Capítulo 52: Invasión

─¿Quién eres tú?

─Ya me he presentado ─respondió Armand con aires de grandeza.

─Me refiero a qué es lo que quieres conmigo─ preguntó de nuevo la princesa.

─No sólo contigo princesa ─dijo mientras se acercaba demasiado a su rostro─ También con tu madre.

─De verdad, espero ─interrumpió Clarissa mientras observaba la escena cruzada de brazos─ Que cumplas con tu parte del trato.

─Eso será mientras ustedes sigan cooperando ─respondió─ Por ahora retírense, si allá afuera no los ven sospecharán.

Clarissa y William se dispusieron a irse, pero antes de que la princesa de España cruzara la puerta, lanzó una advertencia a Armand:

─Si algo le pasa a mi familia, juro que te arrepentirás.

─Puedes estar segura que nosotros no les haremos daño ─sonrió─ Pero no te puedo asegurar que la Alianza Central lo haga.

La chica mostró una mueca de disgusto y, junto con William, abandonaron el lugar.

─¿Qué va a pasar conmigo? ─preguntó Marissa.

─Por ahora te quedarás aquí ─respondió Armand─ Hasta que llegue el momento.

─¿Momento?

─Mañana se pondrá muy agitado por aquí ─dijo sonriendo y salió dejándola sola.

1 de marzo

Para ese momento del amanecer, las autoridades ya se habían enterado de la desaparición de la princesa Marissa, y como ya habían pasado varias horas, no sabían que hacer más que buscar a la chica, sin embargo, en una reunión que el director Francois sostuvo con el consejo de la escuela, formado por los profesores de más alto rango y experiencia de la escuela, les comunicó que había tomado la decisión de mantener la desaparición de la princesa en absoluto secreto, sobre todo al Reino Unido, esto, para evitar algún conflicto diplomático que pudiera agravarse por el asunto de la guerra.

─Lo mejor es resolver este asunto nosotros mismos ─explicó─ Somos la única nación de la Europa continental que aún no ha sido invadida por la Alianza Central, necesitamos proteger nuestra libertad. Aunque eso ya no durará mucho tiempo, lamentablemente.

La sesión acabó y los profesores abandonaron el lugar, dejando solo al director, este se sumió en algunos pensamientos, casi todos de culpa.

Sin embargo, la noticia de la desaparición de la princesa ya había sido conocida por todos los alumnos de la escuela, y aunque las autoridades trataron de reanudar las actividades escolares con normalidad, era imposible, comenzando porque algunos profesores decidieron suspender algunas clases, porque otros alumnos se las saltaban, o porque simplemente, había un ambiente de incertidumbre que jamás se había vivido en aquel colegio en todos sus años de existencia, por muchas razones, como el temor de que hubiera mas secuestrados o de que, ya enterados de la proximidad de los ejércitos dela Alianza Central, que los países de la alianza no respetaran el pacto de neutralidad suiza y procedieran a invadir el país.

Muchos incluso ya estaban planeando irse de la escuela por presión de sus familiares o por cuenta propia.

Suiza era un país eminentemente neutral, de manera que si la invasión sucediera, no recibiría el respaldo ni la ayuda de ninguna otra nación, tendría que arreglárselas sola.

Lo curioso es que tanto las autoridades como los alumnos, creyeron que, por tratarse de una princesa, ella ya estaría a kilómetros de ahí, cuando en realidad no sospechaban que estaba escondida en una bodega en lo más remoto de la escuela. Aunque al final, eso no era del todo cierto.

─Ya sabemos que la princesa Marissa es Cendrillon─ mencionaba Leonardo en su reporte a Sigma─ Pero cuando nos enteramos, la secuestraron y no sabemos dónde está, además de que se llevaron el diario de la princesa Salomé.

─¿Por qué mencionas el diario?

─Porque al parecer hay algo ahí que está vinculado pero no sabemos que sea exactamente.

─Seguramente se trata de Axis ─comentó Sigma─ Hay que estar preparados. Dense prisa en recuperar el diario y huir porque parece que los ejércitos de la Alianza Central se acercan rápidamente y no planean respetar la neutralidad suiza.

─¿De verdad están por llegar? ─preguntó el chico.

Sigma no contestó nada, ese pequeño silencio, fue la respuesta que Leonardo esperaba.

