Una fría hoja de metal atravesando la espalda o un cálido suspiro en el oído; con forma de una bestia de la cual se huye o de una brillante luz con sonido melifluo que nos atrae cual moscas. Tan misterioso como inevitable, tan inesperado.

A veces se esconde, pero aun en las sombras lastima o nos conforta. Culpable de lágrimas y sonrisas. Tan paradójico como el hielo. Así es el recuerdo.