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1. Viñeta compuesta para la iniciativa «Dos semanas de locura» traída por el GE, siendo el último día, (día 15): El objeto a tu derecha + tu estado de animo.

2. Los personajes y la historia son de mi completa autoría.

3. Por lo extenso de la historia he optado por presentarla como un conjunto de viñetas. Está narrado en primera persona por ser algo así como una autobiografía de un día de bloqueos.

5. Si ven esta historia fuera de mi Facebook, la cuenta del grupo y mi cuenta de FP, por favor avísenme. Juntos digámosle NO al Plagio.


De melancolías y bloqueos:

Por unos cuantos días no supe más nada de Elpis, por lo que decidí volver a mis excursiones nocturnas. En una de aquellas caminatas me llegué al bar de Ariel pero, antes de que pudiese empujar la puerta para entrar, alguien tomó mi brazo y me arrastró para una esquina.

—¿Pero qué… —Intenté articular siendo interrumpida por mi interceptor.

—Perdón, es que quiero que vengas a mi taller —manifestó Elpis descubriéndose por debajo de la capucha de su campera deportiva—: Tengo algo que mostrarte.

—Ah, sos vos —Solté más aliviada—: Okey, movámonos que hace demasiado frío como para estar paradas acá.

A paso constante llegamos a su taller y nos refugiamos del inclemente frío. A continuación Elpis encendió las luces y pude ver en el centro un cuadro compuesto por cuatro paneles.

—¡Wow! —Escapó de mis labios—; es impresionante lo que has logrado.

—Y espera a que explique el concepto —expresó entusiasmada.

—Me imagino el significado —enuncié sentándome en una butaca—: Pero me encantaría escucharlo de vos.

Con suave voz comenzó a relatar que el primer panel representaba la primavera, la cumbre de la vida. En él se veían niños jugando alrededor de un árbol, un hermoso naranjo.

A aquel le continuaba el panel del verano mostrando el mismo árbol en todo su esplendor, (con un color intenso en sus hojas y frutos bañados con la luces del sol), a cuya sombra se veía parejas jóvenes tomadas de la mano.

Luego seguía el panel del otoño, (los colores ocres de una entrada a la adultez), donde el árbol comenzaba a perder sus hojas y sólo una pareja se encontraba en una banca tomando café.

En el último panel del cuadro el invierno mostraba al naranjo desnudo y un hombre entrado en años que contemplaba una inscripción en el tronco. Aquella no era otra que unas iniciales pequeñas dentro de un corazón.

Además, (no muy lejos del árbol), podía verse que una naranja comenzaba a ser absorbida por la tierra guardando la esperanza de ofrecer otro naranjo algún día.

Elpis había cuidado hasta el último detalle en su cuadro, dejando que las raíces de aquel viejo árbol guardaran palabras en tinta china con alguna escena que las simbolizaba. Palabras tales como esperanza, voluntad, confianza, paciencia, fidelidad, constancia. En fin todo aquello que perdura aun cuando algunas luces se han apagado.

Con aquella explicación tan fascinante como el cuadro mismo, comprendí que ella había investigado no sólo el detalle de los árboles sino también la historia de su cliente. Y en efecto el aniversario era simplemente una excusa para que el señor rindiera homenaje a su esposa a la que había perdido hacía un tiempo. Él buscaba despedirse con un «hasta luego» y recordar aquellos momentos que sentía eternos por haberlos vivido junto a ella.

—Viene a retirarlo con su hija mañana —Me sacó de mis pensamientos Elpis.

—Sin duda se sentirá muy satisfecho y feliz al verlo.

—Eso espero —Me miró con una sonrisa y agregó—: ¿Te gustaría un café para festejar nuestro desbloqueo?

—Mejor una copa —repuse levantándome de la butaca y añadí—; con una rica cena casera para tener un hermoso recuerdo.

Sonrió ante esa idea y me indicó el camino a su cocina. Antes de salir, del taller, miré el cuadro otra vez y reí al ver que los naranjos nos unían a Elpis y a mí. Los naranjos y los bloqueos con cierta dosis de melancolía que me habían impulsado a salir de casa.

—También andaba melancólica —comentó Elpis como adivinando mis pensamientos.

—Lo sé —Me gire a verla—; se te notaba en tus ojos a pesar de tu sonrisa.

Me besó en la mejilla y tomó una de mis manos con suavidad pero buen agarre.

—Gracias.

Sosteniéndole la mirada, asentí en silencio. Apreté más su mano y susurré en su oído.

—Merci aussi*…


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1. Merci aussi: Gracias también en francés.