─Entendido, cambio y fuera ─y el chico colgó.

─Yo ─dijo Fátima después de que el chico acabara de hablar─ Les ayudaré a encontrar a Marissa.

─Igual yo ─dijo también Salomé, aunque parecía que lo decía más por obligación que por otra cosa.

─Gracias chicas ─dijo Miranda─ Pero si se la llevaron lejos de aquí, considerando que ya lleva desaparecida 10 horas, podría estar en cualquier lugar de Europa.

─Encontrarla será difícil ─completó Himiko.

─¿Y si aún estuviera aquí en la escuela? ─se preguntó Leonardo.

─Si estuviera aquí, ya la habrían encontrado ─comentó Himiko.

─Si ─dijo el chico─ ¿Pero se dieron cuenta de que tan pronto como se anunció su desaparición, las autoridades salieron de la escuela a buscarla afuera y comenzaron a buscarla en todo el país?

─¿Qué quieres decir?

─Me refiero a que no se tomaron la molestia ni de buscarla aquí en la escuela primero ─dijo el chico─ Siendo que sería lo más lógico, comenzar a buscar por aquí.

─¿Por qué harían eso? ─preguntó Mady.

─Creo que están ocultando algo ─dijo Leonardo, y dirigiéndose a los demás, les dijo:

─Si las autoridades no la buscan en la escuela, nosotros lo haremos, hay que separarnos.

─De acuerdo ─dijeron todos y así lo hicieron.

Al separarse, cada uno abarcó distintos sectores de la inmensa escuela, de modo que recorrerla les tomaría todo el día, del cual disponían casi todo ya que los chicos, al igual que muchos otros, ya no tuvieron clases, o no entraron a ellas.

Todos pudieron comprobar cómo había más alumnos haciendo muchas otras actividades a una hora en la que deberían estar tomando clases, y aunque las autoridades decían que los alumnos tenían que volver a sus clases, la realidad es que no lo hacían con la suficiente intención, de modo que los dejaron hacer lo que quisieran. Habría sobrevenido una especie de anarquía pasiva en la escuela.

Himiko caminaba por los pasillos del colegio, cuando, a lo lejos alcanzó a ver a la princesa Clarissa, por mera reacción quiso esconderse para que no la viera y evitar ser molestada como de costumbre, pero entonces notó que se estaba comportando de una manera un poco extraña.

Caminaba como si sintiera que alguien la estuviera vigilando, de manera que miraba a todos lados como si escondiera algo que no quería que nadie más viera, fue más que suficiente para que Himiko sospechara de ella, y la siguiera.

La princesa de España llegó hasta el final del colegio donde se hallaba la pequeña bodega donde mantenían cautiva a Marissa, Himiko pudo ver cómo, después de cerciorarse de que nadie la estuviera viendo, Clarissa se metió rápidamente ahí.

Himiko entonces decidió quedarse ahí a esperar a que la princesa saliera.

5 minutos después, Clarissa salió del mismo modo misterioso con el que había entrado y se fue por otro camino con la misma discreción.

Ahora fue Himiko la que, tomando la misma discreción, se acercó lentamente a la bodega, cuando creyó que no estaba siendo observada, tomó la perilla para abrir la puerta, pero se había equivocado.

─¿Se te perdió algo? ─oyó tras de sí.

─Quiero ver que hay aquí ─se excusó la japonesa mientras volteaba para ver de quien se trataba.

─No creo que sea buena idea, ex-princesa ─dijo el príncipe William haciendo énfasis en el ex─ ¿Por qué no vuelves por donde viniste?

─¿Qué están ocultando tú y Clarissa?

─Nada que te importe ─dijo Clarissa tras de ella─ Pero si tantas ganas tienes de saberlo…

No había terminado de hablar cuando un golpe en la cabeza la había dejado inconsciente.

Entre los dos la cargaron y la metieron a la bodega cuidando de que nadie más los viera.

Pero no fue suficiente, alguien sí había visto desde lejos lo sucedido, y por mera casualidad. Sabiendo que Himiko siempre se juntaba con Mady y los demás, Hassan fue rápidamente en busca de los chicos para contarles lo sucedido.

Cuando por fin pudo abrir los ojos, se dio cuenta de que estaba atada de manos y pies a una silla, y aunque estaba oscuro y no podía moverse libremente, pudo sentir que a su espalda, había otra silla, y en ella, también otra prisionera.

Sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, gracias a un poco de luz que entraba de una rendija, pudo voltear y darse cuenta de que la prisionera con la que compartía lugar era la princesa ausente.

─¿Qué haces aquí? ─preguntó la princesa de Inglaterra, evidentemente incómoda por la presencia de la japonesa.

─Vine a salvarte ─respondió Himiko.

─¿Salvarme? ─la rubia soltó una risotada─ No te pudiste salvar ni a ti misma ¿y pretendes salvarme a mí? Además, ¿Por qué de repente te interesas en nosotras?

─¿Qué quieres decir?

─Te he visto desde que el curso comenzó ─dijo Marissa─ Cómo te juntabas con aquellos chicos que nunca había visto, de repente dejaste de hablarnos.

─Espera ─comentó Himiko extrañada─ Fueron ustedes las que comenzaron con eso.

─¿Y no entendiste la indirecta?

─¿Estabas… celosa?

─No digas tonterías ─al parecer a Marissa también le quedaba el término tsundere.

Hubo un silencio incómodo, hasta que Himiko soltó levemente:

─Lo siento.

─¿Por qué te disculpas?

─No sabía sobre eso ─respondió─ Mi mente estuvo dando vueltas todo este tiempo, primero por la estupidez que hice en Japón, y ahora con la misi… algo que tenía que hacer con ellos, por eso me juntaba mucho con esas personas. Pero la verdad es que extrañaba los días como antes en los que ustedes y yo nos divertíamos, disfruté cuando Fátima nos acompañó en la villa la semana pasada, pero me hacían falta ustedes dos.

Marissa estuvo largo rato mirando al vacío mientras escuchaba a la japonesa. No supo que decir cuando acabó, así que solo dijo algo que aparentemente no tenía sentido para ella:

─Olvídalo.

─¿Olvidar que?

─Solo… olvídalo ¿quieres? ─dijo asincerandose un poco─ La verdad es que… yo igual extraño mucho esos días que mencionas. Y Salomé también.

Y a Himiko se le iluminaron los ojos. Sin embargo, el silencio se reanudó hasta que Himiko dijo:

─Tendremos más días así, pero primero, hay que salir de aquí.

─¿Y cómo piensas hacerlo? ─preguntó la rubia.

La chica dio un vistazo a su alrededor buscando algo que pudiera servirle. Pero en aquella bodega habían sólo cajas de cartón vacías y rotas, platos de escoba y recogedores también rotos, en fin, aquel lugar era el lugar donde se guardaban los enseres de limpieza cuando dejaban de ser útiles, y a ellas tampoco les serian útiles para escapar.

─No hay nada que podamos usar aqui ─Himiko se frustró─ Nada nos sirve.

─Y eso que pretendías rescatarme ─dijo sarcásticamente Marissa.

─No importa ─dijo Himiko─ Cuando se den cuenta de que desaparecí, me buscarán y me encontraran aquí eventualmente.

─Oye genio ─dijo Marissa─ Llevo aquí más de 15 horas y no se han molestado en buscarme aquí, y de hecho me sorprende que no hayan buscado aun en la escuela.

─Es lo que nos estábamos preguntando ─dijo Himiko─ Pero conozco a Leonardo, sé que vendrá.

─¿Leonardo? ─preguntó Marissa─ ¿El chico con el que siempre te juntas?

─Exacto ─dijo Himiko sonriendo un poco como si se sintiera orgullosa de presumirlo, pero no era consciente de ello.

─Ni a él ni a las otras dos chicas las había visto antes en esta escuela ─dijo Marissa.

─La verdad es que ─dijo Himiko─ No venimos a estudiar.

─Aquí no muchos vienen a estudiar ─dijo Marissa─ Son muy flojos.

─No me refiero a eso ─comentó la japonesa─ No te lo contamos porque te fuiste, pero Esos chicos y yo… somos espías.

─¿Espías? ─Marissa levantó la voz incrédula.

─Es la verdad ─respondió─ Es una larga historia, pero se supone que debemos de localizar a Cendrillon, porque ella tiene algo importante que podría terminar con la guerra.

─Ah, eso ─comentó Marissa.

─Salomé ya nos dijo todo lo que sabe ─dijo Himiko─ Pero tú, que eres Cendrillon, debes de saber más.

