Aquí les traigo mi nuevo cuento. Espero que les guste. ¡No olviden dejar review si les gustó! c:


El flash de las cámaras la cegó por un par de segundos, mientras intentaba recomponerse y seguir avanzando. Esquivó a un par de reporteros que gritaban de modo ininteligible.

¿Qué había sucedido? Lo último que supo fue que había tenido una larga conversación con su editor respecto a la publicación de su próximo libro. Habían divagado en otros temas y llegado al inminente divorcio por el que él pasaba. Susana lo tomó de la mano mientras él le contaba con voz ronca cómo le había dado dos días para que ella salga de su casa. Cuando le preguntó dónde se estaba quedando, Bruno ladeó su cabeza hacia el pequeño sofá en su oficina. Susana soltó la idea de que él se quede en su casa, pero su amigo y editor declinó su oferta aludiendo que no era la mejor compañía en esos momentos.

¿Las preguntas eran por el divorcio de Bruno? No podía ser. Era un buen editor, pero no una figura mediática como para que estén atentos a quién sale y entra del edificio de una editorial.

—Por favor, déjenme ir a mi carro —pidió, navegando entre el grupo de al menos veinte personas que la rodeaban con más flashes y preguntas. Quiso entender qué le preguntaban, pero debido a los gritos no lograba entender. Sabía que le estaban pidiendo una opinión de algo, pero no sabía de qué.

Por un momento, temió que la ahora ex esposa de Bruno haya soltado alguna mentira sobre ella y su editor. ¡Nunca había tenido a tantos periodistas siguiéndola! Era una escritora conocida, sí, y había sido fotografiada muchas veces pero nunca de esta forma, nunca sorprendiéndola en medio de la calle.

Se acercó a su carro y comenzó a buscar las llaves dentro de su bolso, lamentando el hecho de no haberlo hecho antes.

—¡…Emilio!

Susana detuvo sus movimientos y levantó la mirada. Entre el mar de gritos, podía jurar que escuchó un nombre conocido. Aun así, era muy confuso por qué le preguntaban sobre él.

—¿Qué? —preguntó aturdida. Los reporteros comenzaron a gritar de nuevo—. ¡Uno a la vez! ¿Qué pasó?

—Estuviste casada con Emilio. Lo buscamos, hace años en "Buenos días, Katy" dijiste que ustedes estuvieron casados —habló una muchacha, usando un micrófono—. Emilio Bustamante, el baterista de "Herederos"

Susana recordó a un muchacho de cabellos azabaches enmarañados y sonrisa amplia. Inmediatamente, la imagen de él cargándola en su hombro mientras salían de la Municipalidad apareció en su mente. Eran los recién casados más felices que ella había visto, a pesar que ella acababa de cumplir dieciocho y él veintitrés. Emilio y Susana juraban que iban a estar juntos por siempre: él llegaría lejos con su banda y ella sería una gran escritora.

Aunque no pronosticaron lo que siguió, parte de sus sueños se volvieron realidad. Herederos tenía mucho reconocimiento a nivel nacional y ella estaba a punto de publicar su tercer libro. La falta de experiencia de ambos, los constantes viajes de Emilio a distintas provincias y un incidente en el cual ella rompió las baquetas de él en medio de una discusión desgastaron la relación al punto que ambos decidieron ponerle fin para poder centrarse en sus proyectos personales.

—Sé quién es. Y sí, estuvimos casados hace… no sé, ¿nueve, diez años? —respondió, alzando los hombros. La mayoría de reporteros soltaron sonidos de sorpresa—. Pensé que ya lo sabían. ¿Por qué es noticia?

Susana alzó una ceja, intrigada. Cruzó los brazos encima de su pecho, esperando una respuesta.

—¿Emilio te ha llamado? —esta vez, Susana rió un poco.

—¿Qué tiene que ver…? No, Emilio no me ha llamado últimamente. No tengo mucha comunicación con él —volvió la mirada hacia el resto de reporteros—. ¿Alguien me puede decir qué pasa? ¿Sólo vinieron a preguntarme de Emilio? ¡Ya les había contado hace años!

—¿No has oído las noticias? —preguntó la primera reportera, a la que le oyó nombrar a su ex por primera vez—. Emilio ha sido acusado de violación por su novia.

Susana se llevó una mano a la boca e inmediatamente el incesante flash de las cámaras comenzó de nuevo. Perdió el equilibrio y chocó su espalda contra su auto, que seguía estacionado detrás suyo.

—¿Emilio era así cuando lo conociste?

—¿Crees que lo haya hecho?

—¿Alguna vez intentó violarte?

—Susana, ¿Emilio era agresivo contigo?

—¿Sabes si lastimó a otra chica?

—Susana, ¿Emilio te contó qué pasó?

—¿Es inocente?

El sonido de la alarma del auto activada por el golpe se mezclaba con las preguntas dadas a gritos por los reporteros. Susana sintió sus piernas temblar más ante cada pregunta que le hacían. Le estaban mintiendo. Estaba segura que todo era una confusión, una broma de pésimo gusto que habían decidirlo hacerle, para luego pasarlo por televisión y reírse a sus expensas. Sin embargo, las preguntas no paraban, haciéndole sentir cómo un ácido le quemaba la boca del estómago y seguía su camino por su esófago.

Rápidamente buscó en su bolso las llaves del auto y desactivó la alarma. Inhaló profundamente, recuperando algo de serenidad para luego dirigirse a los reporteros

—No he hablado con Emilio. No sabía nada de esta denuncia —sentenció, sacando las llaves del auto de su bolso y abriendo la puerta de su carro. Entró a su vehículo, ignorando las preguntas que seguían haciéndole.

Un muchacho dio unos pequeños golpes a la luna de su carro, haciéndola sobresaltarse.

—¿Crees que lo hizo?

En ese momento, Susana arrancó el carro y se alejó lo más rápido posible.