Capítulo 1

La luz quemaba en sus ojos, oía su propia respiración sofocada por el agotamiento, las ramas golpeaban su rostro mientras corría hacia ningún lado, sus piernas no respondían como debían, ni el resto de su cuerpo, solo se impulsaba hacia adelante para alejarse de la amenaza. Cae al suelo rojizo e intenta arrastrarse y se oculta tras unos matorrales, regula su respiración cuando oye sus pasos, mira hacia un lado pero no ve nada, hasta que una figura oscura se hace presente, sus lágrimas corren sin cesar conociendo su destino, el cual deja de existir dejando solo el eco de un sollozo y luego el silencio.

...

Taylor Anderson corre por las calles intentando no dejar su vida en una esquina, ingresa en el local y nota que tiene una fila de diez personas por delante, cierra sus ojos imaginando el epitafio en su tumba, una de las meseras le hace una seña desde el mostrador y deja tres vasos de café sobre el, Taylor se acerca y toma los vasos dándole las gracias a la muchacha, ésta le guiño un ojo sonriéndole, tener ojos lindos y risos parecía estar de su lado para estas ocasiones.

Corre nuevamente hasta la oficina de policía, ni bien entra divisa a varias personas salir de la oficina de su jefe, pasa por detrás de unos escritorios hasta llegar a una habitación donde habían dos hombres que hablaban entre sí, sin prestarle atención alguna, él deja los vasos sobre una mesa extremadamente grande donde habían muchos papeles y computadoras portátiles. Los hombres siguen hablando y toman cada uno su vaso según su gusto, Taylor simplemente sale de la habitación y vuelve a respirar sentándose en un pequeño escritorio cargado de papeles.

Cuando ingreso en la academia de policía no imagino que sería el eterno novato, con veintidós años ya llevaba dos corriendo por café, corriendo por papeles, o corriendo hasta la casa de su jefe por una carpeta que probablemente ya tenía en su escritorio. Su padre no estaba de acuerdo con su vocación, ni con su orientación sexual, y mucho menos con vivir en la ciudad de Washington muy lejos de ellos. Y ese había sido el punto en todo, Taylor pidió el traslado a la ciudad más lejana posible de su familia, no por su madre Susan, ni por su hermano Trent, sino por su padre. James era implacable. Muy conservador y manipulador, tenía a su madre bajo su mando y a su hermano con la cuerda corta, aunque Coop no era como James, simplemente lo dejaba hacer y deshacer lo que quisiera en su vida con tal de no perder la comodidad de ser el hijo de un senador. A Taylor no le interesaba eso, él quería algo mas para su vida que un estatus social, el quería ayudar a la gente, quería brindar un servicio, quería literalmente cambiar el mundo.

-Anderson!- Grito el agente Chapman.

Taylor dio un salto en su asiento y salió rumbo a la oficina de su jefe.

Eduard Chapman era un hombre alto, de cabello blanco y tez pálida, tenía unos ojos de un color que Taylor nunca pudo descifrar, eran marrones casi rojos, esbelto, con una figura inconfundible que imponía respeto, tenía unos cincuenta años, dos divorcios y tres hijos, una carrera como sargento de policía impecable, y dos agentes quienes eran su mano derecha y su mano izquierda.

Collin Streep, tenia cuarenta años un hombre amable pero con carácter, de tez trigueña, cabello castaño, toda su familia era policía y la mitad murió en servicio, en cambio David Kingston era un hombre con mal carácter, severo y con aires de superioridad, tenía más de cuarenta años de tez blanca y cabello rubio, a Taylor nunca le gusto ese hombre, lo hacía sentir de la misma manera que lo hacia su padre, como si fuera la nada misma.

-Ve a los archivos y busca todo lo que encuentres sobre el caso Memphis, Cloe Memphis.- dijo el sargento Chapman.

-En seguida.- dijo Taylor saliendo de la oficina.

Y ahí estaba corriendo nuevamente. La oficina archivos estaba en el subsuelo, tenía que bajar dos pisos por escaleras, y probablemente debía revisar toneladas de carpetas hasta encontrar lo que buscaba.

-Ay niño. Supongo que estas buscando algo específico?.- pregunto Agatha, la secretaria de archivos.

-Sí. Cloe Memphis.- dijo decidido Taylor.

La secretaria busco en su computadora, y le dio a Taylor una hoja con los datos, él ingreso por una puerta y busco entre los estantes los códigos que tenía en el papel, probablemente estaría un rato largo buscando.

...

-Ese es un caso de hace diez años, es imposible que esté conectado a ésto.- le dijo Collin al sargento Chapman.

-Hace diez años desaparecieron seis muchachos, tres de ellos aparecieron muertos de la misma manera. A excepción de Cloe Memphis, ella apareció en el bosque.- dijo Chapman.

