En un pequeño pueblo cerca de Boston, había un pobre niño que siempre soñó con ser un héroe. Ese niño podía pasarse horas fantaseando con algún extraño accidente que le otorgaría asombrosos poderes, ya sea una araña radioactiva o un experimento del gobierno que lo convertirían en el siguiente Capitán América. Pero, al final, siempre tenía que volver a su triste y miserable realidad. Ese niño se llamaba Richard, el nombre se lo puso su madre poco antes de morir. Su padre amargado por la muerte de su esposa, y culpando a Richard de su desdicha, se fue a la ciudad e hizo una nueva vida con otra familia. Mientras que Richard fue abandonado con su loca tía abuela "Maggie".

Ella tenía una pequeña choza de dos cuartos, uno era la cocina y el otro su recamara. Richard tenía que conformarse con dormir en el piso de la cocina. Cada sábado Richard se colaba en un camión que lo llevara a Boston. Ahí, corría a la biblioteca más cercana y se pasaba el día leyendo. Maggie nunca llegaba a enterarse, ya que ese día iba al cementerio del pueblo, a orar por los muertes y a ponerle flores. Esta extraña tradición la heredó Maggie de su madre, quien era mexicana. Como en Estados Unidos no festejan el día de muertos, la madre de Maggie lo recompensaba dando un sábado de su semana a los fallecidos. No fue hasta que Maggie envejeció que empezó a adoptar las costumbres de su madre.

Richard le daba miedo y asco el cementerio, como a cualquier niño de 8 años y por eso aprovechaba a vivir una gran aventura. La primera vez que se escapó le dio mucho miedo, él quería encontrar a su padre y rogarle que lo aceptara en su casa. Pero Boston es una ciudad inmensa y Richard rápidamente se perdió. Afortunadamente, una bibliotecaria lo encontró en un callejón cerca de su casa, lo calmó, le dio de comer y lo llevó con ella a la biblioteca. Se presentó como la Miss Sandy, y al enterarse que Richard jamás había ido a la escuela, se propuso enseñarle a leer y escribir. De eso ya 4 años, poco después que sus clases se hubieran terminado, Miss Sandy falleció repentinamente por una falla cardiaca. Richard jamás se enteró de su muerte, cuando Miss Sandy no llegó a verlo el siguiente sábado, Richard no pudo evitar deprimirse porque alguien más había decidido abandonarlo. Enojado, se prometió a sus siete años de edad que jamás volvería a poner pie en Boston, pero antes de poder irse se encontró con su primer libro. Bueno, en realidad era un cómic, acerca del mejor superhéroe de todos: Batman. Instantáneamente Richard se enamoró de la historia, su alegría sólo aumento al darse cuenta que compartía el nombre con Robin, el hijo adoptado de Batman. Desde ahí Richard olvidó su promesa y siguió yendo a la biblioteca por otro año más, no sólo a leer comics sino también libros de fantasía, aventura y acción. Pero un sábado, el tiempo se le fue volando y Richard perdió su autobús. Temeroso de que su estricta tía Maggie se enterara de que se había escapado, Richard decidió irse a pie los 20 km que normalmente recorría en 30 minutos arriba del camión. La carretera estaba oscura y abandonada, hace poco Richard había leído en un periódico que en las carreteras era el lugar donde ocurrían más asesinatos. Por lo cual, después de un par de kilómetros decidió tomar un atajo por el bosque. Pensando erróneamente que estaría a salvo ahí.

En ese bosque en específico vivía un ser oscuro que los humanos siempre hemos temido y admirado por igual. De su especie ya había pocos, aunque ellos habían ganado la guerra contra sus peores enemigos, no se sintió a victoria, ya que las batallas fueron una masacre que le permitió a los humanos alzarse y tomar el poder. Pero eso fue hace milenios, en lo que conocemos como la edad oscura, y es una historia para otro momento.

Richard estaba caminando sólo por la inmensa oscuridad del bosque, que Maggie bautizó como el bosque de los 100 años, ya que Maggie va a cumplir 90 años y ese bosque sigue igual a como era antes de que Maggie naciera. Esa noche hacía mucho viento, las ramas de los altos árboles chocaban unas con otras, tapando la luz de la luna. Richard avanzaba como podía tropezándose cada par de pasos con las raíces. Aunque Richard se repetía en voz baja que tenía que ser valiente como un superhéroe, no podía evitar saltar ante cada ruido del bosque. Temeroso, volteaba de un lado al otro y podría jurar que había un par de ojos rojos observándolo.

De repente un silencio absorbió todo el bosque, por alguna razón eso asustó más a Richard que el ruido. Sintiéndose más sólo que nunca, Richard empezó a correr sin ninguna dirección en específico, su único objetivo era salir del endemoniado bosque. En su visión periférica alcanzó ver movimiento a su lado, distraído voltea la cabeza y al hacerlo se golpea de lleno con un gran árbol que aparece de pronto enfrente de él. Cayéndose hacia atrás, Richard se soba la sien, sintiendo cómo la sangre le resbala por la cara. Entonces, aparece una bestia oscura y gigantesca, con los mismos ojos rojos que Richard había visto. Era un gigante perro negro. El susto pronto paso a ser pánico, Richard sabía muy bien qué era este monstruo.

Deseoso de alejarse, Richard se levantó de un brinco, poniendo una mueca al sentirse mareado por el rápido movimiento. Molesto, Richard parpadeó varias veces para dejar de ver borroso. Pero antes de que Richard pudiera recuperar la compostura, aparece un segundo perro gigante de color blanco. Los monstruos se observan por unos instantes, luego se lanzan en una feroz batalla. Richard aprovecha para darles la espalda a las bestias y huir de allí. Un fuerte dolor de cabeza lo golpea de repente y, sin poder evitarlo, Richard se desmayó.

El ruido del latido de su corazón es lo que despierta a Richard. Con cuidado levanta su brazo, luego lo deja en el aire, al ver, confundido, que está conectado a un suero intravenoso. Después de unos instantes lo vuelve a intentar. Desconcertado mira a su alrededor, nunca ha estado en un hospital pero Richard es capaz de reconocerlo. Asustado se incorpora y ve su reflejo en el espejo. Richard grita, porque lo que ve en el espejo no puede ser su reflejo, ya que en él se ve 5 años mayor. Lo cual es imposible, pues lo último que Richard recuerda es el cadejo.