De noches al placer


Disclaimer: Este fic participa en el Reto #9: "Pecados capitales" del foro El Rincón Creativo.

Pecado: Lujuria.


"No hay nada que incremente más la lujuria que lo prohibido".

–Blanca Miosi


"–¿Qué desea hoy? Con gusto atenderemos sus pasiones".

Esa frase ya la conocía de memoria, y no porque me la repitieran constantemente, sino porque yo asistía todos los días a ese club nocturno, que más que un club, lo consideraba como una entrada hacia un mundo paralelo, donde la vergüenza y el orgullo no existían, ni los problemas ni el trabajo, ni el dinero ni las demás cosas; sólo existía lo que yo pidiera y quisiera ver… o tocar… o hacer.

"–¿Qué es lo que desea? Aquí lo cumpliremos".

Eso me dijeron la primera vez que me acerqué a ese lugar con un nombre un tanto exótico y atractivo: "EXQUISITO".

No tenía idea de que perdiéndome en esa zona de la ciudad, encontraría lo más interesante que me ha pasado en toda la vida. Un lugar que me demostraría que el mundo está conformado por más personas con millones de sueños y fantasías que durante el día se callan, pero que por las noches empiezan a gritar.

Y no es como que todo el tiempo estaba pensando en ello, porque sabía que pensarlo era suficiente para sentirme fuera de la sociedad; y en el transcurso del día yo no quería eso, aunque de noche, tal vez no me importaba. Pero al encontrar ese lugar todo había cambiado, y, tanto de noche, como de día, mi mente viajaba a esos rincones repletos de ideas fantásticas y placenteras.

Así, cuando entré con curiosidad y asombro al atractivo lugar, mis ojos se perdieron en las luces rojas y azules que se repartían por todo el sitio. Mientras veía cómo una pequeña bola de hombres y mujeres esperaban con mucha elegancia y desvergüenza su turno, tomando una copa, comiendo alguna pequeña fruta exótica e inclusive dulces, y fumando cosas que olían demasiado fuerte.

No tenía idea de que ese sería mi lugar preferido por las noches. Sin duda el lugar al que podía ser yo, sin miedo a ser.

Y como todas las noches, esperaba mi turno platicando con una que otra persona de por ahí, preguntándole qué tan frecuentemente venía o cómo se lo pasaba, para después sentarme frente a dos chicos, que demostraban toda la inocencia y deseo del mundo al verme.

Veía sus piernas, tan fuertes y contorneadas, que se lucían ágiles cuando caminaban hacia mí. Veía sus brazos, con esa protección deslumbrante que emanaban al moverse. Veía sus cuellos, altos y apetecibles. Veía sus traseros, tan bien marcados y creando curvas delicadas y presumidas, dando entrada a sus espaldas, que mostraban la rigidez de sus músculos ante cualquier movimiento.

Entraba a ese cuarto donde lo que pidiera y quisiera se convertía en realidad, sin pena a pedirlo, o hacerlo.

Al entrar la noche, en aquel lugar, esas líneas, esos cuerpos, esas curvas, esos gestos, esos sonidos, esas caricias, ese calor, esos deseos, aparecían ante mí, recordándome que podía salir de esa realidad a la que de día vivía, y que de noche podía hacerla desaparecer.

Cuando presenciaba a algún hombre teniendo esos brazos formados por un arduo trabajo en el gimnasio, o cuando me hipnotizaban las piernas de alguna que otra mujer al verla caminar, olvidaba que todavía no estaba en aquel lugar, y que no podía tocar, ver o sentir.

No todavía.

"EXQUISITO" era lo que sentía cuando entraba a ese lugar, que, sin duda, me enseñaba lo que estaba más allá de masturbarse o un orgasmo. El placer absoluto de lo que muchas veces deseamos pero que poco pensamos, o porque no tenemos con quien hacerlo, o porque "nadie lo hace".

Y sí, tenía muy en mente que nunca dejaría de ir a ese lugar, porque ahí desahogaba mis mayores placeres que por el día aguantaba.

...Exquisitas eran mis noches yendo ahí.


25 de Marzo de 2017.

De noches al placer por Karina Cordova.