-Crees que es el mismo asesino?. Pasaron diez años.- dijo David.

-Desaparecieron tres muchachas y con el de anoche son dos muchachos. Cinco en total en lo que va del año, uno apareció muerto en su departamento, el mismo lugar de donde lo secuestraron. Por más que haya pasado diez años, puede ser el mismo asesino o un imitador. El caso de Cloe lo seguí personalmente porque conocía a sus padres y nunca encontramos al culpable. Esa niña tenía en su organismo una droga que no le permitió defenderse. Me juego la carrera que tiene que ver con ésto.- dijo Chapman.

-La primer muchacha fue secuestrada hace un mes, dudo que la tengan un mes encerrada.- recalco David.

-Anderson!.-Grito Chapman por la puerta. -Donde diablos esta ese muchacho!.-

-No entiendo porque está aquí. Durante dos años ha estado aguantando sin decir una palabra, que demonios espera para pedir el traslado.- dijo David. -Es el hijo de papá. Se cree mejor que nosotros.-

-No creo que sea así, no estaría limpiando baños si quisiera hacer valer su título.- dijo Collin.

Taylor toco la puerta e ingreso con varias carpetas en sus manos, las dejo sobre la mesa, bajando su mirada al ver el rostro de desagrado de su jefe. Cuando dejo la ultima carpeta, una foto cayó al suelo, era de una muchacha rubia, muy hermosa, de unos quince años, Taylor levanto la imagen y la observó, se quedo viéndola unos minutos frente a la mirada curiosa de los tres hombres presentes.

-Anderson. Se te perdió algo?.- pregunto irónicamente Chapman.

-No. Lo lamento.- dijo Taylor dejando la imagen sobre la mesa.

-La conocías?.- preguntó Collin.

-Sí. Creo que sí. Era amiga de mi hermano.- dijo Taylor.

-De tu hermano?.- pregunto David.

-Sí. Iban juntos a la preparatoria, antes que desapareciera.-

Los hombre se miraron entre sí, Taylor giró para salir de la oficina.

-Anderson? Busca tu chaqueta. Acabas de ser ascendido.- dijo Chapman.

...

Ingresaron en una casa bastante grande, había policías por doquier, a Taylor le llamo la atención la cantidad de obras de arte que habían en ese hogar.

-Una cosa que te debes grabar en el cerebro. No toques nada.- recalco David.

Taylor asintió con la cabeza varias veces. El sargento Chapman ingreso directamente a la sala, allí había un hombre y una mujer sentados en un sofá enorme, ambos con verdadera angustia en sus rostros, la mujer lloraba mientas el hombre la sostenía por los hombros. Estaban rodeados de policías, Chapman se acerco a ellos y se presento, comenzó a hablarles mientras David y Collin subían unas escaleras hacia la planta alta. Collin le hizo un gesto con la cabeza para que los siguiera a ambos, Taylor subió tras ellos, camino por el pasillo donde habían más policías, seguía llamándole la atención la cantidad de cuadros originales y la decoración evidentemente costosa. Entraron en una habitación en donde había una cama, varios muebles, un escritorio, una biblioteca repleta de libros, un pequeño sillón de un cuerpo, y más cuadros caros.

Los policías sacaban fotos, buscaban huellas, David y Collin revisaban las fotografías y los papeles que estaban sobre el escritorio, a él le llamo la atención una pequeña caja de fósforos que estaba en exhibición junto a otras cajas de fósforos. Esta era igual a la que usaba su abuelo, pequeña con un vaquero y un caballo dibujados, la tomo con los dedos y moviéndola despacio, notando que tenia aun su contenido.

-Anderson!- grito David. - no te dije que no toques nada. Eres idiota?!.-

-Lo...lo siento.- dijo Taylor dejando la pequeña caja en su lugar.

-Donde está la foto?.- pregunto Collin a un policía cercano, éste le alcanzo una bolsa transparente con una foto dentro.

-Ven.- llamo David a Taylor.

Collin le mostró la imagen. Era una foto sacada con una maquina instantánea, en ella estaba el rostro de un muchacho amordazado con los ojos cerrados.

Esa imagen perturbo a Taylor, sabía que habían sucedido varias desapariciones, chicos secuestrados de sus camas, y uno de ellos apareció sin vida. Él tuvo que organizar varias veces los archivos de cada caso, había leído cada hoja y estaba seguro que seguirían los secuestros, no tenían ningún indicio de quien podría ser el asesino.

-Siempre deja una foto, quiere dejarnos un mensaje.- dijo Collin.

-No es obvio el mensaje, secuestro al muchacho.- dijo Taylor.

-Es un reto. Quiere que lo encontremos por eso lo secuestra bajo nuestras narices.- dijo David.