Marissa estuvo un rato pensando las cosas, hasta que al final dijo:

─Ok, te lo contaré, pero sólo para matar el tiempo.

─¡Chicos! ¡Chicos! ─En cuanto Hassan vio a Leonardo y a los demás, los cuales se habían reunido para discutir los resultados de su búsqueda, cuando todavía no se preguntaban dónde estaba Himiko, corrió a avisarles y les contó lo que vio.

Y entonces Leonardo, Miranda, Mady, Hassan y las dos princesas, todos salieron en estampida hacia aquella bodega solitaria. Sin embargo, dos príncipes ya los estaban esperando.

─¿Ustedes tienen secuestradas a Himiko y a Marissa? ─les increpó Leonardo.

─No es algo que te incumba ─respondió William.

─De hecho, si nos incumbe ─dijo Miranda─ Y mucho.

─¿Por qué hacen esto? ─les preguntó Salomé.

─Tú mejor que nadie debería saberlo ─respondió Clarissa─ Y tú igual Fátima.

─¿De qué hablan?

─La Alianza Central avanza a pasos agigantados, dentro de poco toda Europa será invadida y ocupada ─dijo Clarissa─ No sabemos qué harán si las familias reales europeas caen bajo su poder, nosotros sólo tratamos de proteger a nuestras familias.

─O mejor dicho ─corrigió William─ Nuestros intereses.

─Ustedes no están actuando solos ¿verdad?─comentó Leonardo─ ¿Con quién están trabajando?

─Conmigo muchacho ─Armand hizo acto de presencia tras los príncipes.

─Axis ─respondió el chico al ver la bata blanca que ondeaba al viento del agente─ Lo sabía.

─¿Dónde están Himiko y Marissa? ─preguntó Miranda.

─Preguntas tontas chica ─respondió Armand─ Su amiguito ya les debe haber dicho que están ahí encerrados.

─¿Lo sabían? ─preguntó el chico.

─No eres muy discreto ─contestó Armand─ Eres igual de ingenuo que tu padre.

─¿Qué quieres decir? ─preguntó Hassan.

─Secretos de estado, no me hagas caso.

─Libera a las princesas ─replicó Leonardo─ Y devuelve el diario de Salomé.

─¿Crees que lo haré ahora que ya tengo la última pieza del rompecabezas?

Y acto seguido saco de uno de los bolsillos de su bata, el diario de Salomé.

─¿Qué quieres decir con eso?

─¿Por qué no preguntarle eso a la primera Cendrillon? ─dijo Armand─ Oh, es verdad, ella tampoco lo sabe, ¿verdad princesa Salomé?

─¿Saber qué? ─increpó─ ¿Qué es eso de primera Cendrillon?

─Tu madre nunca te dijo que había en este diario que era tan importante ─dijo Armand─ Sólo te dijo que lo cuidaras bien porque la reina de Inglaterra lo necesitaría en algún momento. Ni tampoco te dijo que es lo que ella estaba custodiando.

─¿Tú sabes toda esa historia? ─interrogó la princesa.

El agente retiró de la portada del diario, las estampas de Cenicienta que lo cubrían dejando al descubierto un compartimiento secreto, todos quedaron sorprendidos.

─Jamás había visto eso.

─Tu madre debería decirte las cosas completas ¿no crees? ─dijo mientras abría el compartimiento secreto y sacaba un trozo de papel doblado, y, tirando el diario al suelo, dijo:

─Aquí está la llave, lo demás son sólo delirios de una adolescente mimada.

─¿Qué dijiste? ─exclamó Salomé con una cara de verdadero disgusto.

─¿La llave? ─preguntó Leonardo.

─El diario de Elizarina está en una caja fuerte ─explicó Armand─ Escondido en lo más profundo de los sótanos del palacio real en Londres, sólo la reina sabe su ubicación exacta, en este trozo de papel está el código para abrir el candado de la caja.

─Entonces si tenían el diario ─dijo Miranda.

─¿El diario del que nos hablaron ayer? ─preguntó Fátima.

─Así es ─respondió Leonardo.

─¿Y quién es Elizarina? ─preguntó de nuevo la princesa.

─Elizarina es el nombre de una vieja amiga de mi madre ─dijo Salomé─ No creo que sea la misma... un momento ¿Por qué dijiste que yo era la original Cendrillon?

