Todas las noches, al salir del trabajo, paso por una primaria. Detrás de la puerta siempre hay un guardia que me sigue con la mirada. Yo hago caso omiso, generalmente llevo prisa.

Hace unos días, el dos de noviembre para ser exactos, mi trabajo me llevó a dicha escuela y vi la foto del guardia en el tradicional altar; a su lado, un escrito en donde elogiaban su tiempo de servicio y lo recordaban a dos años de su muerte. Por supuesto me quedé frío.

Hoy sigo pasando por la misma primaria y aún me sigue con la mirada, pero ya no lo ignoro, lo saludo. Él solo hace su trabajo.