Los tornillos se aflojan, se sueltan y corren sin control. A veces los encuentras y a veces solo se pierden, es en ese momento cuando ya nada vuelve a ser igual. Se me han perdido muchos tornillos y estoy a punto de perder otros, es muy vergonzoso, soy una tonta descuidada por perder tornillos que ya no podré reemplazar.

El primer tornillo lo perdí con mi vecina, la que adoraba rumorear chismes sobre mí. La pieza cayó cerca de los cuchillos de la cocina, rodó por su cuello y terminó enterrado en el patio trasero de la casa. Mi pobre tornillito de verdad lo voy a extrañar.

El segundo tornillo lo perdí con mi exnovio aunque de hecho jamás rompió conmigo, ese tornillo salió disparado directo a su cabeza se paseó por su cerebro escuchando sus últimos pensamientos de miedo antes de que junto a mi ex también terminara perdido en el patio trasero. Me da tanta lástima, mi pobre tornillo ya no lo podré recuperar

El tercer tornillo lo perdí con mi mejor amiga aunque dejo de serlo cuando la encontré besando a mi ex. Mi lindo tornillito se le atasco en la garganta hasta que no pudo respirar más. Supongo que ahora no lo recuperaré de su tráquea ni del patio trasero en donde ha desaparecido por siempre. Mi pobre tornillito ya no lo veré más

El cuarto y quinto tornillo son los que más temí haber perdido, está vez con mis padres, fue inevitable, justo después de una de esas conversaciones donde me recuerdan la gran decepción que soy para ellos. Se soltaron frenéticos mientras dormían, uno rebotó siete veces en el abdomen de mi madre y el otro persiguió a mi padre por el pasillo hasta que le atravesó la espalda poniéndolo de nuevo a dormir. Mis pobres tornillos como odie perderlos también en el patio trasero

Estoy cansada de perder uno a uno mis tornillos cada vez más se sueltan a montones perdiéndose junto a las personas que me rodean, esas que me juzgan y lastiman y que sacan lo peor de mí. Admito que me asusta la frecuencia con la que se zafan, me rehusó a continuar perdiéndolos, es por eso que los últimos que se soltaron decidí tragármelos, así estarían por siempre conmigo y así jamás los volvería a perder, mis pobres tornillos ya no se escaparan