─Originalmente el diario lo tenía tu madre, la reina de Suecia ─dijo─ Lo obtuvo cuando lo encontró por casualidad poco después del nacimiento de Axis y Axiom, ella no sabía lo que era, pero sabía que era de Elizarina porque ella y tu madre se conocían de mucho antes, durante la época en la que ella estuvo exiliada.

─Espera ─dijo─ ¿Entonces si es la misma?

─¿Tu madre conoció a Elizarina? ─le preguntaron los agentes.

─Yo, no sé ─respondió confundida─ Ella a veces hablaba de una vieja amiga llamada así, pero no me decía más.

─Púes si es la misma ─dijo Armand─ Al saber que ese diario era de ella, tu madre quiso devolverle el diario, pero Elizarina le dijo que lo cuidara, porque era algo muy importante, pero nunca le dijo por qué, ni lo que venía ahí dentro, y como tu madre no conocía muy bien el alfabeto ruso, ya que siempre que hablaba con Elizarina lo hacía en inglés o en sueco, tampoco se enteró qué decía ahí, y me sorprende que nunca se lo hubiera preguntado, eventualmente ella te daría a ti la responsabilidad de cuidarlo, pero antes de que eso pasara, intentaron robarlo.

─Nunca supieron quien los había atacado ─explicaba Marissa a Himiko dentro de la bodega como si continuara la historia de Armand─ Pero la madre de Salomé quedó muy impactada y asustada por eso, ya que incluso trataron de matarla por culpa de eso, así que lo que ella hizo fue enviárselo a mi madre, diciendo que lo cuidara bien, pero ella tampoco le dijo que era, y bueno, no es como si lo supiera.

Cuando mi madre le pidió explicaciones de aquello, ella no supo qué responder, y al final, por la manera en la que se portaba la reina de Suecia, mi madre creyó que ella escondía algo malo y que al dárselo a ella, la reina de Suecia quedaría libre, así que ella acepto cuidarlo con la condición de que la reina de Suecia estuviera aun vinculada a lo que le dieron, para que ambas compartieran ese secreto, por eso mi madre al final quedó en custodia de la caja fuerte y la madre de Salomé se quedó con el código, el cual dejó en el diario de ella y eventualmente se lo dio.

─Pero en ese caso ─dijo Himiko─ Tu madre seria Cendrillon y no tú.

─Eso supongo que fue por un error o algo así ─dijo Himiko─ La que sabe todo es mi madre, no yo, yo solo sabía lo que ella me decía, pero nunca supe qué había en esa caja, y siempre me decía que yo la tenía que proteger junto con Salomé, que era nuestra responsabilidad, y más mía, supongo que por eso, las personas creyeron que yo conocía todo eso y por eso me llamaron así. Y nunca supe de dónde venía ese nombre, supongo que fue un alias que se inventaron.

─Ya entiendo ─dijo Himiko

─Entonces ─dijo Leonardo sonriendo─ Todo lo que tenemos que hacer es quitarle ese papel con el código.

─¿Y creen que lo tendrán tan fácil?

─No lo sé ─dijo Miranda a Leonardo─ No nos permitieron meter nuestros guantes ni tu katana al colegio, tienen un sistema de seguridad muy bueno.

─No los necesitamos ─dijo el chico sonriendo─ Somos más que él, podemos quitarle el código sin necesidad de pelear.

─Eso cambiará dentro de poco ─dijo Armand también sonriendo y poniéndose en posición de pelea─ Y entonces verás que esta escuela no es tan segura como dices.

─Salomé, Fátima, Hassan, liberen a las princesas, nosotros nos encargamos de este tipo.

Sin preguntarse porqué de repente, Leonardo les dio órdenes, las princesas y el chico se separaron tratando de llegar a la bodega.

No hubo realmente una pelea como tal, fue una especie de juego del gato y el ratón, en el que los 3 chicos intentaron quitarle el papel con el código a Armand, sin embargo, el agente se movía con gran agilidad, y a momentos daban la impresión de que realidad estaban teniendo una especie de baile.

Las princesas y Hassan tuvieron su propio enfrentamiento contra los otros dos príncipes.

─Háganse a un lado ─exclamó Salomé muy decidida.

─No señorita ─respondió William igual de decidido.

─¿Por qué no te unes a nosotros? ─Clarissa intentó persuadir a Salomé─ ¿Acaso no te interesa tu familia?

