Las cámaras estaban encendidas y el culo del público sobre los asientos. El presentador conectó con El Círculo en directo y once caras aparecieron sonrientes en la pantalla.

Quien dice sonriente dice nerviosamente temerosos de perder la vida. No por nada, el programa se llamaba Campamento del Infierno.

—Después de la expulsión de Pinocho la semana pasada, la tensión en el ambiente de la casa ha crecido hasta niveles insospechados —comenzó a decir el presentador, mientras el foco de atención iba pasado de un participante a otro—. Sin el pequeño mentiroso, cuya nariz era cortada y utilizada para hacer leña constantemente, ahora tendrán que buscarse ellos mismos la madera. Y es que en el Noveno Círculo, donde el frío cala hasta los huesos, el fuego se vuelve muy necesario.

La imagen que se mostraba en la pantalla cambió para mostrar un resumen de la semana, aderezado con música angustiosa y el ruido chirriante de estridentes efectos de sonido cuando alguno de los concursantes hacía o decía algo fuera de tono.

Abrieron con la grabación de la cámara nocturna, donde se veía a Fray Alberigo recogiendo fruta, continuaron con una discusión en la que las dos furias se llamaban de todo y finalizaron con los últimos momentos de fama del ya expulsado Pinocho.

—¿Y no sería mejor que nos hicieran un juicio normal? Así podríamos ir al Purgatorio los que lo merecemos y no sólo el ganador. ¿Vas a matar a ese jabalí? Pero si la dirección del programa nos trae bocadillos por las noches. En ese lago hay crías de Leviatán, yo no iría a pescar allí con una herida abierta. ¿Os estáis enrollando? ¿Delante de las cámaras? Pensaba que erais hermanos y que os odiabais.

Cuando el público escuchó aquella vocecilla criticar todo lo que pasaba en El Círculo, Geppetto no pudo excusar la actitud de su hijo en el plató, pero cuando las mentiras que contaba por las noches comenzaron a parecer verdades, tuvo prácticamente que salir huyendo durante la pausa para la publicidad. Por supuesto, las imágenes del anciano corriendo por el laberinto de los estudios se añadió al resumen de la semana pasada pues había demasiada tensión en aquella escena como para preocuparse por la moralidad.

La guinda del pastel fue la grabación en la que Pinocho hacía crecer su nariz mientras miraba a cámara, desafiante.

—¡Me encanta el programa! ¡Los concursantes realmente vienen a la tele a buscar el amor! ¡No nos traen canoas cargadas de droga después de los directos! ¡Todos vamos a salir vivos de aquí!

La atención volvió a centrarse en el presentador.

—Tenemos información de nueva hora. Se ha visto a Pinocho en La fonda de los Espíritus consumiendo agua con misterio y bailando con chicas muy a lo loco. Debido a que hacer esto antes de seis meses es una violación de nuestro contrato y teniendo en cuenta lo sucedido, la dirección del programa ha decidido que la prueba de esta semana sea: dar caza a Pinocho. ¡El ganador elegirá al siguiente expulsado y su decisión será fulminante!

Los participantes se miraron unos a otros. ¿Era ésta su oportunidad de ganar el concurso o de meter aún más la pata delante del público?

El presentador sonrió y continúo hablando.

—Las chicas vendrán a contar su historia con Pinocho en el programa del viernes, por supuesto. Ahora, que comience la cacería.