Nota de quien escribe: Bueno, escogí un 'prompt' para escribir de mi galería en Pinterest, pero me equivoqué en la idea (al leer) y resultó esto. Es bueno cometer errores, ¿eh? Ja, ja.

Dedicatoria: A mi primo. Si alguna vez llega a leer esto, él sabrá muy bien por qué. Es un chiste interno.


Quejas de un inodoro

―Psst. Oye, tú.

El señor de la limpieza escuchó la extraña voz hacer eco en el baño público. Eran las once de la noche y las puertas del centro comercial habían cerrado hace un par de horas. Faltaba poco para terminar y había trabajado como esclavo todo el santo día. Supuso que aquel susurro era parte de su imaginación.

Continuó con el trapeo del piso hasta que volvió a oírla, aunque ahora sonaba mucho más cabreada.

―¡Te estoy llamando inmundo pedazo de carne! ―exclamó la voz―, ¿¡hasta cuando me van a ignorar en este cubículo de mierda!? ¡JA!, mierda… Con eso me llenan todos los días, si tengo suerte. A veces tiran papeles cagados, vómito, condones usados, ¡de todo!, ¿por qué tengo que seguir aguantando esto?

Un poco asustado, el hombre se acercó a paso lento hasta aquel lugar donde se encontraba el último retrete. El llanto estalló; no podía creerlo, en verdad era el inodoro que estaba hablando. ¡Hablando, por Dios!

―Esto es obra de diablo.

―¡No! No es cierto. Ningún diablo me creó. Fueron ustedes con sus manos velludas y ásperas. Yo quería ser un florero, ¿sabes? Pero no, me moldearon para servirles de esta manera tan denigrante. ¿Qué es lo que hice para merecer esto?

―Nada, sólo te fabricaron con un propósito ―explicó el señor de bigote apoyado en la puerta―, ¿qué tiene de malo?

―Si pudieras elegir, ¿desempeñarías el mismo trabajo en que estás ahora?

El humano quedó pensativo. Negó, finalmente, haciendo reír al objeto antes inanimado.

―Estoy condenado.

―Vamos, pero debes agradecer que yo vengo cada ciertas horas a limpiarte ―dijo el hombre con optimismo―. Mírale el lado bueno.

―¿Agradecer? Es tu deber, tu trabajo ―contestó con altanería―. Si tuvieses que hacerlo por gusto o porque te nace, estoy seguro que esta no sería tu obra de caridad del día.

―Eres muy quejumbroso.

―Y tú un conformista.

―Como sea. Al menos vele el lado positivo: eres un sanitario mágico que puede hablar y comunicarse con la gente. Si yo grabo un vídeo ahora mismo y lo subo a mis redes sociales, puede que me haga hasta rico.

―¿Y eso en qué me beneficia?

―Te harás famoso.

―¿Y dejarán de llenarme con sus pedazos de caca?, ¿podré reemplazarlos por flores?

―Yo creo que sí ―dijo y alzó sus hombros, no muy convencido.

―Hm. Entonces hazlo.

Llegaron a un acuerdo donde el auxiliar tendría todas las ganancias, pero con el compromiso de quitarlo de aquel lugar y ponerlo en un campo de flores donde pudiera admirar la belleza de éstas. A final de cuentas el hombre renunció a su trabajo y olvidó su promesa; el inodoro, indignado, prometió nunca más hablar con otro ser humano, por lo que no abriría más su boca.

El último cubículo del centro comercial no pudo ser ocupado nunca más porque se había cerrado misteriosamente. Al pobre igual lo cagaron encima.