─Mi familia estará bien sin importar si Suecia es invadida ─respondió Salomé.

─¿Cómo estas tan segura?

─Porque lo sé ─respondió─ Sé que ellos son lo suficientemente listos para poder escapar, si no es que ya lo hicieron.

─Mi familia está prisionera ─dijo Clarissa─ Sólo quiero salvarlos.

─No es la manera correcta ─respondió Fátima.

─Eso no me interesa a mí tampoco ─dijo William─ Si hacemos o no lo correcto, solo queremos asegurar la supervivencia de nuestras dinastías.

─Y si tu familia supiera que los salvaste de esta manera ¿te sentirías orgulloso? ─recriminó Hassan.

─Eso a ti tampoco te importa niño ─dijo William─ Tu ni siquiera eres príncipe.

─¿Y acaso hay diferencia? ─replicó─ Yo también salvaría a mi familia, pero no de este modo.

Sólo hasta mucho después se dieron cuenta de que todo había sido una trampa, ya que, mientras discutían aquello, Fátima ya se había alejado, había logrado abrir la puerta de la bodega y ya estaba en proceso de liberar a las dos cautivas. A pesar del intento de los dos príncipes de detenerla, ya era tarde, Himiko y Marissa habían sido liberadas y ya se habían unido a los demás.

Con respecto a Armand y los demás, cuando el agente ya se estaba cansando de ese juego, decidió acabar con ello, sacándose un as bajo la manga.

─No son los únicos que tienen a su disposición alta tecnología ─dijo─ Aunque ya deberían saberlo.

De la nada sacó unos guantes parecidos a los que los chicos usaban, pero más potentes, suficientes para darle un impulso de 7 metros de altura para poder quedar fuera del alcance de los chicos.

─Que estupidez, estoy perdiendo mi tiempo ─dijo ya alejados de ellos─ De todos modos, ellos se acercan.

─¿Quiénes?

─La Alianza Central no respetará el acuerdo de neutralidad de Suiza ─dijo el agente─ Este será de los primeros lugares que ataquen porque conectan directamente con la capital.

─Espera un momento ─increpó Clarissa─ ¿Qué sucedió con nuestro trato?

─¿No te lo dije? ─respondió─ Yo garantizaría que Axis no le haría daño a tu familia, pero nunca dije nada de que la Alianza Central lo hiciera.

─¡Hijo de…! ─Clarissa, sumamente enojada se abalanzó contra el agente, pero antes de que siquiera llegara a darse cuenta, Armand sacó un arma y disparó hacia la princesa, de no ser por la rapidez con la que William se movió para sacarla del curso de la bala, le hubiera dado de lleno en una zona vital, fue el príncipe de Mónaco quien recibió la bala en su lugar, el cual termino cayendo al suelo.

─¡William!

─Yo recomendaría que se fueran antes de que ellos vengan ─dijo Armand sonriendo─ No querrán estar aquí─ y se alejó corriendo.

─Hay que atraparlo ─dijo Himiko.

─No ─respondió Leonardo─ Ahora es más importante ver a William.

Fueron a ver al príncipe de Monaco herido por el balazo, parecía no estar grave, pero no podía moverse del todo.

─Lo siento ─dijo Clarissa sin levantar la mirada y conteniendo las lágrimas─ Yo pensaba que de verdad podría proteger a mi familia.

─Para empezar no entiendo cómo pudiste creerle a alguien como el ─dijo Leonardo─ Son terroristas, ellos provocaron la Tercera Guerra Mundial, ¿de verdad crees que respetarían el trato que te propusieron?

─Hay que sacarlo de aquí ─dijo Salomé─ Y llevarlo a un hospital.

No había terminado de hablar cuando oyeron el roce del cielo, varios aviones militares sobrevolaban la escuela y los alrededores, y también pudieron ver desde ahí, como ya empezaba el caos en la villa. Los invasores ya habían llegado.

Y todo se confirmó cuando el director, hizo un anuncio por medio de los altavoces de la escuela:

"Atención, a todo el personal administrativo y estudiantil del colegio, dentro de poco el ejercito de la Alianza Central estará tocando estas tierras, por favor, mantengan la calma y busquen un refugio seguro, su seguridad es lo más importante"

Pero todos, hasta el más tonto se dio cuenta de que no era así, en realidad las palabras del mensaje del director no reflejaban para nada que la situación fuera a estar controlada, los alumnos hicieron caso omiso del anuncio y escaparon por todos lados, llevándose consigo sus cosas personales, las de más valor.

