Sólo amiga


Este one-shot en su momento lo escribí para una amiga que sufrió de esta situación y que confió en mí para desahogarse. Ahora, después de tres años de que ellas dejaran de ser amigas, y sin miedo a que pueda perjudicar algo, me atrevo a subirlo en honor al amor que mi amiga le tenía –y que creo que todavía quedan restos– a esa chica.


La miró.

Otra vez estaba concentrada en su celular, viendo quién sabe qué fotos de quién sabe quién. De alguien más.

Dejó de mirarla. Era doloroso. Tenerla a su lado, pero saber que no lo estaba. No de esa forma.

Suspiró. Emitiendo una media sonrisa que compensaría sus pensamientos con sus sentimientos. No había nada más qué hacer.

Las cosas no serían de otra manera, pues Monserrat no estaba interesada. Aquella mujer perdida en su celular sólo le pertenecía como amiga. Como mejor amiga.

Así que tenía que actuar normal, demostrando que no pasaba nada, para que no se notara algo. Para que Monserrat no la descubriera. Aunque dudaba que lo hiciera alguna vez, ya que su amistad era pura, limpia, sincera; y no se podría notar nada más.

Qué bien lo tenía oculto, que nadie más se enteró nunca. Y aunque pequeñas dudas venían de su familia, pocas realmente se aterrizaban. Eran dudas que flotaban por la mente de aquellos, pero que no ponían en peligro que fuera real.

Las cosas no cambiarían, nunca. Aquella chica que estaba entretenida y fija en su celular, no recibiría algún regaño, reclamo o queja de Flor, nunca. Aquella chica sólo era su amiga y no tenía la culpa, no merecía un mal trato.

Pero, entonces, ¿con quién podría desahogarse Flor? ¿Con quién se pondría a llorar por Monserrat? ¿A quién le diría que su sonrisa era hermosa y brillante? A nadie. No podía.

Y eso seguiría pensando siempre, que no podría nunca, que jamás sería. Porque de una mejor amiga nadie sospecha un enamoramiento, y Monserrat no pensaba nada de eso sobre Flor.

Entonces, Monserrat la volteó a ver, sintiendo la atención de Flor en ella.

Flor sostuvo la mirada en ella, mientras sonreía por dentro sin que nadie, jamás, se enterara que la amaba en secreto y en la oscuridad. Su pulso aceleró y espero a que Monserrat dijera algo, porque sabía que hablaría. La conocía demasiado bien.

–¿Qué piensas?

La atrapó. Al parecer, sus ojos delataban más de lo que su sonrisa ocultaba.

–En nada, ¿por qué?

Un nada siempre funcionaba y siempre dejaba duda. Eso no serviría pero mentir era la única salida fácil.

–Te ves ida, como perdida.

Y volvió a atinarle. Volvió a sentir que la quería más.

–Tonta, no estoy pensando en nada.

Hacerse la fuerte, eso debía. Monserrat no podía saber qué pensaba. Estaba prohibido que supiera, que alguien se enterara. Estaba prohibido que Flor sintiera eso.

Monserrat rió con honestidad, acercando su mano a su pierna. Dándole una muestra de cariño que necesitaba y, aunque no fuera de la forma en que ella quería, estaba bien. Era cariño, era puro.

Flor le devolvió una sonrisa, también limpia y honesta. Debía demostrarle con sus labios que aunque sus ojos dijeran todo lo que estaba sufriendo, su sonrisa explicaría por qué aún soportaba ese peso. Su sonrisa debía explicar la causa del dolor en su mirada.

Por una sonrisa, que de Monserrat era perfecta. Por una sonrisa, podía sentir y notar que aunque fueran mejores amigas, una de las dos, estaba enamorada. Y a Flor le tocaba ese rol. Ella era la enamorada. Enamorada de su mejor amiga.


Escrito el 17 de Marzo de 2016. Subido el 2 de Enero de 2018.

Sólo amiga por Karina Cordova.