-Junta las pruebas y todo lo que te de la policía.- le dijo Collin a Taylor.

Durante toda la mañana y parte de la tarde Taylor y los demás estuvieron analizando papeles, hablando con vecinos, estudiando situaciones. Casi al rozar la noche un llamado alarmó a todos en la estación de policías.

-Anderson. Ven con nosotros.- dijo Chapman.

Taylor no pregunto, pero sabía a lo que iba. Habían encontrado un cuerpo.

Era una zona muy alejada de la ciudad, un pequeño bosque se extendía por los alrededores, no era un lugar donde la gente suela ir a caminar o visitar. Un camionero que pasaba por la carretera pudo observar a un muchacho sentado junto a un árbol, al comienzo creyó que era una broma de despedida de soltero o algo similar, cuando bajo de su camión y se dio cuenta que no era así. Llamo a la policía inmediatamente, aunque para el muchacho ya era tarde.

Taylor bajo del auto junto a Collin, David y Chapman iban en otro vehículo, la policía cerco el lugar mientras el resto del equipo iba llegando.

-Donde está el forense?.- pregunto Chapman mientras caminaban unos metros dentro del bosque.

-En camino.- respondió un policía.

Taylor diviso al muchacho a medida que se acercaba, estaba a unos escasos metros de él, pero no pudo acercarse más. Giro su rostro intentando apartar la imagen de su visual, no sabía si era el mismo que fue secuestrado esa mañana, pero definitivamente esto era demasiado para él. Jamás había estado cerca de un cuerpo, no de esa manera, podía escuchar a sus superiores hablar con total normalidad, pero el necesitó apartarse y respirar.

-Tiene marcas, debieron asfixiarlo. Lo ató al árbol, y se fue.- dijo David.

-Porque atarlo si estaba muerto ya?.- pregunto Collin.

-Y el forense?!- grito Chapman.

-Aun no llega.- dijo un oficial.

-Donde esta?. En Cancún?.- Pregunto enojado Chapman. -Que rastreen toda la zona en un radio de un kilometro. Anderson!.-

Taylor cerró sus ojos y se acerco sin mirar el cuerpo.

-Ve con los policías y que no se te pase nada por alto.- dijo Chapman.

-Bien señor.- dijo Taylor agradeciendo por dentro.

-Llego el forense.- dijo David.

Su jefe y el resto se quedaron trabajando allí, mientras él supervisaba que la policía revisara el lugar. Tenía la sensación que no volvería a conciliar el sueño y la idea de volver a su escritorio le agradaba bastante.

Terminaron muy tarde. Ya era de noche, no se podía hacer nada más allí, así que volverían al día siguiente. Regresaron a la oficina y analizaron todas las pruebas. El muchacho había desaparecido una semana atrás, su jefe estaba furioso porque no había manera de encontrar al responsable, ni a las demás víctimas.

-Son más de uno. Debe tener un cómplice, no pudo secuestrar y matar a la misma vez.- dijo David sentado revisando papeles.

-Eso lo hace más difícil aún.- dijo Collin.

-Anderson, ve a tu casa, ya no hay mas por hacer aquí.- dijo Chapman.

Taylor se despidió, estaba muy agotado como el resto del equipo, era cerca de la medianoche y no habían parado en todo el día.

Se sentía horrible, salió directo al pequeño local que estaba cerca de su departamento. El único lugar donde él encontraba paz.

Hacía dos meses más o menos que concurría todas las noches después del trabajo, se sentó en la mesa de siempre y espero a poder verlo. Eso hacía, solo verlo y cruzar algunas palabras de vez en cuando. No importaba que tan mal estuviera su día esa sonrisa, esa mirada soñadora, esos ojos tan hermosos y la dulzura que lo caracterizaba hacían que todos sus problemas salieran por la puerta.

-Buenas noches. Lo mismo de siempre?.- pregunto el mesero con una sonrisa amable.

-Si.- dijo Taylor sonriendo nuevamente.

Y allí estaba. Ya nada más importaba.

Sabía que su nombre era Peter porque la otra mesera lo llamaba así y era increíblemente hermoso Taylor. No se había animado a hablarle, ni invitarlo a salir, ni siquiera sabia si era gay, pero esa sonrisa sincera y esa mirada que pudo ver en él, le dio esperanzas. Se sentía un tonto y hasta un acosador yendo todos los días, a la misma hora, solo para poder verlo unos minutos. Cuando su orden estaba sobre la mesa, Taylor le sonrió, Peter le devolvió la sonrisa y volvió a la cocina, Taylor lo siguió con la vista y pudo notar como éste se giro y volvió a sonreírle tímidamente.

Para Taylor su día había terminado de la mejor manera.