levantó seguido de Andrisa con una corona que no me resultaba del todo desconocida, la había dejado en mi tocador hasta la noche anterior. Aster se hizo a un lado y Andrisa ocupó su lugar a su lado.

-Lady Amira Sangu, por la presente ceremonia habéis pasado a formar parte de la familia real de Aridum. Juráis ante vuestro pueblo aquí congregado que lo protegeréis y ayudaréis en cualquier circunstancia que se presente.

-Lo juro.

Todos exclamaron en vítores. Aster se acercó a mí y me besó con pasión. No tenía ganas de separarme de él pero teníamos invitados que atender. Cuando nos separamos, estos enseguida se acercaron a abrazarnos y felicitarnos. La primera en llegar fue Coré seguida de Andrisa y Airy.

Lo siguiente que sucedió a continuación ocurrió como en un sueño. Recibí las felicitaciones de muchos nobles que entraban en el castillo para la recepción, a nuestro lado, se encontraba Cobalt que nos ayudaba en la labor.

La recepción transcurrió sin incidentes. Todos y cada uno de los detalles estaban adaptados a mis gustos, había hermosas y preciosas rosas azules adornando cada uno de los rincones, los platos, la comida, también en el pastel habían colocado pequeñas rosas de azúcar.

Mi padre se sentó con nosotros en la mesa nupcial, junto con los reyes. En esta ocasión se mostró mucho más receptivo y charló mucho conmigo y mi recién estrenada familia política. Al parecer, había estado muy preocupado por no haber recibido ninguna misiva mía y temía que hubiera graves problemas en Aridum. No obstante, tras la conversación con Aster se había empezado a convencer que todo había sido un cúmulo de malos entendidos y se alegraba por mi felicidad. Me alegré mucho de verle como antes.

Al terminar la cena nos tocó abrir el baile al ritmo de una lenta melodía. Bailamos muchas canciones, y bailé en muchos brazos. Bailé con mi padre, con toda mi guardia, con Linuá, Cobalt, y otros tantos nobles que se acercaron para conocer a su futura reina. De entre todos ellos hubo uno que me hizo sentir diferente, me recordaba a alguien, pero me trataba con delicadeza y ojos humedecidos. Solo me dijo que se alegraba de conocerme, y que hacía mucho tiempo había perdido una hija.

Aster me cogió nuevamente antes que pudiera contestar algo. Aquel hombre nos hizo una reverencia y se alejó entre la multitud. Traté de seguirle con la mirada pero me fue imposible.

Nos escapamos de la fiesta y corrimos por los pasillos hasta llegar al amplio recibidor del castillo. Allí nos detuvimos para tomar aire. No sabía lo que se proponía pero le seguiría hasta el fin del mundo. Nos reímos ante el hecho que nadie se hubiese dado cuenta de nuestra desaparición. Tal vez Andrisa o Coré tuvieran algo que ver con ello.

-Mira ve a tu cuarto, Andrisa te ha preparado un conjunto para el viaje ve a ponértelo mientras yo hago lo propio- dijo dándome un tierno beso y una hermosa sonrisa.

-¿Qué tramáis príncipe?- dije juguetona.

-No seáis impaciente mi princesa- respondió mientras yo estallaba en carcajadas.

Nos separamos dejando que nuestros dedos estuvieran en contacto el mayor tiempo posible, casi con miedo de separarnos. Cada uno se encaminó a sus respectivas habitaciones, que para la vuelta se habrían convertido en una sola, sin dejar de vernos hasta que le perdí de vista. Subí las escaleras y abrí la puerta.

Encima de la cama había un hermoso vestido blanco con una rosa azul encima, no era la mía suspire. Esta se hallaba en el tocador tal y como la había dejado esa misma mañana. Me quité el vestido de novia y me puse aquel más ligero y cómodo. Empezaba a intuir las intenciones de Aster y a decir verdad me encantaban.

Salí corriendo en busca de mi marido, completamente feliz. La luz de de la luna iluminaba tenuemente los pasillos. De pronto unas fuertes manos me cogieron con delicadeza por la cintura. Esas mismas manos me giraron y me besaron con pasión. Era increíble como todos mis temores se habían esfumado en Aridum, segura que no me podía pasar nada malo allí. Yo le respondí con la misma fuerza.

Al terminar me dejé guiar, recorriéndonos todo el castillo hasta llegar al amplio patio. Allí me condujo hasta el muelle donde nos esperaba una embarcación parecida a la que meses atrás nos había llevado a Ginotena, solo que esa era más pequeña. Nos esperaban los marineros dispuestos a levantar anclas. Mi luna de miel empezaba.