Pero no lo lograron a tiempo, el ejercito de la Alianza Central ya había rodeado la escuela, probablemente creerían que encontrarían cosas valiosas en la escuela más cara del mundo.

Invadieron poco a poco la escuela cual si fuera un país pequeño, robando y saqueando todo lo que encontraban a su paso, los alumnos, que naturalmente no podían hacer nada frente a un ejército militar, simplemente huían antes de que cayeran cazados por el enemigo, poco a poco, el esplendor del colegio Les Roses se apagaba y era sustituido por un montón de ruinas.

─Hay que salir de aquí ─dijo Leonardo.

─Pero no tenemos el código ─replicó Miranda.

─¿Además, por donde saldremos si la escuela ya está rodeada? ─preguntó también Fátima.

─Tampoco podemos dejar aquí a William ─dijo Salomé

─Váyanse ─dijo Clarissa dejando a todos sorprendidos─ Yo me encargaré de él.

─Pero si el ejército te atrapa…

─Ustedes tienen una misión más importante ─replicó la princesa de España─ William no esta tan grave, creo que incluso puede caminar.

─No se preocupen por mi ─dijo también el príncipe─ Igual y me merezco esto, así que poder resistirlo, estaré bien.

─¿De verdad? ─preguntó Miranda.

Ya no estaba en posición de decidir, el ejército avanzaba a pasos agigantados destruyendo la escuela a su paso, ellos no tuvieron de otra más que correr de ahí.

Todavía cuando se alejaban, oyeron a Clarissa gritar:

─¡Terminen con esta guerra!

Siguieron corriendo hasta que Mady hizo la pregunta obligada:

─¿Cómo saldremos de aquí?

─Tengo una idea ─dijo Marissa.

─Yo tengo una idea ─dijo Marissa─ Síganme.

Toda esta devastación era presenciada por el director Francois desde su despacho, observando tímidamente detrás de una cortina, parecía sorprendido con lo que estaba pasando, hasta que al fin se dijo a sí mismo:

─Esto se acabó.

De inmediato, se dirigió a un estante lleno de libros, movió uno lo cual hizo que un mecanismo se abriera frente a sus ojos, el estante se movió a un lado, dejando al descubierto algunas cajas fuertes, abrió primero una y sacó unas joyas y diamantes enormes, abrió otra y saco grandes cantidades de dinero, con desesperación, se lo metía todo en las bolsas de su saco y del pantalón a pesar de que ya no le cabían, e incluso, algunas se salieron cayendo al suelo.

Después, marco a su teléfono pidiendo que le prepararan el jet para su escape, pero recibió una mala noticia:

─¿Qué quieres decir con que no está el jet?... mierda, ¡olvídalo!

Decidió entonces huir a pie, pero antes de que pudiera salir de su despacho, alguien le cerró el paso.

─¿A dónde pretendes ir? ─dijo desafiante Armand

El director, sabiendo lo que significaba la presencia de aquel tipo dijo:

─Yo cumplí con mi parte del trato, desvié la atención acerca de la desaparición de la princesa para que no la buscaran aquí, te dejé actuar libremente. ¿Por qué están atacando mi escuela?

─Yo trabajo para Axis, no tengo nada que ver con el ejercito que está destruyendo tu escuela, además ¿No se supone que un capitán siempre se hunde con su barco?

─No tengo tiempo de escuchar tonterías.

─Yo tampoco ─y acto seguido sacó la misma pistola con la que disparó al príncipe de Mónaco, aunque el director Francois, previniéndolo, hizo lo mismo al sacar también un arma que llevaba consigo, no logró detonarla a tiempo y cayó al suelo herido de muerte.

El agente se acercó al moribundo y pudo escuchar sus últimas palabras:

─Esto no era parte del trato.

─Lo siento director ─dijo─ Nadie se imaginaba que los agentes de Axiom estaban aquí, por eso cambiaron los planes, valga la redundancia pero, todo esto, son órdenes de la Orden.

─¿Esos locos? ─dijo con dificultad─ Creen que pueden hacer y deshacer lo que se les da la gana solo porque controlan el mundo.

