EL RITUAL

Y ahí estábamos, solos en esa recamara, nuestras miradas se cruzaban esperando un primer ataque. Tome mi navaja y la deslice por tu vientre muy lentamente provocando un corte limpio y suave, te mire a la cara y note tu expresión de plenitud, así que me volví a tu piel y la mordí muy suavemente.

Tu piel sangraba muy despacio, no lo pensé dos veces y deslice mi lengua sobre ese líquido. Pase por tus labios y te bese intensamente, aunque guardando ese toque de pasión. Tú acariciabas mi cabello mientras yo me perdía en ese mar de intimidad en el cual navegaba sin rumbo alguno. Paramos un momento para contemplar nuestras miradas y fue donde me di cuenta que tus ojos eran como dos hermosas estrellas, como las que me vigilan cada noches a través de mi ventana, tus ojos, me hipnotizaban, y cuando volví a la realidad…

Tú mordías mis labios, lo cual hizo que cayera ante ti. Me dirigí a tu cuello y me atreví a morderlo, esta vez con el doble de pasión. Tomaste mi navaja y sin pensarlo heriste mi brazo, pero, nada de qué preocuparse, todo era parte de este hermoso ritual. Solo me incitaste a morder tus hombros mientras tocabas mi entrepierna y yo simplemente volaba a lo que muchos llaman "cielo".

Te tome de la cintura y violentamente te empuje hacia la cama, la cual estaba adornada con seductoras velas rojas que llenaban con una suave luz nuestra pasión. Tomaste una de esas velas y rociaste su cera en mi vientre, yo exorcizado por las fuerzas incomprendibles del ritual, solo cerré mis ojos y disfrutaba del delicioso dolor que me provocaba ese calor intenso.

Me tomaste por el cuello y te subiste a mí, te dirigiste hacia mis labios y seguiste besándome.

Esa noche, entre sabanas y sangre, entre pasión y dolor, nos dimos cuenta de que éramos felices, solo dos cuerpos que disfrutan de sus sentidos, que somos tan diferentes y al mismo tiempo tan semejantes.

Al día siguiente desperté un poco cansado por la noche llena de expresiones de amor, mire a tu lado de la cama y aun estabas dormida. Recordé aquella navaja que usamos en el ritual y me las ingenie para grabarle nuestras iniciales. A partir de ese día nuestro amor estaba plantado en aquella hoja, peligrosa pero a la vez indispensable para el ser humano.

Regrese a la cama y aun estabas dormida, mire a tus labios pero inconscientemente te volteaste, solo quedaba tu mejilla destapada e inocente, así que me acerque lentamente y te plante un beso tratando de no despertarte, después alejándome tome aquella navaja y diciendo aquellas palabras que solo salen de un corazón enamorado recite "te amo" y con mucha fuerza, clave aquella punta en tu vientre sobre las sábanas blancas que cubrían tu cuerpo.

Con lágrimas en mis ojos por tal barbaridad que acababa de cometer, bese nuevamente tu mejilla y después tus labios y aún recuerdo que una de mis lágrimas cayó sobre tu boca. Volví a tomar aquel instrumento de tortura y lo clave pase por mi garganta provocando un corte lleno de sangre que fluía hasta la cama y pintaba de un color hermoso aquellas sabanas blanca, recuerdo ver tu hermosa cara por última vez y nuestros cuerpos abrazados en esa cama como si conscientemente hubiera puesto mi brazo sobre ti.

Estábamos solos en esa recamara otra vez, la cual fue nuestro lugar de pasión y ahora nuestro solitario lecho de muerte. Ahí, donde quedo plantado nuestro amor.