Resguardada se encontraba, mientras dormía, aquella bella hada.

¿Dónde? En una hermosa jaula de cristal.

¿Por qué? Porque ellos no querían que fuera dañada, manchada o simplemente, como dicen algunos, que lo abandonara todo al reconocer lo que significaba la libertad.

Lo tiene todo. Lo que pida, lo que desee o lo que necesite.

Seguramente era feliz, murmuraban ciertas personas. Tal vez, no era de fiar, decían otros. Quizá, no se le permitió ser libre, discutían otros más.

Murmullos, discusiones, rumores, se perfilaban en torno de la bella hada; quien solo se dedicaba a cuidar de sí misma, de aprender y de disfrutar, siempre que ellos se lo permitían en suficiente medida.

Sin quejarse, sin contrariar, sin pelear, ella solo respondía a sus deseos.

¿Por qué? Porque ella era feliz.

¿Cómo? Cuando ellos eran felices.

Hasta que llego él. Cercano a ellos.

Se les permitió interactuar, y a él, se le permitió cuidarla y dejarla hacer cosas, siempre que no fuera demasiado para ella.

Pero para él, nada era demasiado para la bella hada, porque ella podía manejarlo, a su manera, pero podía hacerlo, él creía en ella.

¿Y cuando no podía? Él estaba allí para escucharla, para comprenderla, para brindarle un hombro en el cual llorar, siempre que ella lo necesitara. Siempre que ella lo quisiera.

Sin darse cuenta, la bella hada cayó en un taboo, el peor según ellos.

El amor.

Y aunque trato, aunque intento no ilusionarse y no sentir deseos por sentir ese sentimiento, ella fallo.

Les fallo.

La desilusión se hizo presente, mas el joven, no se mostro indiferente, el respondió a su corazón dándole una gran felicidad y un sentimiento de ligereza que jamás había sentido, hasta el punto de sentir paz en su compañia.

Pero aquella relación no era posible, no para ellos. O, por lo menos, no hasta…