─Yo lo haría ─dijo Armand─ Aunque sí cambiaria algunas de sus costumbres, por ejemplo, se me hace muy infantil que tengan que usar esas mascaras de búhos, supuestamente para no saber quiénes son, son los dueños del mundo, pero son tan idiotas.

Y tomó entonces un objeto situado en la chaqueta del director. Un broche dorado, de un mochuelo de 5 cm de longitud.

─Y hablando de búhos ─dijo─ Me tomaré la libertad de tomar tu pase VIP, ya no lo vas a necesitar.

Y dicho y hecho, abandonó el lugar.

Un poco antes de eso, Leonardo y los demás llegaron al hangar donde estaba el jet que usaba el director.

─Aquí esta ─dijo Marissa contemplándolo─ Podemos irnos en esto.

─Pues debemos irnos ya ─dijo Miranda─ El ejército ya está tomando toda la escuela, no tardaran en descubrir que estamos aquí.

─Suban ─dijo la rubia.

─¿No esta nave era del director?

Todos subieron a la nave, Marissa ocupo el asiento del piloto y los demás esperaban.

─¿Qué no este jet es del director? ─pregunto Marissa.

─Mejor que la usemos nosotros antes que el ─dijo Salomé─ Nosotros lo necesitamos más.

─De hecho, creo que es del mismo modelo que el Caballero Negro ─dijo Leonardo─ Y al parecer este también esta modificado.

─Si lo está─ contestó Marissa─ Vuela 1.5 veces más rápido que los de su clase, por eso a veces lo pedía prestado cuando iba a alguna ciudad cercana.

─¿De verdad sabes volar esta cosa? ─le preguntó Himiko mientras estaba tras de ella.

─Por supuesto ─respondió─ Me han dado clases desde que era chica.

La chica encendió el motor, apretó algunos botones y la nave comenzó a moverse, pero lo hizo bruscamente haciendo que todos perdieran el equilibrio.

Todos la miraban molestos mientras ella se excusaba:

─Quizá me faltaron algunas lecciones.

Para cuando la nave comenzó a tomar vuelo, el ejército ya había llegado al hangar, apenas y lograron librar los cañonazos y los disparos de las armas de fuego.

─Hora de irnos de esta escuela ─dijo Marissa mientras aceleraba.

La nave comenzó a elevarse, salió del hangar y pasó sobre la escuela. Todos pudieron ver desde arriba, cómo, poco a poco, la escuela que se jactaba de ser la más cotizada en el mundo, estaba siendo reducida a escombros, todo el esplendor, el glamour del que una vez gozó ya no existían, Leonardo y sus compañeros de misión veían esto y les daba lastima, a pesar de todo, habían disfrutado su estancia en aquel lugar.

─Al final no fue la gran cosa ─dijo Miranda─ Terminó destruida.

─Yo jamás pensé ver la escuela así ─dijo Hassan─ Es algo de verdad impactante. Y por cierto, gracias por salvarme a pesar de que no tenía nada que ver con esto.

─Tú nos ayudaste a descubrir dónde tenían a Marissa ─dijo Leonardo─ Fuiste de gran ayuda.

─Gracias ─dijo el chico.

─¿Y ahora que va a pasar? ─preguntó Miranda.

─Con la invasión a Suiza, todas las naciones del mundo están involucradas en la guerra ─dijo el chico─ La más grande de la historia.

─Yo… me refería a dónde íbamos a ir ─dijo Miranda─ No era necesario que dieras una frase… épica.

─Ah, lo siento ─dijo el chico─ Cosas de protagonistas de novelas.

─Pero entonces ¿a dónde iremos? ─preguntó también Himiko.

El chico estuvo pensándolo un rato y al fin dijo:

─Si no tenemos el código, al menos obtendremos la caja ─dijo─ Vamos a ir a Londres por la caja fuerte antes de que ese tipo de nos adelante.

─En ese caso ─dijo Marissa sonriendo─ Pilotaré esto a máxima potencia, llegaremos a Londres en poco menos de una hora.

─De acuerdo ─dijeron todos.

El avión, ya sobre el aire, aceleró y se perdió de vista en el horizonte, sin embargo, lejos, muy lejos, un segundo avión del mismo modelo pero más pequeño volaba notoriamente más lento, pero constante.

Y era piloteado por Armand, el cual a pesar de todo, sonreía.