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El conejo rosa

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Salí por la puerta del estacionamiento, el lugar era oscuro, caliente y silencioso. Nunca me han gustado los estacionamientos de los centros comerciales, están solos y da la impresión de que en breve algo malo ocurrirá. Mis pasos se escucharon huecos. Levanté la vista del celular y me detuve en seguida, con una exhalación desesperada.

A lo lejos, en mitad del estacionamiento había un conejo rosado.

Era alguien con la botarga de un conejo y me miraba fijamente con su sucio hocico blanquecino del que sobresalían los dos dientes del frente. No supe si caminar o no. ¿Debía seguir mi camino? ¿Qué hacía esa cosa ahí? Abrí grandes los ojos cuando el conejo dio un paso hacia mí. Naturalmente yo retrocedí, volteando a la puerta para entrar de nuevo, empujándola con fuerza pero la maldita puerta no cedió. Debía estar atorada o algo. Me volví hacia el conejo, él caminaba tranquilamente hacia mí. Observé que en su mano traía un brilloso cuchillo, me pregunté si tendría el filo suficiente para degollarme.

Le di una patada a la puerta con desesperación y pedí auxilio a gritos, nadie me respondió. El conejo se acercaba con su cuchillo. Dejé la puerta en paz y tuve que correr hacia otra parte, en el preciso instante en que empecé mi huida, él también lo hizo, obligándome a correr como poseída.

A mi espalda el conejo rosa se reía estridentemente, como si el hecho de perseguirme le causara un gran placer y satisfacción.

Fui bajando los niveles del estacionamiento y esperaba encontrarme con alguien que me adyudara; algún auto, alguna persona, pero nadie me auxilió, el estacionamiento estaba lleno de autos pero desértico de personas, ¡¿por qué ?! ¡¿Por qué rayos no había nadie que me ayudara?! ¡Eso no era normal! ¡Debería haber gente! ¿Donde carajos estaban?

Todo parecía quieto, como si el tiempo no transcurriera. Mientras tanto mis piernas hormigueaban de tanto correr y veía por los vidrios de los carros que el conejo seguía tras de mí, queriendo atraparme con su risa demoniaca, ¡¿qué quería él de mí?!

Calculé que estaba llegando al último nivel, saldría a la luz de la ciudad, el sol me daría en la cara y alguien me ayudaría con éste psicópata de botarga rosa. Pediría ayuda al guardia y él le dispararía con su arma. Solo un poco más, un poco más.

Bajé otro nivel, y otro, y otro, y otro... y otro... ¡¿Cuando iba a llegar al final?! ¡Debería estar saliendo del estacionamiento pero esta mierda no tiene final! ¡Y esa cosa no se cansa de reírse de mí! ¡No deja de perseguirme! Quiero llorar desesperadamente al tiempo en que siento mis piernas cansadas, no voy a soportar por mucho tiempo. Lo único que puedo hacer es correr y seguir corriendo mientras escucho la risa diabólica de ese conejo trastornado, le causa euforia perseguirme con su lindo cuchillo.

Siento las lágrimas recorrer mi rostro, estoy llegando a mi límite, no sé cuanto tiempo llevo corriendo en este laberinto sin final, oscuro e interminable.

De pronto mi pie izquierdo no me respondió, como si me hubiera dado un calambre y caí de boca contra el asfalto caliente. El conejo lanzó un alarido de gozo y regocijo. Me apuré a ponerme de pie pero en eso sentí un gran peso caer sobre mí, ¡estaba sobre mi cuerpo! ¡Ese conejo rosa me apresaba las muñecas contra el suelo! Entonces... me alcanzó.

Mi destino me alcanzó.