Crítica 3: Voces de Chernóbil


26 de abril del año 1986, en Prípiat, Ucrania Soviética. Aquel día marcaría un antes y un después en la historia: Una negligencia que conduciría al peor desastre que la humanidad hubiese enfrentado. En los últimos años de la superpotencia roja, el terrible suceso nos llevaría a la concientización sobre las consecuencias de la insaciable sed de conocimiento y la reflexión sobre el egoísmo de las autoridades hacia sus ciudadanos. Ese instante trajo efectos catastróficos que por poco habría destruido la vida como la conocemos, y si bien pudo ser contenida, las secuelas aún permanecen hasta el día de hoy, amenazando con volver a expandirse.

Uno puede decir de todo, pero una cosa es opinar a lo lejos, de acuerdo a lo que informan los medios de comunicación y otra es vivirlo en carne propia. El haber estado ahí, el comprender la real trascendencia del evento a través de la experiencia misma, aquello puede servir más que cualquier artículo o libro o página de internet que trate de transmitirlo con indolente neutralidad.

Mi nombre es Magnolia Parks, sean bienvenidos.

—ΜΛΦΛΜ—

Estaba buscando un libro en específico en la tienda, cuando una portada me llamó la atención, no por una imagen en particular, sino por un nombre: Svetlana Alexiévich. No había escuchado ese nombre antes y por alguna razón, algo me decía que lo tomara y lo leyera. Lo miré un buen rato, pero había encontrado el texto que estaba buscando y mi presupuesto no era suficiente para llevar otro. Me resigné a dejarlo en su posición. Los días avanzaban y yo seguía teniendo en mente ese nombre. Investigué sobre ella, descubrí sus otras obras, supe de la forma en como los escribe y me dio aún más ganas de leerlo. Así que tomé un impulso, le pedí un adelanto a mi jefe y finalmente tomé el libro que nos convoca en esta ocasión.

«Voces de Chernóbil», que también incluye como subtítulo «Crónica del futuro», es una suerte de texto periodístico escrito por el Premio Nobel de Literatura, Svetlana Alexiévich, originaria de Bielorrusia, en el año 1997. Como el nombre sugiere, trata acerca de todo lo que implicó el desastre en la central nuclear de Chernóbil. Es una recolección de testimonios de la gente que vivió el evento in situ, unos con mayor grado de participación que otros: habitantes, militares, autoridades, científicos y liquidadores(*), entre otros. La manera en cómo es narrado se basa en los monólogos de los involucrados, los que llegan de la forma más fidedigna posible al libro. La autora no interviene en ninguna forma, no es una entrevista cualquiera con preguntas y respuestas, sino que cada monólogo se siente como una suerte de desahogo, los protagonistas están liberando esos sentimientos tan atroces que el desastre les provocó y los dejan fluir en cada una de sus confesiones.

Algo que debo recomendar es que antes de leer este libro, se investigue un poco sobre la catástrofe en sí y sobre la radiación, porque acá no encontrarán una información detallada, sino que el real foco está en los testimonios de los entrevistados por Svetlana.

Se dice que con las nuevas ediciones, se han sumado nuevos testimonios al respecto, pero no sé con exactitud si es así o no. Poseo la edición del 2015, la que incluye una historia de introducción más otros 42 relatos, divididos en 3 partes. Además, una nota histórica, una mención de la autora y un epílogo. Cada una finaliza con un relato de una multitud en particular (exceptuando la tercera parte): la primera está compuesta de las oraciones de los militares, la segunda, de los civiles y la tercera, de niños.

Tanto la historia principal que inicia la publicación, como la que termina la tercera parte (y, por tanto, el libro), se titulan «Una solitaria voz humana». Ambas, evidentemente, son relatadas por distintos protagonistas y sin embargo, como si se tratasen de una ficción, comparten una similitud espeluznante a mi juicio. Me atrevo a decir que esas 2 historias son de las más desgarradoras que he leído alguna vez, y más considerando que se tratan de testimonios reales. Eso no quita mérito a las otras confesiones presentadas en el transcurso de la lectura, que se presentan como pequeñas piezas que te ayudan a componer un enorme rompecabezas, uno que, de acuerdo a la sensación que tuve al terminarlo, permanece incompleto. Lo digo en el sentido que la historia de Chernóbil, al día de hoy, aún no acaba. Todavía está latente el peligro de la expansión radioactiva y la esperanza de millones de vidas descansa únicamente en un muro que no resistirá por siempre.

Como el libro solo da énfasis a las manifestaciones, no encontraran explicaciones de temas como la hora y el lugar en los que se desarrollaron, más allá de unas breves líneas en un par de historias. Son única y exclusivamente las palabras de los entrevistados. Es posible que no llame la atención a la gente que le gusten los textos detallistas, pero a quienes no les dé importancia el estilo narrativo, encontrarán un escrito muy cómodo de leer, es fácil distinguir las personalidades en cada historia y la imaginación puede hacer el resto.

Para resumir, «Voces de Chernóbil» es una lectura recomendable, sobre todo si buscan algo fresco, si quieren conocer un poco lo que fue la cultura soviética de la época (aunque sea algo superficial en ese aspecto) y principalmente si desean conocer en primera persona lo ocurrido en Chernóbil.

Y como siempre es importante una segunda opinión, mi jefe, el Lector-Z, dará su veredicto respecto a esta obra.

LZ: Sí. Es un libro bonito… y entretenido…

MP: (mirándolo un largo momento) ¿En serio, jefe? ¿Eso es todo lo que va a decir?

LZ: Eeeeeeeee…

MP: ¿Acaso leyó el libro, como se lo pedí?

LZ: Eeeeeeee… (Mirando su muñeca con nerviosismo, como si usara reloj) ¡Mira, se está acabando tu tiempo! ¡Deberías terminar!

MP: (con desdén) Ok.

Luego de esa decepcionante observación, solo me queda exhortarlos a darle una oportunidad a esta obra. Créame, valdrá la pena el tiempo invertido.

Les habló Magnolia Parks. Expandan la lectura, fomenten la cultura.


NOTAS

*Los liquidadores fueron personas encargadas de reducir los estragos de la central nuclear de Chernóbil y evitar futuras consecuencias. Los presentes fueron tanto militares, como civiles voluntarios, todos profesionales de diversas índoles.